Los hijos o cómo poner a prueba tu matrimonio.

Querida pareja de enamorados, recién casados o no casados, que soñáis con el momento en el que tengáis que darle un nuevo uso a la habitación de la plancha:

No os equivoquéis.

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Tener hijos no es sólo que papá los cargue a hombros mientras mamá los mira y se enarmora y reenamora. Tener hijos trasciende las lágrimas de emoción en el paritorio. Va mucho más allá. Tener hijos no es dar paseos los Domingos por la mañana, ni tener fotos familiares en el hueco de la escalera.

Nos recuerdo ahora con el retoño envuelto en la toquilla de punto y lazos, maquillada  por aquéllo de empezar el postparto sintiéndote mona, y el de los 70´con los ojos ojerosos y de un lado a otro con los papeles para la inscripción en el Registro, pero con aquella sonrisa imborrable y bobalicona, y pienso:! Qué infelices!!

Tres días en casa son ya suficientes para comprobar, aterrados, que el sueño se ha transformado en pesadilla.

Quién lo probó lo sabe.

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De repente NO PUEDES DORMIR. NUNCA.

Te encuentras con los pezones agrietados (con grietas por las que sale sangre y se convierten en costra); con los puntos de la episiotomía infectados, con un bebé llorón a todas horas clavando las encías en esos pezones agrietados, y completamente exhausta.

Y tu marido también: Agotado, perdido y confuso; posiblemente más que tú porque él no se ha pasado nueve meses leyendo el foro “enfemenino” ni los 500 blogs de maternidad que tú tienes entre los favoritos. Él no sabía “qué se espera cuándo se está esperando” ni le ha quedado claro que dar el pecho es “Un regalo para toda la vida”. Así que él, aún más que tú, no entiende nada.

Durante estos primeros meses, los cambios y la vida se tornan tan brutales, bestiales que no reflexionas; no piensas ni añoras. Te centras en sobrevivir. En salir adelante. Sufres una regresión a tu ser primitivo y te contentas con comer o sentarte en el sofá el rato en que viene tu madre y te coge al bebé.

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El tiempo va pasando y el cansancio, la inseguridad y la presión se van expandiendo como una plaga en las neuronas de tu cerebro.

Él vuelve al trabajo y cuando llega por la noche se encuentra en el salón a una persona inescrutable. Con los ojos hinchados  y con la vacuidad que deja la derrota. En la cocina los platos sin fregar; la bañera llena y las toallas en el suelo; las ropas en las sillas y la lavadora sin poner.

Son casi las once de la noche y, mientras ella espera de él compasión porque no ha podido ducharse en tres días y se siente absolutamente odiosa, él se muere de hambre porque desde las 14.00 horas en que pudo racanear del plato un filete de pechuga mientras sujetaba al bebé, no ha comido nada.

Ceda quién ceda, habrá un herido.

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En esta tesitura no es nada difícil que la relación de pareja quede enquistada en el reproche: “No te imaginas el día que he llevado en el trabajo”; “Yo no me he podido sentar ni cinco minutos..”

Y vuestro buen hacer empieza medirse por las veces en que cada uno se despierta por la noche.

Cuando decidís destapar la caja de pandora, comprobáis compungidos que no sois los mismos. Y cuesta aceptarlo.

No; no somos los mismos. Probablemente nos reímos menos; somos menos despreocupados; incluso menos ágiles desde el punto de vista del ingenio. Menos cariñosos, seguro. Menos sexys, por descontado. Menos pasionales y menos modernos.

¿Cómo vamos a serlo? La vida se ha precipitado por el embudo de la responsabilidad de los niños y el trabajo. Toda tu energía, tu tiempo y, lo que es sin duda más importante, tu capacidad de concentración, está dedicada a sus necesidades; las del trabajo y las de la casa. Pagar las facturas; qué van a comer; qué se van a poner; ¿tenemos ropa limpia?; hace falta comprar fruta; hay que hacer algo con esos celos…

En algún lugar que hemos dado en llamar “más adelante” se aglutinan las conversaciones inacabadas; interrumpidas por un llanto; un conflicto o la dictadura del reloj.

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Y con la seriedad de la carrera, cómo no contemplar la posibilidad de abandonar, o de lesionarse.

Y sin embargo, por paradójico que parezca, yo creo que el reto es revelador. Transformador. Una dimensión paralela que me resultaba ajena, oculta, antes de que llegara El Leñador.

Esa nueva dimensión también se proyecta sobre la relación de pareja. Hay una complicidad; un secreto; una vivencia límite y salvaje que sólo vosotros dos conocéis. A veces hay un miedo cruel; otras un júbilo indescriptible; a veces extenuación y otras gratitud; pero en cualquier caso, sólo a los dos se os revelan de modo tan similar.

Como en todo, se avanza combatiendo; pero no contra el otro, sino junto a él. Y cuando se dispara el fuego amigo, la paciencia, la comprensión y el perdón, refuerzan las tropas.

