LA CANASTILLA DEL BEBÉ

Buenas tardes a todos/as:

Sigo embarazada. Noticia nefasta para mi ansiedad, y de regocijo para mi lista de “to does”.

Hace un par de semanas que, ante el marcaje de mi Señora madre, tengo preparada la bolsa del hospital con las cositas de Manuela.

Supongo que todo el que tenga la suerte de tener a su madre cerca, tiene la bolsa del hospital preparada con suficiente antelación… Si alguna de Ustedes peca de despistaílla, le cedo a mi madre unos días. Le garantizo que tendrá la colada hecha y las ropitas del bebé planchadas, antes de llegar a la semana 37.

He pensado que quizás a alguien pueda serle de utilidad ver lo que yo (con la inestimable e insistente ayuda de mi madre mutada en grillo pepito), he preparado para llevar al hospital.. Y si no es el caso… Si no les resulta útil en modo alguno, al menos pongo fotitos de la ropa pequeñita de Manuela, que es una auténtica monada..

1.- Evidentemente, la bolsa: Ésta es la misma que utilicé con Raúl. Es de Tuc Tuc y la compré en una tienda de Caravaca.

La verdad es que fue una  buena compra porque nos ha dado mucho juego para viajar mientras Raúl era más pequeño. Tiene muchos compartimentos diferentes para organizar las cosas del bebé  y, además, es de un tejido que se lava con mucha facilidad:

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2.- Pañales, toallitas y cremita del culete:

En algunos hospitales facilitan los pañales.

Las toallitas y la crema son las que finalmente he terminado utilizando para Raúl porque me han convencido más.

La cremita de Welda, de caléndula, me la regaló por primera vez mi socia y amiga Julia cuando nació Raúl. Simplemente me encantó. Cómo huele, su textura y, especialmente su eficacia. A Raúl apenas se le ha irritado la piel del culete usando esta crema y si alguna vez hemos usado otra que le ha provocado irritación, al volver a utilizar ésta, se ha calmado muy rápidamente. La venden en el Corte Inglés y en algunas farmacias o parafarmacias. Por supuesto en internet, siempre.

Las toallitas, junto a las de Suavinex, son mis favoritas también.

 3.- Bodies:

De bodies no he comprado ni uno!! Son todos de Raúl. Tengo muchísimos.

Todas las mamás sabrán que recién nacidos los niños hacen muchísima caca.. Raúl hacía prácticamente con cada toma y, por el tipo de caca que es, (líquida) casi siempre terminaba saliéndose del pañal y ensuciando toda la ropita. Como en casa no teníamos secadora y era pleno invierno, tuvimos que armarnos con un arsenal muy importante de esta prenda si no queríamos dejar al peque desnudo mientras se secaban las coladas.

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Éstos son todos de H&M. La verdad es que son mis favoritos. De algodón orgánico y con apertura lateral. Son muy cómodos y bonitos.

4.- Gorros y Manoplas:

Tenía un conjunto de gorro y manoplas muy bonito que la Tita Elena regaló a Raúl para cuando nació y que iba acompañado de un pijamita precioso. Todo de Tous.

Hace unos días mi hermana me regaló otro conjuntito en color rosa. Me los llevo los dos, así estrena modelito cada día.

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5.- Pijamas: 

Llevo cuatro pijamas.

Concédanme un segundo antes de llamarme exagerada.

Llevo dos pijamas de la talla 0 y dos de la talla 1. Con Raúl me llevé la mayoría de la talla 0 y no pude ponerle ninguno. Le quedaban muy pequeños y tuvimos que salir corriendo en búsqueda de pijamas más grandes. Así que esta vez, prevengo.

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El de rayas grises es uno de los que se quedó sin estrenar con Raúl.

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6.- Ropita:

Llevo también dos conjuntos para la salida del hospital. Uno un poco más pequeño y otro más grande.

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7.- Una mantita:

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8.- El chupete:

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Con Raúl seguí los consejos de la matrona que aconsejaba no utilizarlo hasta los 15 días de nacimiento del bebé para que no pudiera confundirle y entorpecer la lactancia. Al final Raúl no cogió el chupete hasta pasados muchos meses…

En esta ocasión tampoco quiero introducirle el chupete de forma rápida. Para favorecer la lactancia (experiencia que para mí ha sido altamente gratificante, como contaba aquí) prefiero ponerlo al pecho cada vez que necesite mamar (por la razón que sea..) y, ya, más adelante, intentaré introducirlo porque, ciertamente, con Raúl nos ha venido muy bien. No obstante, es uno de esos “por si acasos”.

8.- El regalo de la tata:

El regalo de la tata madrina es el llamado BRINGING HOME BABY BUNDLE de FRESHLY PICKED (marca americana de mocasines y zapatos).

Desde que lo descubrí en el blog de una chica que suelo leer y que, al parecer, había colaborado en su diseño, me dejó prendada. Es una preciosidad. Se trata de una canastilla que se compone de una bata para mamá; una gasa o sabanita fina para el bebé o lo que los angloparlantes llaman Swaddle y utilizan para liar a los recién nacidos de esa forma que parecen larvas (técnica que, por cierto, creo que funciona para darle bienestar y seguridad al bebé y evitar el llanto); un gorrito para el bebé, unos calcetines para mamá y unos mocasines que son realmente adorables.

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El mío es en color Blossom (cerezo), pero los hay también en gris y azul. Lo hubo también en amarillo, pero me temo que fue una edición especial y a fecha de hoy, está agotada.

