SÁBADOS Y ALUMBRAMIENTOS II

Esta entrada es anterior al nacimiento de nuestra hija Manuela. No había tenido tiempo de publicarla antes, pero lo hago ahora como prrludio de la experiencia reciente. A ver si los fierecillas me dejan un rato para sentarme!

Como lo prometido es deuda, y mientras puedo saldarla, voy a finalizar la historia del día en que el Leñador conoció el mundo por primera vez.

Me quedé por el momento de entrar al paritorio.

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Creo que fue éste en el que las matronas se dieron cuenta de que se habían pasado con el chute de epidural, porque no pude ayudar NADA EN ABSOLUTO a trasladarme a la camilla. Ni siquiera apoyar la pierna sobre la cama con fuerza para facilitarles a ellas el trabajo. La misma historia sucedió de la camilla al potro.

Y, como digo, empezaba la hora más dura del parto para mí. No tenía dolor. Nada de dolor en absoluto. Estaba completamente dormida de cintura para abajo; sin embargo me sentía extenuada, mareada, y no dejaba de vomitar jugos gástricos (que es lo único que a esas alturas permanecía en mi estómago).

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La matrona que me atendió durante el expulsivo (que era distinta a la que había estado junto a mi durante el tiempo de dilatación) era otro ángel del cielo y me decía cuando tenía que empujar.. Y yo, sin sensibilidad alguna, trataba de ejecutar lo que recordaba que se hace para empujar. Mi cerebro se empeñaba en dar a mis músculos las órdenes de tensionar y apretar, pero no podía comprobar que lo hacía; no podía sentir que contribuía en modo alguno a que saliera.

Al parecer algo conseguía porque la matrona, cual coach de primera, me insistía en que lo hacía muy bien y en que tenía que empujar un poco más… Pero el tiempo pasaba y Raúl no termina de aparecer. Había pasado casi una hora (yo seguí vomitando sin parar… Muy cansada) y empecé a percibir cierta inquietud en la matrona. Sentí miedo. No quería que hubiera forceps, ni ventosa, ni mucho menos quería imaginarme una césarea de urgencia y ya sólo pensaba en que Raúl estuviera bien… Fue bastante agónico.

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Al final el ginecólogo apareció por allí y observó mi último pujo. Como un león se subió sobre mí y me hizo la polémica maniobra de Kristeller: Aplicando una fuerza que me hizo gritar, apretó su brazo contra mi bajo vientre y deslizó como una pala hacia abajo.

Mucho había oído hablar sobre lo peligroso de esta maniobra y sentí miedo, aunque, hoy por hoy creo que si no lo hubiera hecho, tal vez hubiese sido necesario emplear otro instrumental…

Y no se si fue la adrenalina o qué otra bendita hormona de las que fueron muy oportunamente colocadas en nuestro organismo, pero cuando Raúl salió; cuando lo ví, cuando lo colocaron sobre mi pecho, NO TENÍA NADA…. Ni miedo, ni angustia, ni mareo, ni cansancio, ni obcecación… Fue como si yo misma hubiera vuelto a nacer. Me sentía bien. Estaba bien. Estaba feliz.

Por eso guardo un buen recuerdo del parto; porque sea como fuere, al final Raúl salió, y salió bien, y pude tenerlo durante dos horas pegado a mi pecho tras dar a luz… y esa sensación de calor húmedo junto a mí no desparece de mi piel jamás. Está incrustada.

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No obstante todo ello, esa misma experiencia es la que me ha hecho albergar el deseo de prescindir de la epidural en este parto. Pero esto es otra hitoria.

En los últimos días, la decisión acerca de si quería o no epidural, me ha venido costando demasiado estrés y ansiedad.

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La verdad es que, aunque admiro profundamente a las mujeres que encuentran algo místico en el dolor del parto y deciden, en consecuencia, dar a luz sin epidural (como un trance único y decisivo para el vagaje emocional de la mujer), el pragmatismo heredado de mi madre, me excluye de ese grupo. Pienso que si hay una opción segura de evitar un dolor tormentoso, entonces eso es una cosa buena. Sin embargo hay dos razones que me llevan a desear parir de forma natural (como dicen).

Por un lado, quiero sentir como puedo empujar; quiero empujar. Es muy agónica la sensación cuando la matrona insiste en que empujes y no tienes un carajo de idea de cómo hacerlo, o de si lo estás haciendo… Te sientes completamente inútil. Es como si no pudieras contribuir en nada al alumbramiento de tu hijo. Únicamente estás ahí, lo intentas, pero por más que lo haces, tu cuerpo no responde.

Creo que la sensación de ver cómo tu cuerpo hace su trabajo debe ser satisfactoria.

Y luego está el miedo, a que si se mantiene esa imposibilidad haya que instrumentalizar…

Por otro lado, tuve un postparto más bien malo y, tengo oído que sin epidural la recuperación es mucho más rápida.

Así las cosas, en mi interior se debaten estas razones con las que me aconsejan evitar el dolor si es difícilmente soportable.

Como quiera que no me apetece librar más este debate emocional, mi decisión última ha sido dejar que los acontecimientos se sucedan según su ritmo normal y tomar la decisión en el momento, atendiendo a las circunstancias… Quién sabe? Quizás soy de ese selecto grupo que da a luz en dos empujones… O quizás las cosas se complican, y no me queda elección.

PD- Las fotos siguen siendo del Sábado pasado

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LA CANASTILLA DEL BEBÉ

Buenas tardes a todos/as:

Sigo embarazada. Noticia nefasta para mi ansiedad, y de regocijo para mi lista de “to does”.

Hace un par de semanas que, ante el marcaje de mi Señora madre, tengo preparada la bolsa del hospital con las cositas de Manuela.