El humor es el arma estrella: Capaz de derrotar hasta el más temido de los adversarios. Si aquél día en que te levantas por la mañana y no hay ni un solo calzoncillo para ponerle a tu hijo, en vez de montar en cólera con tu pareja porque se ha olvidado de poner la lavadora, simplemente os miráis y os echáis a reir, porque sólo vosotros dos sabéis que con la semana de trabajo, ocupaciones y obstáculos que habéis tenido que superar, es una proeza que sólo os hayáis olvidado de la lavadora, entonces la recriminación y la distancia, quedan reducidas a escombro.

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Y, por supuesto, querida pareja que os representáis vestidos en peto vaquero eligiendo el papel de la habitación, dejad de mirar películas de Hollywood*. Eso no os va a hacer ningún bien. La realidad es otra distinta… Mucho peor y mucho mejor. Mucho más real.

* Yo, que soy una devota del 7º arte, tengo por ahí algunos títulos que me parecen muy altamente recomendables y que tratan precisamente, el tema de las relaciones de pareja, pero de un modo real.  Me propongo irlos recopilando y escribir un post.

Lo que de verdad importa.

Miércoles, día 26 de Abril, 11:00 AM. Estoy en el despacho. ¿Por qué siempre me sucederá lo mismo? A finales de Marzo me congratulo de lo tranquilo que se atisba el mes de Abril y me regocijo ante la expectativa de no abrir el pc durante los cuatro fines de semana que nos brinda; con sus Sábados y sus Domingos. Tengo que adelantar trabajo que luego llegan los imprevistos y se me vuelve a liar el “zompo”, pienso…

Pero qué demonios, el relajo no me sienta bien. Al final ya tengo el zompo liado. Menudo final de mes; y los impuestos, y los plazos, y las vistas… Y las citas y reuniones. Recuerda la de las 12, me prevengo.

Suena el móvil; es un mensaje de What´s app:

La zozobra y la ansiedad por los plazos, las vistas, los impuestos, las reuniones se diluyen, se deshacen como la cera de una vela encendida. La lista de tareas y los pensamientos, la gestión del tiempo y la organización se acomodan en lugares secundarios cediendo el paso amablemente.

Parece mentira, con lo importante que parecía todo eso hace diez segundos.

Suelto el móvil y lo dejo sobre la mesa. Tengo dos minutos para tomar una decisión; para moverme en realidad. La decisión la he tomado ya. De forma casi involuntaria; refleja.

Cojo el bolso. Llamo a mi secretaria: Cancela la reunión. Tendré que darme prisa si quiero llegar a tiempo.

Cojo el coche. Me muerdo el labio. Tengo que darme prisa si quiero llegar. Ya me lo dijeron la semana pasada; pero lo olvidé. ¿Cómo pude olvidarlo? Tienes demasiadas cosas en la cabeza, me autodisculpo.

Suena el móvil de nuevo. Otro mensaje de What´s App: Oh no!! Ya están ahí. No voy a llegar. Meto la 6ª. Corro un poco más.

Mierda! Me lo estoy perdiendo. Me la estoy perdiendo. Y si está asustada? y si no lo comprende…? Y si le encanta? Cómo será su cara?? Mierda!! Me lo estoy perdiendo.

Estoy llegando; me quedan cinco minutos. Suplico al cielo: Que no se hayan ido todavía.

Cojo, por fin, la calle que lleva a la guardería de mi hija. Todavía se oye la dulzaina. Y el tambor. Aún están ahí.

Aparco, por decir algo.

Salgo del coche. Activo el modo rastreo y la localizo: Está contenta!! Hace palmas!!  “El Tío de la Pita y Tamboril” entonan la serafina y mi hija baila, agacha las piernas y mueve las manos haciendo círculos. balbucea algo parecido a Serafina y se ríe, con la boca muy abierta y los ojos achinados.

Me ve y de inmediato gira la cabeza hacia los músicos. Quiere mostrármelo. Quiere enseñarme lo que ha descubierto. Si yo no hubiera estado, también habría querido enseñármelo. Menos mal que estoy. Menos mal.

La cojo en brazos y baila, sigue bailando y mirándome, y mirándolos, y riéndose, y me está queriendo decir: Mira, mamá, cómo cantan, y tocan música, y me estoy divirtiendo y me gusta. Y me lo está diciendo.

Y con toda seguridad, el mes de Mayo tenga menos fines de semana, pero ha valido la pena.

El tío de la Pita es lo que de verdad importa.

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Feliz día de la Madre a todas las mamás del mundo. Todos los días, son los días de las madres; pero qué bien que haya uno en el que se acuerdan de decírnoslo!!

PD.- Las fotos son de un viaje a Amsterdam y Utrecht que hicimos en Semana Santa y del que escribiré algo por aquí.

UN AÑO DE AMOR

 

De puro amor. De amor expansivo. De amor del de verdad y no del de Oficial y Caballero.

Un año hace ya desde que llegó a nuestras vidas Manuela, sin tanto ruido como su hermano, pero con las mismas nueces. O más. Se dejó caer en nuestra familia como “el que pasaba por aquí” y descubrió solita su lugar; sin que nadie se lo mostrara. Se acomodó en él como la masa en el molde.