No llevo nada de aseo como geles, champús y colonias.

El baño se lo hacen en el hospital con su propio utillaje y en cuanto a la colonia, tengo que reconocer que no soy muy partidaria de las colonias en los recién nacidos.

Tienen un olor fascinante; genuino y único y me parece una locura enmascararlo debajo de una colonia! Es como mezclar un buen Ribera con coca-cola, o no?

Por lo que a mi respecta, procuro no olvidarme de: Una bata, unas zapatillas de casa, la bolsa de aseo, una ropa para la salida del hospital; compresas maternales y discos de lactancia!

 

Creo que eso es todo…

 

 

 

Feliz Cumpleaños, cielucho

Últimamente reproduzco en bucle el momento en que te traje al mundo.

Dos años hace ya (mañana a las 7.55 Pm, para ser exactos) de ese instante (por decirlo de algún modo) absolutamente revelador; desbordante, asombroso y bastante gore, en general.

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Todo intento de explicar lo que has supuesto para mi vida que pueda deducirse de estas líneas, no será más que un esfuerzo inútil y pretencioso, porque, sencillamente, pequeñajo, no hay palabras. No las hay, o si las hubiera, no sabría emplearlas de la manera adecuada. Releo lo que escribo; incluso reviso los pensamientos en forma de lenguaje que revolotean mi cabeza en el momento en que me siento a escribir, y lo que sale no se parece en nada a lo que exulta en mi interior ante la idea misma de ti.

A nadie le pillará por sorpresa si digo que has cambiado nuestras vidas de forma torrencial…

Y para ser sincera, en un aspecto las has limitado. Has limitado nuestra actividad social, nuestra actividad profesional y nos has dejado casi sin ocio (al menos del de para uno mismo).

En dos años he leído tres libros y podría contar con los dedos de las manos las películas que he disfrutado. Me quedé por “El Hombre Lobo” de los Eels.

Habré pasado menos de 10 veces por la peluquería y sería indecente decir las veces que me he depilado.

Los días de compras me han durado lo que duraba tu bolsa de gusanitos y las conversaciones con mis amigas se han convertido en frases inconexas entre “Cariño, el detergente no se come” o “Ya mismo nos vamos”.

De repente, dormir hasta las 8 de la mañana, y sólo despertarse una vez, es una cura de sueño de las buenas; y una fabulosa comida fuera es cualquiera que nos haya permitido llegar al momento del postre, aunque en los 60 minutos en que hayamos podido aguantarte sobre la trona, hayas mezclado vinagre, cerveza y caldo de berberechos con pan de pipas y, sí, Señores y Señoras, te lo hayas bebido.

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Y con todo, me tienes, hijo, con el corazón encogido… Mirando a la vida a través de colores pastelosos, llenando el teléfono móvil de fotos secuencia (de hasta 20 o 30 disparos) de lo que tardas en lanzar un beso, y tarareando “Felicidad, qué bonito nombre tienes…” por las esquinas.

Pero es que para menos no es.

Esa mirada noblona y dulzota debajo de esos cabellos rubios como las candelas; y esa boca de piñoncito que me quita el sentío… Los muslos apretados; el pecho fuerte y los pies rechochos con la peste más salerosa que haya olido jamás.

Y si me quedaba algo de dignidad, la perdí del todo cuando empezaste a hablar… Y no paraste nunca… Y cuando asumiste  que las cosas se piden “for favor y cin llorarl”; y cuando decidiste que ibas a dedicarte a hacer solos con la guitarra, mientras mueves la pierna al más puro estilo Buddy Holly ; o que el piano no se puede tocar sin “paltitura” o cuando te pones de lo más cool tocando el Cello que has creado con la guitarra invertida y un palo del tambor. Nunca un palo había dado tanto de sí. Lo mismo lo conviertes en trompeta que en arco de violín.

Me tienes al borde de perder el juicio con tu hablar refinado y tus “icos” murcianos, o con las filas de coches más grandes y rectas que se hayan visto jamás; y me colocas entre la risa y el llanto cuando de madrugada te da por acordarte de que “el árbol de Navidad es súpel grande y tiene un montón de bolas” y por cantar “Navidad, Navidad, duce Navidad la alegría vamos a cantal HEY!

Así que poco importa que te pases un tercio del día manoseándome los pechos; o que me claves la cabeza en la costilla cada vez que terminas en la cama conyugal, que es más veces de las que no.

Pronto se me olvida que he perdido todo el pudor que me quedaba cargándote en brazos hasta mientras hago pipí y lo mismo me da que te comas el jamón como si no existiera futuro, cuando haces saludos de concertista o coges mi ordenador para comunicarme, con la misma culpabilidad que lo hago yo, que vas a terminar un trabajo y ya está.

Eres lo más desde que se descubrió el fuego; un espectáculo del vivir…

Eres dulce y cariñoso.

Me haces querer más que en las películas… Incluso quererme a mi misma mucho más. Me has enseñado tanto de ti y de mi… Y has puesto los puntos sobre las íes sobre lo urgente, lo importante y lo superfluo. Nos devuelves la idea de esperanza y de ilusión y nos haces movernos cómodamente en la ñoñería…

Qué te voy a contar, pequeño leñador…Que haces las delicias de nuestros días y que, rezo por hacerlo lo mejor posible contigo hasta que esté en mi mano una mínima responsabilidad sobre tu felicidad….

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Te deseo un MUY FELIZ SEGUNDO CUMPLEAÑOS, cielucho.

Decidme en el alma ¿Quién levantó los olivos?