Supongo que todo el que tenga la suerte de tener a su madre cerca, tiene la bolsa del hospital preparada con suficiente antelación… Si alguna de Ustedes peca de despistaílla, le cedo a mi madre unos días. Le garantizo que tendrá la colada hecha y las ropitas del bebé planchadas, antes de llegar a la semana 37.

He pensado que quizás a alguien pueda serle de utilidad ver lo que yo (con la inestimable e insistente ayuda de mi madre mutada en grillo pepito), he preparado para llevar al hospital.. Y si no es el caso… Si no les resulta útil en modo alguno, al menos pongo fotitos de la ropa pequeñita de Manuela, que es una auténtica monada..

1.- Evidentemente, la bolsa: Ésta es la misma que utilicé con Raúl. Es de Tuc Tuc y la compré en una tienda de Caravaca.

La verdad es que fue una  buena compra porque nos ha dado mucho juego para viajar mientras Raúl era más pequeño. Tiene muchos compartimentos diferentes para organizar las cosas del bebé  y, además, es de un tejido que se lava con mucha facilidad:

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2.- Pañales, toallitas y cremita del culete:

En algunos hospitales facilitan los pañales.

Las toallitas y la crema son las que finalmente he terminado utilizando para Raúl porque me han convencido más.

La cremita de Welda, de caléndula, me la regaló por primera vez mi socia y amiga Julia cuando nació Raúl. Simplemente me encantó. Cómo huele, su textura y, especialmente su eficacia. A Raúl apenas se le ha irritado la piel del culete usando esta crema y si alguna vez hemos usado otra que le ha provocado irritación, al volver a utilizar ésta, se ha calmado muy rápidamente. La venden en el Corte Inglés y en algunas farmacias o parafarmacias. Por supuesto en internet, siempre.

Las toallitas, junto a las de Suavinex, son mis favoritas también.

 3.- Bodies:

De bodies no he comprado ni uno!! Son todos de Raúl. Tengo muchísimos.

Todas las mamás sabrán que recién nacidos los niños hacen muchísima caca.. Raúl hacía prácticamente con cada toma y, por el tipo de caca que es, (líquida) casi siempre terminaba saliéndose del pañal y ensuciando toda la ropita. Como en casa no teníamos secadora y era pleno invierno, tuvimos que armarnos con un arsenal muy importante de esta prenda si no queríamos dejar al peque desnudo mientras se secaban las coladas.

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Éstos son todos de H&M. La verdad es que son mis favoritos. De algodón orgánico y con apertura lateral. Son muy cómodos y bonitos.

4.- Gorros y Manoplas:

Tenía un conjunto de gorro y manoplas muy bonito que la Tita Elena regaló a Raúl para cuando nació y que iba acompañado de un pijamita precioso. Todo de Tous.

Hace unos días mi hermana me regaló otro conjuntito en color rosa. Me los llevo los dos, así estrena modelito cada día.

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5.- Pijamas: 

Llevo cuatro pijamas.

Concédanme un segundo antes de llamarme exagerada.

Llevo dos pijamas de la talla 0 y dos de la talla 1. Con Raúl me llevé la mayoría de la talla 0 y no pude ponerle ninguno. Le quedaban muy pequeños y tuvimos que salir corriendo en búsqueda de pijamas más grandes. Así que esta vez, prevengo.

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El de rayas grises es uno de los que se quedó sin estrenar con Raúl.

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6.- Ropita:

Llevo también dos conjuntos para la salida del hospital. Uno un poco más pequeño y otro más grande.

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7.- Una mantita:

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8.- El chupete:

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Con Raúl seguí los consejos de la matrona que aconsejaba no utilizarlo hasta los 15 días de nacimiento del bebé para que no pudiera confundirle y entorpecer la lactancia. Al final Raúl no cogió el chupete hasta pasados muchos meses…

En esta ocasión tampoco quiero introducirle el chupete de forma rápida. Para favorecer la lactancia (experiencia que para mí ha sido altamente gratificante, como contaba aquí) prefiero ponerlo al pecho cada vez que necesite mamar (por la razón que sea..) y, ya, más adelante, intentaré introducirlo porque, ciertamente, con Raúl nos ha venido muy bien. No obstante, es uno de esos “por si acasos”.

8.- El regalo de la tata:

El regalo de la tata madrina es el llamado BRINGING HOME BABY BUNDLE de FRESHLY PICKED (marca americana de mocasines y zapatos).

Desde que lo descubrí en el blog de una chica que suelo leer y que, al parecer, había colaborado en su diseño, me dejó prendada. Es una preciosidad. Se trata de una canastilla que se compone de una bata para mamá; una gasa o sabanita fina para el bebé o lo que los angloparlantes llaman Swaddle y utilizan para liar a los recién nacidos de esa forma que parecen larvas (técnica que, por cierto, creo que funciona para darle bienestar y seguridad al bebé y evitar el llanto); un gorrito para el bebé, unos calcetines para mamá y unos mocasines que son realmente adorables.

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El mío es en color Blossom (cerezo), pero los hay también en gris y azul. Lo hubo también en amarillo, pero me temo que fue una edición especial y a fecha de hoy, está agotada.

No llevo nada de aseo como geles, champús y colonias.

El baño se lo hacen en el hospital con su propio utillaje y en cuanto a la colonia, tengo que reconocer que no soy muy partidaria de las colonias en los recién nacidos.

Tienen un olor fascinante; genuino y único y me parece una locura enmascararlo debajo de una colonia! Es como mezclar un buen Ribera con coca-cola, o no?

Por lo que a mi respecta, procuro no olvidarme de: Una bata, unas zapatillas de casa, la bolsa de aseo, una ropa para la salida del hospital; compresas maternales y discos de lactancia!

 

Creo que eso es todo…