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Y esta niña nuestra, promete. Promete volvernos locos. De amor sí, pero de psiquiatra también.

La muy (puñetera) lista, que sabía que no era la primera ni la única, se ganó nuestra confianza durante cuatro meses, a base de noches “casi” del tirón;  tardes en la hamaca y sonrisas cándidas desde un maravillosamente interpretado conformismo.

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Y cuando ya estábamos convencidos de que habíamos sido bendecidos por Dios con una hija “buena” (léase que nos deja dormir, comer con relativa tranquilidad y de la que podemos presumir en una velada con amigos, mientras gargajea desde su cochecito)… Entonces ZASCA! Pero qué os habíais pensado? ¿Que iba a renunciar a mi quíntuple ración de teta nocturna y a mis relajantes paseos de madrugada, en brazos de papá o mamá?  . Se acabó lo de poner mis 10 kilos de cuerpo compacto en el carricoche, la trona, la hamaca, el parque y cualquier endiablado lugar en que queráis meterme que no sea sobre vuestro confortable regazo. Se acabó lo de entablar conversaciones adultas y olvidaros de que estoy aquí. Se acabó lo de pretender que me duerma sola, sin el dulce arrullo de las canciones y los balanceos de papá o mamá… De eso nada.

Y, claro, ya que nos tenía absolutamente rendidos a sus pies, no podíamos más que acatar sus deseos y resignarnos a seguir durmiéndonos por las esquinas unos cuantos años más.

Y es que, créanme, esta hija mía, como diría mi padre: Si la tiras a la pared se queda enganchada.

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Manuela es mucha Manuela. Puede pasar de la determinación y el coraje más absolutos agarrando a su hermano de la camiseta para hacerse con lo que tenga entre las manos al grito de algo que podría sonar como un feroz gruñido de animal salvaje, al llanto más melodramático y escandaloso, llevándose el brazo a los ojos en una expresión de “pero qué mundo más cruel”, cuando no le permites que meta la mano en las aspas del ventilador o en la resistencia de la tostadora.

Manuela es puro carácter y, sin embargo, cuando menos te lo esperas, muta en delicioso algodón de azúcar y ofrece abrazos y caricias de una dulzura  capaz de enternecer al mismísimo Yago de Otelo, Milady de Winter o al propio Hannibal Lecter.

Nuestra Manuela, que es un poco macarra, pide agua como déspota dictadora ordenando a sus vasallos y, sin embargo, es la persona que más se congratula con nuestra compañía. Derrocha simpatía y cautiva la mirada de propios y extraños con sonrisas sinceras y bailonas, que van directamente al centro neurálgico de nuestros corazones.

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Ella, que de momento no parece muy interesada en comunicarse con el idioma de los adultos, articula y encadena grititos adorables cuando está contenta; hace pedorretas y, en general, despliega una actividad sonoro-orquestal hilarante con la que se hace entender con total claridad.

Comienza a andar sus primeros pasos con los brazos en alto y cuando suena la música, como resorte automático, se arranca a bailar con una gracia irresistible capaz de arrancarme de cuajo cualquier preocupación.

Nuestra pequeña contestataria llegó en un momento en el que parecía que no podíamos aprender nada sobre el amor; y nos ha dado una magister class. Resulta que después de la pantalla en la que “te pasas” al monstruo, todavía hay otro nivel. Uno en el que nos hemos adentrado con menos miedo que en el anterior pero que nos ha reportado sorpresas igual de indecibles; sensaciones igual o más reveladoras y transformadoras, y unas cuantas certezas absolutas que, al menos a mí, me hacen la vida más fácil; menos turbadora.

Manuela, con su boca de piñón y su culo inquieto, ha cerrado un círculo y ha liberado los lazos que dan estabilidad a nuestro hogar.

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Por no hablar de la relación que ha creado con su hermano y que sea, probablemente, lo más favorito que tengo en la vida. Más, incluso, que la tarta de Santiago. Ver a éstos dos abrazándose es mejor que una invitación personal a la gala de los Oscars.

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Pues ésta, nuestra Manuela valiente y guerrera, inteligente y cariñosa; simpática y honesta; apasionada y testaruda, cumple un año ya mismo y yo llevo todo el día con los ojos de par en par de incredulidad. Excitada de imaginar las cosas que nos quedan por vivir junto a ella, e irremediablemente melancólica por el imparable e irreversible desfile que nos brinda el calendario, hacia delante, sin contemplaciones ni concesiones.

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Sin embargo, desde aquí, y por si algún día en tu adolescencia quieres avergonzarte de tu empalagosa madre, te deseo un feliz feliz primer cumpleaños. Te quiero con todo mi corazón, Manuela.

 

TALLER DE ALQUIMIA

“Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.”

Que diría Neruda.

No es ningún secreto que me gusta el Otoño. No es ningún secreto que la melancolía es un sentimiento con el que me encuentro familiarizada.

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El Sábado la Asociación Amarena organizó un Taller de Alquimia para niños de entre 3 y 6 años, al que acudimos con Raúl.