Andaluces de Jaén, 

aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

Por supuesto: Miguel Hernández.

No era Jaén, sino Zurgena y, aunque unos más que otros, muy hechos a la recogida de la oliva, no estábamos.

A pesar de todo hemos disfrutado bien del día de campo. Especialmente uno que yo me sé, que ha terminado con tierra hasta en el pompis.

 

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Menudo perfil…

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La guinda del pastel la han puesto una sopa de picadillo y un puñado de tortas fritas con chocolate.

Feliz semana Navideña a todos y todas.

 

Embarazo: Segundo trimestre. De los plexos coroideos y otras historias para no dormir.

Tan inmersa me encuentro ya en el tercer trimestre que casi se me han olvidado las bondades del segundo.

Ahora, que ya empieza a no haber posición compatible con las formas y dimensiones de mi cuerpo cuando se trata de dormir, lejos me quedan las noches boca abajo y los despertares con la espalda indemne.

Como una ensoñación, vienen a mi memoria días sin nauseas y de asombrosa agilidad.

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Recuerdo cómo engullía sin remordimientos cual profundo e insaciable agujero negro y, aún así, hacía la digestión sin enterarme.

También me acuerdo de que seguía llorando con los trailers televisivos de “tengo una carta para ti” (no les quiero ni contar lo que están haciendo ahora, en mi frágil estabilidad emocional, los anuncios navideños..). Y todo eso por no hablarles de las cosas serias. Si, como la mayoría de Ustedes, me siento hundida por las tragedias que se están viviendo en el mundo en los últimos tiempos, les aseguro que afrontarlas con la sensibilidad que comporta el estado hormonal de una preñez, resulta devastador.

Recuerdo que el pelo me lucia fuerte y brillante y la piel tersa. Recuerdo vitalidad y ánimo alegre. Recuerdo regularidad intestinal (que queda ya muy lejos), y hasta ver pelis por la noche.

Pero como a menudo no todo puede ser perfecto, recuerdo haber pasado semanas de angustia y preocupación; de miedo y desazón.

En la ecografia de las 20 semanas nos dijeron que nuestra hija tenía dos quistes en los plexos coroideos; es decir, en el cerebro.

El ginecólogo que me atendió fue amable y trató de restarle importancia al hallazgo. Me dijo que era bastante común y que solían desaparecer; que, puesto que no se percibía ninguna otra anomalía en nuestra pequeña, se descartaba la amniocentesis y que no sería nada, que no me preocupara.

Pero madres y padres del mundo: Cómo no nos íbamos a preocupar?!!

“A toro pasado” he comprobado que es algo muy común con lo que la ginecología actual está muy familiarizada; pero no les miento si les digo que, antes de que le pasara a nuestro bebé; no era nada consciente de ello.

Y, como no puedo negar una malsana adicción a autodiagnosticarme a través de páginas y foros de Internet; allí que empecé yo a buscar respuestas; en la soledad de mi hogar; sabiéndome culpable, como si estuviera vaciando cuentas corrientes ajenas.

Ésto viene siendo así casi desde que empezó el milenio; y miren que soy más bien de ir al medico poco o nada. Y les puedo decir, que con cada síntoma introducido en google siempre acababa convencida de que tenía VIH… Les aseguro que todos los síntomas del mundo (por extraños que parezcan) pueden relacionarse con el VIH.

Y lo cierto es que, últimamente, “me estoy quitando”; pero aquel día; con las palabras quistes y cerebro rondando en el mío, no pude evitar lanzarme a los brazos engañosos y despiadados de la red.

Y allí empezó la zozobra: Que si trisomía 18 ; que si graves malformaciones; que si esperanzas de vida…

Y las informaciones que discretamente íbamos recopilando nos alentaban a no estar preocupados. Discretamente, digo, porque apenas me atrevía a verbalizar el problema, que parecía ganar realidad cuando lo exteriorizaba.

Consultados tanto profesionales médicos de nuestra confianza como alguna persona que había lidiado con el mismo susto o parecido, todos nos decían que lo más probable es que no fuera absolutamente nada.

Pero había una cosa; un dato que me impedía abandonarme a la confianza y al optimismo; y era que casi todos preguntaban si era un solo quiste… Y lo cierto es que NO; ERAN DOS.

Todos parecían prestos a sentenciar que NO HABÍA MOTIVO DE PREOCUPACIÓN si hubiésemos contestado que era un quiste; pero cuando decíamos que eran dos, con cierta contrariedad mantenían su diagnóstico favorable, aunque parecían permitirse a si mismos el margen de la duda.

Y así, entre días de miedo y días de paz pasamos las siguientes 6 semanas, hasta que volvimos a ver a nuestra pequeña; y para entonces, los quistes se habían esfumado y, con ellos, nuestros terrores…

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 Y he ahí nuestra niña…

When the leaves come falling down

Cuando las hojas empiezan a caer…

Qué me gusta a mi el Otoño! Con su luz amarilla y cálida, su olor a hojas secas y castañas asadas; sus sabores caseros; la sensación de frío en la nariz y en las manos; y su sonido… A silencio y a Van Morrison.

Me gusta el Otoño; y, aunque a menudo me duele la cabeza y el ánimo se me pone nostálgico… Me gusta… Quizás me gusta más por eso..

Y,  pese a que en ocasiones reniego de verme encerrada en un pueblo con casi inexistente actividad urbana, me siento afortunada de que aquí, el Otoño se cuele por los sentidos; apagando las luces del día a las 18.30 de la tarde; pintando las tardes de tonos amarillos y ocre, y obligándote a llevar gorros.

