UNO DE LOS NUESTROS

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Ni el desquiciante Tubullar Bells de Mike Olfield poniendo música a las espantosas contorsiones de la pequeña Regan; ni el conejo blanco en el Resplandor. Ni tan siquiera “El que camina detrás de la fila” de los Chicos del Maíz. Nada.

Nada es capaz de encogerme el corazón con semejante prestreza; nada sobre la faz de la tierra es más espeluznante que la ausencia de previsión, organización o plan en una casa con dos hijos post-bebes pero pre-infantes, y, como aquél que dice, dos negocios propios.

No hay márgenes. Es una cuestión de supervivencia.

Recuerdo una noche, cerrada, en la que nos recogíamos con la prole a los pertinentes rituales nocturnos de duchas, cenas, cuentos, más cuentos, historias y canciones, cuando nos cruzamos con el andar despreocupado y ligero de uno de nuestros amigos de la especie “solterum sin hijus”.

Por sus fachas los conocerás.

Esta especie mantiene la tersura de la piel. Los ejemplares de Solterum no presentan las características hendiduras que lucen bajo nuestros ojos, en tonalidades que van del verde al negro, pasando por el violeta. Esta especie muestra, con carácter general, el rictus relajado y la sonrisa cuasi imborrable.

Están al día en materia de cine, música y locales de moda. Tienen el spotify cargado de Playlists, se permiten el lujo de quedarse absortos y de despistarse, trasnochan  por costumbre y se beben los gyn tonics sin remordimiento (sus resacas son otras, no nos engañemos… A ver quién sería el guapo si no…).

Recuerdo, con incómodo asombro como soltó, como el que da los buenos días, que estaba hablando con ciertos congéneres (de los de su especie) y que aún no sabía, a las 10.30 pm, si iban a irse al pueblo vecino a las fiestas patronales, a la playa o a Las Vegas. Parecía que no hubiera espacio para horarios, inconvenientes ni compromisos en esa conversación vía What´s app, que seguro que estaba cargada de gifts y chistes verdes. Podría haberse acordado visitar el Taj Majal, y el rictus “del Matute” no se hubiera movido…Un ápice. Qué escándalo!!

Nosotros no salimos sin un plan. Un plan con sus  variaciones. Plan b, c, d… Y cuando la operación reviste FES (fases especialmente sensibles) porque, por ejemplo, implica lugares especialmente peligrosos en términos de integridad física, o nocturnidad, y el abecedario castellano, “ñ” mediante, se nos queda corto, recurrimos al griego; del alfa a la omega: Por si se duermen en el coche, por si no se duermen, por si no se comen la comida, por si comen demasiado, por si hace frío, por si no lo hace; por si se despeñan por cualquier escalera; por si se hacen las 20.07…

A veces me las he dado de despreocupada pero, para ser franca, no me muevo con soltura en el desgobierno. Prefiero organizarme, aunque sea en líneas generales, ir sincopada y evitar la catástrofe: Si no han dormido siesta, son las 20:00 de la tarde del Domingo y el Lunes hay trabajo, cole y guarde, sencillamente NO podemos hacer un road trip hasta un precioso paraje natural 80 Km ha.  Llámenme estricta o estresada, pero si mis hijos se duermen en el coche a las 20.00 de la tarde (que lo harán) no podré volver a mentarles a Morfeo hasta pasadas las 3.00 AM y… Como que no, que al día siguiente, tampoco hay siesta…

Para los Solterum, esto es pan comido.

Eso sí, ellos tampoco experimentan la indescriptible sensación de expansión cardíaca y la profusa irrigación coronaria, cuando los cachorros te llaman mamá…

 

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Definitivamente: Se nos ha ido de las manos.

 

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Llegué a este mundo aquélla mañana en que me coloqué frente al espejo, con una barriga extraña y distinta y un niño  que lloraba en mis brazos. Llegué cuando, después de mirarme intensamente a los ojos, me desprendí al vacío de la desrealización: Ésa que me devolvía la mirada, no parecía yo.