El Taller incluía “cuentacuentos olfativos”, almuerzo y una actividad que consistía en que los niños pudieran crear su propio perfume con las flores y frutos que ellos mismos recolectaban, de la mano de la cuentacuentos Gabriela,  que se metió en el bolsillo a todos los presentes con su canturreo y su sombrero rojo.

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Para nosotros fue una maravillosa oportunidad de pasar un rato con Raúl a solas. Para mí, en particular, fue un momento único para disfrutar de Las Fuentes del Marqués en el Otoño. Es un paisaje al que nunca podré terminar de agradecer la belleza. Da igual cuántas veces lo hayas visto…Es, sencillamente, mágico.

Pero como una imagen vale más que las 157 palabras que llevo escritas en este momento, les dejo unas fotos.

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Por cierto.. Que en mi despensa guardo el tarro con la mezcla de mi pequeño alquimista, y allí estará durante los díez días que tiene que permanecer en oscuridad el unguento antes de filtrarlo, y quién sabe? Quizás en el cuarto trastero reposa el próximo Channel Nº 5….

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Gracias a Amarena; gracias a Gabriela y gracias a todos los que participaron e hicieron que la mañana se convirtiese en un cuento de otoño con un perfume especial!

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Hasta pronto!!

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CUENTOS PREFERIDOS, BY LEÑADOR

Bienvenidos y bienvenidas:

Al leñador le gustan los cuentos. Le encantan, de hecho… Y saben lo que les digo? Que menos mal!! Teniendo en cuenta su ascendencia genética, tenía un 50% de probabilidades de que le gustara la lectura y otro 50% de que lo más parecido a la literatura que pasara por sus manos, fuera la contraportada de las cintas de DVD del videoclub…

Por mi parte, si hubiera renegado de las historias impresas me hubiera sentido bastante frustrada, para qué les voy a engañar… Como si le diera por aficionarse al reagetton (tengo mis dudas de que se escriba así, pero para lo poco que voy a utilizar esta palabra en mi vida, tampoco me voy a molestar en buscarla…) o terminara conduciendo una moto de cross.

Cada noche en mi casa se libra una ardua negociación en torno al número de cuentos que vamos a leer… Generalmente lo hemos estandarizado en unos tres; el cuarto vendría a ser el de la negociación… El que estoy dispuesta a ceder pero no se lo hago saber.

Pero claro está que el Leñador tiene sus propios gustos en cuanto a literatura se refiere… Y como las pasiones son como son, casi cada noche terminamos leyendo los mismos.

A continuación les voy a indicar algunas de los que han sido sus lecturas preferidas desde que comenzara a interesarse por ellas y hasta la actualidad.

I.- PRIMEROS CUENTOS

1.- ¿Qué sonido es ese? Animales. De la editorial YoYo: Una apuesta segura. Como su propio nombre indica ya, un libro con los sonidos de los animales.

Al Leñador le encantaba escuchar los sonidos e imitarlos y muy pronto comenzó a memorizar los nombres de los animales.

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2.- ¿Dónde está el bebé tigre? Este cuento fue todo un Hit… La familia Tigre salía de viaje, pero el bebé tigre había desparecido; había que buscarlo por todo la casa. Además de ser un libro con sonido, tenía puertas que abrir, sábanas que levantar, buzones que destapar lo que mantenía al leñador muy pero que muy atento.

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3.- Números, de Combel: Un cuento muy sencillo con números, animales y texturas: Un elefante liso, dos caracoles en espiral… Al leñador le gustaba mucho experimentar con las texturas.

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4.- ¿Dónde vives, Caracol? De Peter Horacek: Un cuento muy sencillo, con unas ilustraciones muy bonitas que capta la atención de los pequeños.

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5.- VIOLÍN, COCODRILO Y LUNA, de Antonio Rubio y Oscar Villán, de la Editorial Kalandraka:

Podría decir que han sido sus preferidos de más pequeño. Están pensados para contarlos entonando y contienen todo lo que resulta atractivo a cortas edades: Ilustraciones muy sencillas y básicas, muy representativas; repetición, acumulación, rima…

El de LUNA lo considero un básico. Raúl nos pedía que se lo contásemos una y otra vez..

El del violín ha sido su compañero durante mucho tiempo porque le permitía imitar los sonidos de los instrumentos musicales, que son una de sus pasiones.

El de cocodrilo es muy útil para empezar a introducir los colores.

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6.- El Pollo Pepe de Nick Denchfield: Un cuento con Pop Up que resultaba muy divertido y sorprendente para los niños. Me gustó especialmente este cuento porque es de los que tienen un desarollo sencillo que permite que sean los propios niños los que lo cuenten solos.

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II.- CUENTOS ENTRE DOS Y TRES AÑOS:

1.- Chica Chicha Bum Bum de Bill Martin Jr: Un rítmico cuento sobre el abecedario. Los sonidos que se emiten y el reiterar la onomatopeya “chicka chicka bum bum” les encanta… Un libro para contar casi cantando.

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2.- La Pequeña Oruga Glotona, de Erik Carle: Un clásico!! Al Leñador le encantaba enumerar todos los comestibles que aparecen en el cuento y descubrir como la oruga pasaba de ser pequeñita a ponerse muy gorda y, después, convertirse en mariposa!!