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A dos minutos del núcleo urbano, en Caravaca tenemos Las Fuentes del Marqués, que es un pulmón de agua, árboles, tierra y moreras. Y en Otoño es una gozada pasear por la alfombra de hojas, dejándote envolver por la humedad del río.

Y además, El Leñador está en su ambiente. Revolcándose entre las hojas, corriendo entre los árboles y poniéndonos al borde del infarto acercándose peligrosamente al agua, al menor de los descuidos..

Es el primer Otoño en que Raúl empieza a ser consciente de su entorno, y es maravilloso. Creo que esta fase es francamente especial. Para él el mundo está siendo todo un descubrimiento, y creo que para nosotros está siendo un re-descubrimiento altamente amable.

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Por días de Otoño, merece la pena el Invierno.

 

Los últimos tiempos : Septiembre 2015

A veces, sentarse a repasar la galería del móvil nos ayuda a reconciliarnos con la rutina. Yo disfruto de esta posibilidad que nos brindan las nuevas tecnologías de poder paralizar el tiempo y el espacio en un segundo, capturando imágenes que nos trasladan a experiencias vividas.

Aquí les dejo algunos retales de esa bendita rutina.

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Un paseo por la Calle Mayor de Caravaca de la Cruz

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Y una vuelta en coche..

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Tardes en el parque

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Paseos por las Fuentes del Marqués

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IMG_6345Visitas a la capital, y más parque

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Juergas en interio

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Y paseos en bici.

Visto así, no está nada mal.

Feliz Jueves!!

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EMBARAZO #2: PRIMER TRIMESTRE

Hace tiempo que vengo queriendo escribir acerca del primer trimestre del embarazo. Para ser más precisos, del primer trimestre de MI embarazo; pero la verdad es que hasta ahora, por “h” o por “b” (a mi madre le encanta esta expresión) no he podido. Entre que me falta tiempo y que, cuando lo tengo, me apremia la necesidad de desahogar mi frustración con la burocracia administrativa, me he metido en  la mitad del embarazo sin darme cuenta.

A modo de conclusión: El que inventó la expresión de que querer es poder andaba un poco perdido. No siempre querer es poder. No siempre; no en todo. Por más que en este momento quiero estar tumbada en una hamaca en las Bahamas con un daiquiri en la mano, oye! Que no puedo.

Pero finalmente aquí estoy (no en Las Bahamas), con la intención de desenterrar de mis recuerdos recientes cómo me sentí durante esos primeros meses de mi embarazo.

Como ya contara alguna vez, este embarazo está siendo sustancialmente diferente al primero. Igual de feliz pero notablemente menos entusiasta, menos consciente y mucho más cansado, y no tanto por lo que respecta a síntomas físicos (éstos la verdad es que me recuerdan mucho a los que me provocó mi primer embarazo), sino más bien en cuanto a mi actitud y, por su puesto, a las circunstancias en las que lo estoy viviendo.

En cuanto a mis primeros síntomas, mis pechos son los que me ponen en alerta. Están muy sensibles y siento una especie de picor/escozor en la zona de las areolas.

Pero sin lugar a dudas el signo inequívoco y absolutamente insoportable que me confirma mi situación gestante es el CANSANCIO EXTREMO. Agotamiento superlativo;  extenuación total. No estoy exagerando en absoluto. No sé si a las demás les pasará algo similar, pero yo, durante los tres primeros meses de embarazo, ando arrastrándome por la vida.

Pasada una hora y media o dos desde que me levanto de la cama por la mañana, se apodera de mí un sueño invencible.

Tanto en mi primer embarazo como en éste he estado trabajando para mí misma, por lo que he intentado llevar un ritmo lo más parecido posible al de costumbre. Creo que lo he conseguido, no sin daños colaterales.

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Sin embargo, con mi primer embarazo, cuando llegaba a casa a medio día comía junto a mi marido haciendo grandes esfuerzos por mantener los ojos abiertos y, después, me acostaba a dormir en la tranquilidad de mi hogar de dos… Me estremezco de placer de recordarlo, en serio.

Con este embarazo el cuento ha cambiado bastante. Después del trabajo tengo que recoger a mi hijo, llegar a casa, preparar la comida, dormir a mi hijo (sí, mi hijo jamás de los jamases se ha dormido solo). Después de comer tocaba recoger; los platos, las ropas… Sólo algunos días, con un poco de suerte, podía rascarle 20 minutos a la siesta antes de que el Leñador se levantase vociferando MAMÁ!!. Por supuesto, aquellos días en los que madre o suegra nos acogían en su mesa, aprovechaba para dormir con la puerta cerrada a cal y canto, y dejar que las abuelas atendieran a la fiera.

Del mismo modo, en mi anterior embarazo, tras mi jornada laboral vespertina, cenaba sin que nadie me robara las verduras del plato para esclafarlas por el suelo y, después de unos minutos de pacífica lectura, me dejaba llevar por el sueño más placentero.

En esta ocasión, el tiempo de mi recreo empieza una vez que el Leñador ha perdido la batalla al sueño (todas las noches tienen una lucha encarnizada), y he conseguido que mi casa no parezca recién asaltada por una banda callejera.

La verdad es que, en este sentido, si tuviera que darles algún consejo sería: DESCANSEN TODO LO QUE PUEDAN. No se hagan las valientes; dejen la casa correr. Si tiene un poco de polvo, ya lo quitarán cuando tengan más tiempo y alguna ayuda (en mi caso, aprovechaba más los fines de semana en que estaba el de los 70  para ayudarme y las abuelas para quedarse con el nene).