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3.- Presiona Aquí, de Hervé Tullet: Otro clásico y una delicia de cuento. Un libro interactivo en el que el niño participa en la narración determinando el transcurrir de los acontecimientos e interviniendo en ellos. Divertido y sorprendente.

4.- La cebra Camila, de Marisa Nuñez: Durante largo tiempo este cuento fue requerido cada noche por el Leñador. Me parece un cuento precioso, con un vocabulario muy rico y variado pero también con recursos como la rima, la reiteración y la acumulación que permiten entonarlo, dándole mucho dinamismo y musicalidad.

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5.- A qué sabe la luna? De Michael Gregnieck: Aunque su lectura está recomendada a partir de 5 años, al Leñador siempre le gustó mucho este cuento. Es una preciosa moraleja sobre la amistad, la cooperación y el trabajo en equipo. El Leñador se mantiene siempre muy atento para ve qué animal viene a construir la torre que permita llegar a la luna…

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6.- MAMÁ; De Martina Ruiz Johnson: Una belleza de cuento que explica la vinculación de la mamá con su hijo desde el embarazo, parto, crianza… Con unos versos en rima realmente tiernos y con unas ilustraciones preciosas y muy poéticas… A Raúl le encanta este cuento y, la verdad, a mi también!!

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7.-¿ADIVINA CUÁNTO TE QUIERO? Clásico entre los clásicos!! Una obra preciosa muy adecuada para enseñar la expresividad del cariño, el afecto y el amor, y que si cuentas recreando los gestos de las liebres color de avellana, resultará altamente divertido para los niños!

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8.- LA PEQUEÑA LOCOMOTORA QUE SÍ PUDO, de Watty Pipper. Me parece un cuento muy pero que muy completo… No conseguíamos encontrarlo en castellano, así que finalmente nos hicimos con uno de segunda mano, una edición bastante antigua e incluso algo roto, y en español latino (creo que por todo eso le tengo especial cariño). No obstante me parece un libro perfecto para enseñar a los niños diversos conceptos desde científicos (cómo rueda un vehículo con ruedas cuando hay una pendiente o una inclinación hacia abajo), de lenguaje (el libro cuenta con un rico vocabulario y muchas enumeraciones y, además utiliza distintos tonos y expresividad para los personajes) y hasta emocionales (albergando un mensaje sobre la superación y a confianza en uno mismo).

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9.- POR CUATRO ESQUINITAS DE NADA, de Jerome Rullier: Un cuento también muy completo pues muestra nobles valores como el de aceptar las diferencias; el diálogo; la amistad… Y lo hace a través de formas geométricas en una narración que se agradece por su sencillez.

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10.- BUENAS NOCHES, LUNA; de Margaret Wise Brown: Puede ser uno de mis más favoritos. Es un cuento para dormir; escrito ni más ni menos que en 1947 y que, desde su publicación, ha sido leído por millones de niños antes de irse a la cama y es uno de los 100 libros más vendidos de la historia. El protagonista del cuento se despide de todos los objetos y personajes a su alrededor antes de irse a dormir. La rima, el tono descriptivo, la adjetivación, los colores y los planos… El cuento consigue crear un clima de relajación y el niño se concentra en recordar los detalles de la habitación. Además tiene dos partes que al Leñador le resultan sorprendentes e impactantes: La viejecita tejiendo que dice “sssch no hables” y el “Buenas noches, Nadie”.

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Me queda contarles los cuentos que ahora mismo más demanda El Leñador, pero no quiero que esta entrada me quede demasiado larga, así que lo dejaré para una segunda entrega.

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Espero que les haya sido de utilidad.

Feliz Semana!

PADRES DIVORCIADOS: ¿A qué cole llevamos a los niños? ¿Hará la Comunión? ¿Pueden ir al psicólogo?

A menudo y, desgraciadamente, cuando se atraviesa la tortuosa senda del divorcio o la separación, los padres se muestran aún más incapaces de alcanzar acuerdos que nuestros políticos.

A menudo, también, y muy desgraciadamente, las diferencias personales y el acervo emocional “gestado” durante la crisis de pareja, se imponen al objetivo del bienestar de los menores, y cada pequeño paso en la vida familiar se torna conflictivo, cada decisión desencadena una lucha cuerpo a cuerpo, y, por ende, la dinámica familiar se convierte en una tortura angustiosa.

Nada nuevo: Acuérdense de las icónicas cintas “La guerra de los Rose” o “Kramer contra Kramer”.

Observo, en mi vida profesional, que muchos padres divorciados y separados albergan constantes dudas sobre quién y cómo deben adoptarse las decisiones acerca de los hijos cuando los progenitores se encuentran separados o divorciados y, asimismo, sobre con qué mecanismos cuentan cuando no están de acuerdo con alguna decisión adoptada por el otro progenitor.

Éste es el tema sobre el que he escrito en el blog de nuestro despacho profesional. Me pareció que también es un tema interesante para aquéllos de Ustedes que acostumbran a dar una vuelta por aquí, pues, como bien se desprende del título que me busqué, es una cuestión “entre togas y chupetes”…

Por ello les dejo a continuación el enlace del blog por si les interesa echar un vistazo:

 

http://as-abogados.com/blog/

Muchas gracias y feliz Jueves!

Mi hijo no va a ir a la escuela. 

Hoy quiero confesar….

Que mi hijo, que cumple 3 años el 30 de Diciembre y que por tanto, como vengo escuchando sin tregua durante todo el verano  “va a entrar al cole”, no se ha matriculado ni en Cervantes, ni en la Santa Cruz, ni en El Salvador, ni en Basilio Sáez…

Va a acudir, como viene haciendo desde Enero, a un espacio Montessori abierto en nuestra localidad.

Y verán, lo hago así, confesando, porque como una confesión es como he sentido muchísimas veces nuestra decisión, de mi marido y mía, cuando la hemos hecho pública ante miradas de evidente desaprobación; gestos de indolente escrutinio y palabras de condescendencia…

Respuestas como “pues si eso, cada uno…” “si a él le gusta…” detrás de las cuales resonaban altas dosis de juicio hostil, escondían y esconden  una ignorancia elegida… ; mejor ni preguntar, que ya sacaremos conclusiones en otros círculos.

No busquen en mis palabras intenciones de venganza o recriminación; no consideren que me estoy resarciendo de comentarios desafortunados. Más bien lo que pretendo es arrojar luz a todos aquéllos madres y padres, interesados en el método o no; interesados en mi vida o no, sobre en qué consiste el método, pedagogía o filosofía Montessori y por qué lo hemos elegido para nuestros hijos, en algo así como “Todo lo que Usted siempre ha querido saber y nunca se ha atrevido a preguntar”.

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Desde que fuimos padres, el de los 70´y yo veníamos muy removidos ante el reto de la educación de nuestros hijos como, imagino, cada hijo de vecino.

Teníamos ideas, ideas de cómo nos gustaría hacerlo, de qué queríamos y, sobre todo y especialmente, de qué no queríamos.

No se nos malinterprete. Tanto mi marido como yo hemos ido a la escuela pública, la respetamos, la queremos y la defendemos; pero veníamos encontrando en el sistema educativo ciertos vicios y vacíos…

Digamos que nos proyectábamos la educación hacia nuestros hijos bajo ciertas premisas o procedimientos que no se acomodaban a los métodos tradicionales de enseñanza en nuestro país.  Digamos que hay algo en la forma generalizada de entender al niño y su crecimiento, que emana del ideario básico de nuestra sociedad y que choca con la forma en que nosotros nos planteábamos y nos planteamos la relación con nuestros hijos.

Y en esas estábamos cuando llegó a nuestros oídos a través de conocidos, como estas cosas suelen llegar, la noticia de que algunas familias se estaban planteando desarrollar un proyecto para la apertura de un centro Montessori, y habían organizado algunas reuniones informativas al respecto.

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Yo conocía Montessori muy de pasada y el de los 70´no tenía ni papa, así que entre las charlas informativas y lo que a título individual me puse en investigar, pude adquirir una idea global de lo que suponía este método o sistema para el aprendizaje y la educación de los niños.

No tiene sentido que les aburra enumerando todo lo que anhelábamos y proyectábamos para la educación del leñador y, seguidamente, de Manuela, porque acabamos antes si les cuento lo que encontramos con Montessori, ya que lo que encontramos viene transformando en realidad palpable y expansiva  nuestras pieruetas mentales, nuestros deseos y nuestros planes.

En Montessori aprender es leit motiv del sistema, eje rector o motor y, en este sentido, las calificaciones y los exámenes se sustituyen por la observación y el seguimiento. 

Esta posición parte de una idea tan simple como absolutamente verdadera: El ser humano disfruta de aprender. Y, si esto es así respecto del ser humano en general, resulta mucho más patente y obvio cuando hablamos de niños. Los niños quieren aprender.

Lo vemos a diario, lo veo con mi hijo: Continuamente quiere saber cómo se hace esto o lo otro; quiere hacer las cosas por sí mismo; presta atención cuando le cuento una historia nueva; me pide que relate “uuuna” y “oootra” vez cómo la tierra da vueltas alrededor del sol. Simplemente le encanta conocer el mundo.

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El error está en partir de la idea de que a los niños hay que disciplinarlos para que aprendan…

Les planteo una pregunta: ¿Qué creen Ustedes que haría un niño si no se le impusiera el estudio y el aprendizaje; si no se le dieran dibujos para colorear o números con puntos para unir con el lápiz? ¿Acaso se quedarían en una silla sentados, parados sin hacer absolutamente nada? Seguro que no.

La dictadura de las notas y de los exámenes en edades muy tempranas de enseñanza me parece totalmente contraproducente.

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Si sometemos a un niño pequeño a la presión de tener que estudiar las reglas ortográficas de memoria para vomitarlas todas juntas en el control de lengua, difícilmente pueda valorar la belleza del lenguaje y maravillarse con ella.

Si sometemos a un niño a la presión de aprender todas las partes de la flor (que además, no sirve para nada) para descargarlas en el examen de ciencias naturales, no es muy probable que se interese por el mundo natural, sus procesos y fenómenos.