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Otra cosa son las temidas náuseas. La verdad es que las he acusado mucho más en este embarazo que en el anterior. Primero porque con el Leñador se esfumaron a la semana 10-11. Como por arte de magia. Por el contrario, con esta Señorita aún tengo días en que me siento como recién bajada de una atracción ferial. En segundo lugar, porque especialmente hasta la semana 15 o 16 no me las he quitado de encima en todo el día: Por la mañana, por la tarde… Hasta me despertaba a veces en mitad de la noche para volar hasta el baño.

La mayoría de personas en esta situación me aconsejaba comer “algo” cuando las sentía, pero era peor el remedio que la enfermedad: Yo en el embarazo NO SE COMER ALGO. Yo en el embarazo como hasta que agoto el espacio de mi aparato digestivo; como tanto que después de comer me encuentro mucho peor. No miento; yo sólo evitaba las náuseas cuando estaba comiendo, en gerundio; mientras estaba saboreando los deliciosos alimentos que engullía. En cuanto terminaba, hinchada y sobrealimentada, tenía un espantoso dolor estomacal.

En esto, como en todo, he intentado aprender algo y, si a alguna de ustedes les sucede lo mismo, les animo a que no desesperen y traten de poner en práctica lo de las muchas comidas poco cuantiosas. Yo lo he conseguido en gran medida. Por las mañanas desayunaba y almorzaba (algunos días, dos veces), a medio día trataba de limitar la comida que ponía en el plato (soy consciente de que no tengo voluntad para poner punto y final si la comida está en el plato, pero si no lo está, me intimida traspasar la barrera de “repetir”) y la acompañaba con fruta o yogourth para tener más sensación de satisfacción. Merienda y cena temprana, por si antes de acostarse era necesario recurrir a la infusión, la leche o la pieza de fruta.

Además del cómo, está el qué y si, como pueden adivinar, no soy ejemplo a seguir  en muchos aspectos de cuidado personal, en lo que respecta a la buena alimentación no tengo (casi) nada que reprocharme. Y no es que me esfuerce; es que con el embarazo y la lactancia me vuelvo un poco ortoréxica. Evidentemente no se convierte en una obsesión ni nada por el estilo, pero siento el deseo de alimentarme bien: Comer mucha verdura (sobre todo en las cenas), muchísima fruta, beber mucha agua, comer pescado, carne… Apenas doy cabida a la comida basura y el dulce no está entre mis deseos o antojos.  A mi me tienen ganada los berberechos y los encurtidos… Totalmente (modo salivando “on”).

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Harina de otro costal es el aspecto emocional. Todo el mundo sabe que el embarazo supone una revolución hormonal sin precedentes. Sin duda, así es. Pero en mi caso, si el anterior embarazo me colocó al borde de la bipolaridad (llantos, risas, histerias, muchos enfados, inseguridades varias…) en éste, he adoptado una actitud mucho más ZEN.

Apenas me puedo creer que haya desarrollado las dosis de paciencia que empleo con mi hijo y con el de los 70´(que, en muchas ocasiones, parece más mi hijo que mi hijo). Pero, especialmente, no me puedo creer la paciencia que tengo conmigo misma.

Por supuesto no me resisto a la sensibilidad extrema y, sinceramente, no veo las noticias porque termino llorando y hasta no consigo conciliar el sueño.

Como seguramente las no mamás que hayan sido tan amables como para leerme, estarán replanteándose todos sus deseos relacionados con la procreación, les diré que, por otra parte, pese a todas las molestias y las incomodidades (que son muchas, al menos en mi caso), el estado emocional que provoca la conciencia de estar gestando a tu hijo no tiene parangón. Es único, revelador y muy emocionante.

Además, bien asentada ya en el segundo trimestre, el prisma cambia sustancialmente… Todo es mucho mejor… Ya les contaré.

PD: Te quiero

Antes de que huyan despavoridos de este blog, déjenme decirles que no pienso hacer una reseña sobre la peli de LaGravenese. Aunque, ya que lo he mencionado, no me resisto a contarles que me incomodan las películas que falsean las respuestas emocionales humanas a los acontecimientos vitales de gran impacto, endulzándolas con elementos cómicos (como amigas feas y graciosas), ambientes navideños o de Acción de Gracias (con niños cantando villancicos), o una historia de amor forzada e innecesaria (a muchos les parece que las mujeres, especialmente, no podremos reponernos del todo de las circunstancias trágicas de nuestra existencia si no conocemos a un hombre muy hombre).

No. En este post quiero pedir perdón y hacer una declaración de amor.

Y, aquí está:

Te pido perdón por todas las veces en que te he mostrado mi desprecio como si no valieras nada.

Siento haberte culpado en tantas ocasiones de mis miedos e inseguridades. Siento haberte señalado con el dedo pidiéndote explicaciones y haberte deseado cambiar por otro, casi cada día. Siento haberte mirado unas veces con furia y otras con pena sin apreciar tu asombrosa capacidad; tu valía y tu inestimable ayuda en cada instante de mi vida.

Durante varios años no quería saber mucho de tí y, cuando me encontraba contigo de frente, sólo era capaz de vilipendiarte y maldecirte. Tan enfadada llegué a estar contigo que no dudé en maltratarte y ultrajarte.