Si en vez de eso, nos ocupásemos de fomentar en los niños la lectura, investigando y explorando qué tipo de lectura podría gustarles, probando con los temas por los que muestran interés, hablándoles de las historias y de sus autores… Los niños leerán y aprenderán las reglas ortográficas por el camino, como aprenden a hablar, o a andar; y además, nos ahorraremos el pernicioso efecto secundario que la presión de obtener una buena nota, o incluso una nota mejor que el compañero, puede tener en los niños.

Eso es Montessori.

Me cautivó de Montessori que, en este método, el aprendizaje sigue la dirección del niño hacia fuera; es decir, la curiosidad del niño guía el proceso del aprendizaje. La enseñanza no se proyecta desde el maestro hacía el niño, sino a la inversa.

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Podría decirse, muy básicamente hablando, que los niños aprenden solos.

Evidentemente, no se trata de que dejemos al niño a su libre albedrío y se ponga el solito a desarrollar en la pizarra el Teorema de Pitágoras. El aprendizaje autónomo y volitivo del niño va de la mano de un ambiente preparado, concepto esencial en Montessori.

El ambiente es un lugar ordenado, con amplitud para moverse; hecho a su medida, en el que todos los materiales y objetos se encuentran a su alcance y ordenados en función de su objetivo u objeto pedagógico; en el que se permanece en silencio y se habla bajito…

Les adelanto ya, pese a que lo retomaré más adelante a riesgo de que este post me quede absolutamente soporífero, que hasta el último momento en que decidimos que nuestro hijo empezara en este centro, tuvimos dudas… No es fácil, ya lo verán; pero les puedo asegurar que muchas de ellas desparecieron como por arte de magia el día en que fui a ver el espacio.

Simplemente me enamoré de aquél lugar… De cómo todo estaba ideado y cuidadosamente dispuesto. La motivación y el deseo que me despertó aquéllo me imprimió bastante coraje en el proceso de toma de decisiones. De verdad que cuando vi aquel lugar, me alentaba imaginarme a mi hijo allí, en ese ambiente.

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Dicho esto, sospechaba, y he tenido ocasión de comprobarlo con mi hijo, que los niños acusan etapas en que muestran interés por cosas concretas. Creo que casi todos los niños muestran interés por ciertas cosas como el lenguaje (la comunicación, la lectura…) las matemáticas (contar, sumar, restar), la música (ritmo, melodía, tono…) la ciencia (procesos naturales…); unos mostrarán más por unas cosas y otros preferirán otras; unos lo harán antes y otros después; pero, básicamente, entre ciertas edades, todos lo mostrarán en mayor o menor medida.

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Bien, pues esto también es Montessori: Montessori deja que la curiosidad del niño guíe el proceso de su propio aprendizaje y, a través de un ambiente preparado, pone a su alcance los materiales y elementos necesarios para lograr dicho aprendizaje, sirviéndole como apoyo la GUÍA, que inspira, orienta y sirve de ayuda al niño.

Y enlazando con lo anterior, precisamente el papel del GUÍA en Montessori, me sorprendió. No miento si digo que en un primer momento, me desconcertó, pero a medida que lo iba comprendiendo, me iba pareciendo de aplastante sentido común.

El rol de todo Guía Montessori se basa en el mismo principio que el Derecho penal; el de intervención mínima.  Su mayor cometido es la observación y el seguimiento del niño. Mediante la observación puede orientar al niño en sus preferencias o sus destrezas, motivarlo en sus flaquezas…

Y, aunque parezca insignificante, desde luego que no lo es. Todo lo contrario.

A menudo, y es algo que creo que todos hemos podido comprobar en casa,  nos resulta más cómodo con los niños intervenir para enseñarles cómo culminar una actividad concreta o, incluso hacerla nosotros mismos en su lugar. Creo que es mucho más díficil dejar que la hagan ellos, que decidan ellos, que actúen ellos. Tener la paciencia de permitirles fallar y aprender de su error… Pero consentir esta autonomía del niño se sustenta en una premisa tan cierta como maravillosa: La confianza en el niño.

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En la pedagogía Montessori se confía en el niño: En su capacidad de autoregularse o autodisciplinarse; en su capacidad para equivocarse y aprender; en su capacidad de llevar a cabo tareas que premeditamos que no pueden hacer y que, por el contrario, si los dejamos: VOILÁ!!  LO HAN HECHO, Y SOLOS!!

La confianza en el niño no sólo motiva la intervención mínima sino que es un resultado de la misma. Como consecuencia de confiar en el niño, el niño confía más en sí mismo. Comprueba que puede hacerlo; que no se le reprende por equivocarse…

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Si la confianza en el niño es esencial en Montessori, lo es también, al mismo nivel, EL RESPETO.

En este punto tengo que decirles que desde que empecé a investigar sobre Montessori, se ha ido diluyendo una venda que me cubría los ojos, forjada a base de años de influencia opuesta.

¿Desde cuándo no se ha respetado a los niños? Si a los niños siempre se les respeta… Parece obvio ¿no?