Aunque esa reacción no me duró demasiado y, en cierta manera te acepté (incluso alguna vez me sorprendí estimándote) nunca he sido del todo justa contigo.

Y un día, tú, con toda la humildad del mundo, te me descubriste ante los ojos transformándote y, de una forma asombrosa, fascinante, me brindaste regalos de incalculable valor. Te convertiste en parte decisiva de mi proyecto más ambicioso; del más difícil.

Y, a partir de ese momento, caí en la cuenta de que debía y quería cuidarte sin exigirte, y que era más importante valorarte que venerarte o ensalzarte. Me enseñaste tus verdaderas utilidades y me maravillé con tus destrezas.

Te ensanchaste y creciste para darle cabida a nuestro hijo; creaste un mecanismo para alimentarlo mientras él aún no podía comer, y levantaste un lazo de piel y celúlas entre él y yo. Te preparaste para alumbrarle y te abriste, te desgarraste y, aún así volviste (casi) a la normalidad.

Antes de que el Leñador abriera los ojos, habías creado su alimento y lo hacías brotar como un resorte al sonido de su llanto, al olor de su piel o si te conmovías con su sonrisa.

Y mira que sigues sin gustarme del todo. Incluso menos que cuando tanto te odiaba… Cada año que pasa me descubres nuevas miserias y deficiencias; taras y daños.

Ya no es sólo que los pechos no estén tulgentes y hayan cedido a la fuerza de la gravedad, ni que el vientre haya perdido firmeza y los muslos se me junten cada vez más en su nacimiento. Ya no es sólo que cuando me río los ojos se me arruguen. Resulta que también tengo joroba, y varices, y callos, y durezas en los pies y se me cae el pelo, y bajo el cuello piel flácida… Y miles de cosas más que sabes que no me gustan.

Y no te engaño ni me engaño: Me encanta mi cuerpo y mi imagen; me encanta mi físico.. Sabrías que no es verdad… No te has caído de un guindo. Eres consciente de que cambiaría mi culo por el de Giselle Bundchen sin pestañear; que me gustaría tener el pelo de Jessica Chanstain, los ojos de Angelina Jolie o los labios de Scarlet Johansson.

Pero contigo aprendí que no se trata de eso.. Sino de atender a tus prodigiosas ocupaciones. Ahora casi todos los días comprendo que tus fines son otros más altos que los de gustarme y gustar a nadie y, por todo lo que haces, por todo lo que eres, te quiero incluso aún con las miserias que me muestras.  Y, aunque me ocupo sin preocuparme de sacar el máximo rendimiento a tu aspecto, de que luzcas bonito; no me olvido de quién eres.

Y hoy por hoy vuelves a ensancharte y a crecer, y volverás a abrirte y desgarrarte, y seguramente, cuando termines el proceso, todavía me descubras más de tus sombras, de tus lacras y de tus vicios, pero serán ya dos los que me hablarán de tus proezas.

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LA TORRE DE BABEL

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  • Buenas tardes flooor!! Escucha:
  • Dime hermosa
  • Esta tarde estaremos en tu ciudad… Nos vemos, ¿no?
  • ¡Ay qué bien! ¡Qué ilusión! ¿A qué hora venís?
  • Pues llegaremos sobre las 19.30.
  • Vale, perfecto, a esa hora podríamos vernos…
  • A esa hora ya hemos quedado, terminaremos en una hora o así…
  • Mmm… Vale… Es que si os desocupáis sobre las 20:30 o las 21:00 se me complica un poco porque el peque se acuesta sobre las 21.30 horas.
  • ¡Sin problema! Nos vemos sobre las 20:30 y nos tomamos algo y después, cuando acuestes al crío seguimos (emoticonos de guiños).
  • Bueno, la verdad es que a las 20:30 tengo que empezar a hacerle la cena y después tengo que bañarlo…
  • Muy bien, no te preocupes. Vamos a tu casa cuando terminemos y nos pones cualquier cosa de picar. ¡Me llevo musicote!
  • (SUSPIRO PROFUNDO) mmm, mira, la verdad es que durante la hora antes de irse a la cama estoy muy liada con él, porque estoy sola y tengo que darle la cena, baño… Ya sabes que es un niño complicado para dormir, me cuesta un rato de cuentos y canciones al lado de su cuna. Ojalá lo hubiera sabido antes… Habría tratado de encontrar a alguien que se quedara con él un rato.
  • No problem. Cuando terminemos nos vamos a tu casa y nos llevamos unos litros de cerveza y unas pizzas y nos las comemos allí.
  • Si te parece bien, hacemos lo siguiente: Cuando terminéis, vaís a por las pizzas y la bebida y daís un paseo; te doy un toque al móvil cuando el nene se haya dormido y os venís para casa… Es que si os ve llegar a ocho mozas como a vosotras, te aseguro que no va a haber manera de llevarlo a la cama…
  • Bien, bien… No tenemos prisa.. No tenemos que madrugar!!
  • (Los temblores se apoderan de mi cuerpo exhausto). Bueno, nosotros estamos bastante agotados y tengo que levantarme a las 6.30 am así que tampoco podré alargar mucho..
  • ¡No te preocupes, mujer! Cuando tengas que echarnos, nos echas…
  • Bien; estupendo… Aquí os espero.

A estas alturas los suspiros se han convertido en taquicardia y me hallo hiperventilando…

Para cuando llegan mis amigas, estilosas como ellas solas, con sus faldas midi y sus cinturones apretados; sus coletas altas; sus uñas de los pies pintadas en tono frambuesa y su olor a tendencia, me encuentro enfundada en una camiseta del de los 70´, de la década de los 90´, con el pelo recogido en lo que pretende ser una coleta e incrustaciones ojerosas bajo los ojos.

Mis amigas entran a casa con una vitalidad que, de dos años a esta parte, a mí se me agota a las 19:00 horas de la tarde…  En contraposición, a las 8:00 am de la mañana, soy capaz de cualquier cosa…

He hecho el esfuerzo para preparar una mesa con algo para picar y los vasos más modernos que tengo.

La cena discurre entre risas y anécdotas graciosas. Doy gracias al cielo de que El Leñador duerme y he escuchado la historia del tío con el que se lió mi amiga la trotamundos enterita; sin perder detalle… Tan entusiasmada estoy que en cuanto salgan por la puerta me apunto los detalles principales en las notas del I Phone, no vaya a ser que entre pañales que comprar, citas al pediatra y al matrón y plazos procesales, se me olvide algún dato importante y en la próxima conversación vuelva a parecer lo pesada y poco cool que acostumbro, preguntando todo el tiempo… ¿Pero eso qué es? ¿Cuándo ha pasado? ¿Quién es?…. ¿Cómo os llamáis…?!!

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Me lo estoy pasando rebien cuando, en un viaje a la cocina para rellenar los vasos de cerveza, miro el amenazante reloj que cuelga de la pared y, mientras el minutero coincide con la aguja de la hora en el número 12, se escucha una voz distorsionada (que, no me pregunten por qué, parece la de mi madre) que resuena diciendo: Mañana a las 6.30 am, cuando tengas que levantarte para meterte 160 Km en el cuerpo no te va a parecer tan graciosa la historia de cuando emulaste el baile enterito de Grease en un bar de Almería, allá por el año 2005.

Vuelvo al salón como el que ha visto un fantasma. Asustada, pero incapaz de contarle a esas mujeres, preciosas, risueñas y vitales las razones de mis temores más profundos, a sabiendas de que, pese a que emplearían en ello toda su empatía y su cariño (que es mucho) no comprenderán del todo el debate emocional que se libra en mi interior. A partir de este momento, ya no soy la misma. Las historias hilarantes las empiezo a escuchar como si provinieran de la mesa contigua del restaurante, y en mi cabeza se agolpan las llamadas por hacer, los despertares nocturnos a darle agua al Leñador y el sonido de la alarma a las 6.30 de la mañana que ya casi acierta a decir: Date prisa, no hay tiempo que perder!.

El de los 70´, que me tiene bastante calada y tiene más fuerza de voluntad que yo, se arma de coraje y, con la simpatía que le caracteriza, espeta: Chicas, ha sido un placer pero creo que tenemos que ir despidiendo la velada, o mañana nos veremos obligados a declararnos en huelga de actividad.

La felicidad inunda mi espíritu. Abro los ojos y se dibuja en mi rostro decrépito una sonrisa de puro confort! Gracias, mi hombre. Gracias.

Despido a mis amigas, que se muestran absolutamente   deliciosas y comprensivas, con un sabor agridulce: Feliz de haberlas podido disfrutar por un tiempo, pero contrariada por no poderme reencarnar en la que era hace 5 años; en la de los bailes de Grease y las imitaciones de David Bisbal.

Reflexiono en la cama y descubro que aunque algunas cosas han cambiado, y mucho; de vez en cuando (aunque sea muy de vez en cuando) aún puedo bailar “La Gozadera” y partirme de risa con mi amiga la futbolista; maravillarme con las historias de mi amiga la trotamundos; envidiar la vida sana de mi amiga la triatleta; preguntar como una posesa a mi amiga la fashionista dónde ha comprado esos pantalones palazzo tan divinos que, probablemente, yo no pueda ponerme en otros dos años; asombrarme con la capacidad productiva de mi amiga la actriz; debatir vehementemente con mi amiga la informática; endulzarme con las historias prematrimoniales de mi amiga la que se casa, y hablar de tíos buenos con la crack durante horas…

Y atesoro esos momentos en mi cabeza y en mi corazón como puntales que mantienen en pie uno de los aspectos esenciales de mi vida y de mi personalidad, que es su amistad; esa que tanto aprecio.

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raquel y Ariadna en Music

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Y, de repente, despierto de las ensoñaciones de fraternidad al grito de: Mamaaaaaaaá Aguaaaaaaaa!! Y me sonrío por dentro de escuchar tan clara la realidad de mi día a día…

Vacaciones 2015 

A mi el síndrome post vacacional me sorprende a mediados de Septiembre; justo después de que los días de mar y ociosidad parezcan quedar lejos, y antes de que se perciban cercanas las Fiestas Navideñas.

Aprovecho por eso ahora, que con el subidón de la vuelta a los días ordenados, aún no he entrado en la desesperación de la cuenta atrás, para hacer un repaso por nuestras vacaciones.

Por otro lado, saboreando aún la victoria de haber superado el reto con un terremoto de año y medio, y por si para alguien fuera de utilidad, voy a permitirme contarles los recursos o fórmulas que han hecho que funcione.

Supongo que las madres múltiples estarán pensando que pobre diabla de mí… No tengo ni idea de lo que son unas vacaciones con niños… Y en el inmenso respeto y absoluta admiración que les proceso… Les contestaré: No!!! Esa es la verdad!! Por eso les ruego, háganme partícipe de sus infinitas sabidurías…

Agradecería mucho cualquier comentario con trucos que pueda poner en marcha cuando llegue la pequeña.
Dicho ésto comenzaré con el primer destino de nuestras vacaciones y con el primer truco.