Pues les puedo decir que no es cierto. En muchísimas más ocasiones de las que nos imaginamos, se pasa por alto el respeto al niño: Cuando se le grita; cuando se le ridiculiza; cuando no se le deja llorar; cuando no se tienen en cuenta sus emociones o sentimientos; cuando se frivolizan sus preocupaciones… Incluso cuando se pretende que se identifique totalmente con los demás, sin atender a sus particularidades y genuidad.

¿Por qué saltan todas nuestras alarmas sociales cuando vemos a un hombre pegar a su mujer y nos quedamos inmóviles ante un padre que pega a un niño? Hace poco vi en Facebook un vídeo que venía a indicar que los padres, en uso del derecho y deber de disciplinar a los hijos, pueden pegarles un par de azotes con un cinturón..

O ¿Por qué si un niño llora nos enfadamos, le reprendemos y ridiculizamos con que deje de llorar, que se pone muy feo? ¿Acaso haríamos lo mismo con un adulto?.

El respeto en Montessori no sólo es hacia el niño en todos sus procesos, sino también del niño hacia sus compañeros; del Guía hacia el niño, y viceversa.

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Ésto sólo son algunos ejemplos. No me siento en la autoridad de profundizar más en todo ello porque no soy ninguna experta. Sólo soy una madre.

Y todo esto de lo que les hablo y de lo que no les hablo por prudencia y por no hastiarles, creó en mi marido y en mí el deseo de apostar por esta educación para nuestro hijo. Y, como ya les adelantaba, tomar la decisión no fue fácil.

Mi marido y yo sabíamos que ésto nos pondría en el punto de mira. ¿Cómo le íbamos a decir a familiares, amigos y conocidos que NO ÍBAMOS A LLEVAR A NUESTRO HIJO AL COLEGIO?? Les podría hacer una lista con las numerosas y variadas reacciones que nuestra decisión tuvo…  Desde la tragedia que, momentáneamente, pudo suponer para nuestros padres hasta la “hippielada” que muchos otros vieron en nuestra opción.

Algunos han pensado qué menuda “pijada” y otros que “nos están sacando el dinero”, que eso no sirve para nada… Los más sinuosos, incluso esperan a que nos equivoquemos.

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Y Dios sabe, y el de los 70´también, que yo no soy impermeable a las críticas. Nunca lo he sido. Todo lo contrario. Me afecta mucho (más de lo que debiera) lo que los demás piensen de mí.

Sin embargo, y aunque la decisión no fue fácil, un pensamiento me llevó a pasar por encima de todo: Es lo que yo quiero para mis hijos. Porque creo que es bueno para ellos; porque me gusta que reciban esto; que se lo lleven, y frente a eso, poco tenían que hacer las críticas.

Les garantizo que más cómoda nos resultaría otra opción. Cuando apostamos por estos principios adquirimos el compromiso de transformarnos a nosotros mismos. No piensen que lo que me sale cuando mi hijo llora porque le he dado la magdalena sin papel y él quería quitarle el papel, es tratar de conectar con su frustración y emociones para después tratar de buscar una solución; no se crean que cuando mi hijo está pasando el mocho de la fregona por los muebles del salón, no me sale decirle que o deja de hacerlo o esa tarde se queda en casa… O que si se viste iremos a la calle y le compraré gusanitos… Claro que sí; todo eso a veces sale de mí. Esta apuesta nos obliga a redireccionarnos continuamente; con nuestros logros y nuestros fracasos; como cada cual.

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No hemos elegido que nuestros hijos sean educados en la pedagogía Montessori porque esperemos sacar un rédito de ella en el futuro. No creemos que vayan a ser más listos ni más buenos que un niño que vaya a la escuela hasta primaria. No esperamos con ésto que nuestros hijos sean las personas que descubran una vacuna contra el cáncer o que inventen la nueva red social del futuro.

No queremos esta educación, no elegimos esta educación, pensando en el futuro. Queremos esta educación pensando en el presente. Queremos que nuestros hijos sean educados con estos parámetros porque nos gusta que sean tratados de esta forma; y, seguramente, no es la vía más fácil en muchos niveles, pero para nosotros es importante ser honestos con nuestros objetivos y nuestros principios.

Desde hace mucho tiempo tengo perfectamente claro que lo que vale para una familia, no vale para otra; y tengo aún más claro que en relación con la educación de los hijos no somos nadie para sermonear o aleccionar a otros. Por este motivo quiero insistir en la idea de que con estas palabras no pretendo instruir, adiestrar, ni tan siquiera aconsejar nada a nadie. Simplemente, como decía al inicio del post, sentía la necesidad de confesarme.

Eso sí, a aquellos padres que tienen ideas similares en mente y a los que, como a mí, les puede la presión social, les invito a darse una vuelta por allí, y a ser valientes; y a todos los padres del mundo, con estas ideas u otras, les traslado mi admiración, porque, como ya he dicho alguna vez, educar es más difícil que cualquier otra cosa en el mundo.

PD.- Las fotografías son obra de JOSE M. SALAZAR. Y son preciosas!!