Pasamos unos días en la casa de la playa de un familiar, con gran parte de la familia. El secreto del éxito aquí, es más que efectivo y realmente cómodo: Familia!!!

Todos se rifaban estar con el peque así que yo pude trabajar (así de autónoma pringada es una) y hasta dormirme un par de siestas.

Todo el mundo sabe que las vacaciones en familia implican poco espacio, mucho ruido pero comidas estupendas y montones de risas.
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Después de esos días estupendos en los que podía fingir por ratos que el Leñador no me tocaba nada, nos quedábamos, marido y yo, solos ante el peligro, y poníamos rumbo a Benalmádena.

La primera empresa que se nos planteaba era un viaje en coche de 3 horas y media; con sus 210 minutos y sus más de 5.000 segundos con un niño que detesta cualquier restricción de su movilidad que se prolongue por más de unos 10 segundos.

Como lo cierto es que siempre andamos de aquí para allá, a lo de los viajes en coche le vamos cogiendo el truco…

Cuando vamos a hacer un viaje más o menos largo (de más de una hora) tratamos de hacerlo coincidir con horas en las que Raúl tiene sueño para que duerma durante el trayecto. Como nuestro hijo no suele dormir más de 1:30 o 2 horas en el mejor de los casos, si el viaje es más largo (como sucedía en esta ocasión) el resto del tiempo en el que está despierto, conseguimos tenerlo entretenido con el “veo, veo”, los túneles y los puentes de las carreteras y los cuentos ñoños que me invento con las palabras nuevas que Raúl va aprendiendo y que captan su atención… (Algún día les hablaré de esos cuentos que voy inventando).

Cuando el viaje no es tan lago y pretendemos que el Leñador permanezca despierto; nos aseguramos de que esté bien descansado y a los recursos de los cuentos, el “veo veo” y los túneles, añadimos algunas galletas o un zumo.

Desde luego como con los niños no hay reglas escrita y su estado de ánimo se hace depender de tantos factores, no siempre nos sale igual y en algunos viajes nos toca aguantar que llore, y mucho.

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Superado el drama del viaje; en lo que a la estancia respecta, estoy empezando a confirmar lo que, desde que el Leñador nació, ha sido una intuición: Para aprovechar el tiempo cuando tienes hijos y evitar pasar el día luchando, la clave está en la ORGANIZACIÓN.

Sí, Señores  y Señoras, deben organizarse; establecer ciertas reglas y pautas generales o esquemáticas. Ésto, por supuesto, debe ser el punto de partida, porque la contrapartida a las ventajas de la organización, está en la necesidad de ser FLEXIBLE.

Parece contradictorio, pero no lo es en absoluto. Creo que la vida con hijos se hace mucho más cómoda con una buena organización; si bien esa organización no debe estar constituida de reglas fijas e inamovibles porque, generalmente, no se cumplirán en los términos previstos, lo que podría generar frustraciones. Por el contrario, se trata de planificar una hoja de ruta que incluya horarios con margen de error de al menos una hora por exceso y por defecto; objetivos y prioridades.

Siguiendo este mantra, la semana antes de nuestro viaje planeé las rutas y excursiones que queríamos hacer así como los menús de comida y cena para toda la semana.

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Nos alojamos en un apartamento. La verdad es que me parece que una casa particular ofrece más intimidad y mayor flexibilidad que un hotel; y generalmente intentamos que la vivienda disponga de algún servicio que resulte atractivo para el peque (piscina, jardín…). En este caso tenía una terraza muy grande en la que Raúl pudo correr y jugar y en la que colocamos una piscina hinchable.

Lo primero que hicimos al llegar fue ir a hacer la compra, a la vista de los menús que habíamos organizado.

A nosotros nos parece una buena idea para viajar con el peque tener tiempo para estar en casa y permitirle mantener, en alguna medida, sus rutinas; y pensamos que un buen momento para esa paz y descanso es el de las comidas; de modo que solíamos desayunar en casa antes de embarcarnos en una excursión y volver hacia medio día. Después de comer descansar durante algún rato y salir nuevamente hasta la hora de la cena.

En esta ocasión, durante la mañana acometíamos los planes que exigían menor movilidad geográfica (como ir a la playa o a lugares de interés cercanos), y por las tardes cogíamos el coche o el transporte público para ver otros pueblos o ciudades.

Como he dicho antes, estas reglas no deben ser demasiado estrictas y nosotros aprovechábamos momentos en los que el leñador parecía contento y no estaba cansado para quedarnos a comer o a cenar algo en los lugares que visitábamos.

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El destino que escogimos ofrecía, además, muchas posibilidades para los niños. Pudimos visitar un delfinario; un acuario, zoologico, parques varios, un parque de atracciones…

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También pudimos volar la cometa!

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Mientras todos miraban el espectáculo de delfines, el leñador bailaba…

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Me siento pletórica pudiendo proclamar que al final todo salió estupendamente. Los tres lo pasamos genial… Los animalejos y las atracciones entusiasmaron a Raúl (padre) y también al Leñador que, por lo demás, mantuvo en cierta medida sus rutinas, lo que también nos permitía a nosotros descansar. Además, afortunadamente, solía dormir bastante bien por la noche… Me temo que porque lo fundíamos literalmente.

Definitivamente, las vacaciones con niños son muy distintas a las que se disfrutan cuando se va sin ellos, pero a mi me han gustado tanto que estoy deseando repetir la experiencia!!