Todo el mundo anterior confluía en un cruce de caminos que estaba representado en mi hijo.

La transformación y el silencio alrededor me llevaron hasta aquí.

La callada cuando miraba a un lado y a otro en busca de respuestas, me aterrorizaron al principio. Después tomé aire, concluí que era cosa mía; de mi deconstrucción y reedificación personal, y de, repente un día, un papá escribía en internet que hubo momentos en los que deseó devolver a su hijo a la inexistencia.

Me escandalicé y me intrigué a partes iguales, y conforme iba leyendo me iba acurrucando en el alivio y el consuelo de la identificación. Y así es como llegué hasta aquí. Hasta el blog. Y disfruto con la red y sus múltiples posibilidades… Con la accesibilidad a artículos y blogs que entretienen, analizan la actualidad o permiten crear espacios de reflexión y debate sobre lo humano y lo divino.

Pero, Señores y Señoras: Se nos ha ido de las manos.

Y esto es algo que venía sospechando desde hacía tiempo pero que se me reveló definitivamente como un baño de realidad corpórea cuando ví a una blogger sujetando en la mano una raíz de gengibre para contar a sus seguidores que era “uno de sus favoritos del mes”… O en su versión anglosajona, un “currently loving”.

La blogger en cuestión se llama. o se hace llamar “A trendy life”.  (Como a mí no me lee nadie, me puedo permitir las alusiones directas sin miedo a las repercusiones…)

Ya el título del blog es para echarle de comer aparte: Una vida de tendencia. Habla por sí mismo.

A trendy life vive viajando de un lugar a otro del mundo; cambiándose de ropa y compartiendo informaciones que, salvo que estuvieráis juntas desde primaria, hubieran resultado, al menos en otros tiempos, totalmente prescindibles.

A trendy life, como otras, han profesionalizado el mundo de la imagen hasta un exponente que me parece insuperable. He repasado sus publicaciones en busca de valor literario o artístico en sus post, o de algún tipo de pericia o técnica concreta, y no he encontrado más que imagen.

Que no se me malentienda. No es este alegato una crítica a “A trendy life”. Ella tiene 290 mil seguidores en Instagram.

Y lo cierto es que después de darle más de una vuelta, he llegado a la conclusión que todo este mundo, el que se nos ha ido de las manos, no es más que una nueva fórmula de tele realidad; que tan poco de realidad tiene… Es decir: En nuestras pantallas gente normal haciendo cosas normales como criar, ponerse crema de sol, viajar (esto no es tan accesible a todos; por lo menos a los niveles de las influencers que incluyen un par de visitas a Nueva York por año y veraneos en Ibiza) poner lavadoras (esto sólo algunas) e incluso sufrir; y, aunque nos quieran queramos convencer de lo realista que es todo, nuestros viajes siempre son más abruptos: En la playa a nuestro hijo le escuecen los ojos; la arena se mete en el tupper de tortilla de patatas y en las piernas tenemos puntos negros que cruelmente descubre sin piedad la claridad del sol de mediodía; cuando ponemos lavadoras se nos derrama el detergente y cuando sufrimos estamos feos; sin maquillar, y nos vestimos de cualquier manera.

Pero las marcas son inteligentes y han sabido que nosotros nos vamos a creer que es espontáneo, la vida misma; y nos lo creemos porque en parte lo es; pero sólo en parte, y ahí el engaño… Y el influencer; porque si fuera sórdido y no viniera en un envoltorio cuidado al milímetro, no osaríamos a darle al Like.

Consumo blogs. Es más, escribo un blog. En general, muchos de ellos, los considero útiles, interesantes. En muchos me gusta la literatura. La forma en que su autor habla de lo que le place; en otros me identifico y me parecen un espacio de transmisión de sabiduría popular bastante eficiente; algunos me sirven de referencia para descubrir nuevos libros o pelis, recetas de cocina o cómo maximizar el espacio de tu armario… Pero, con todo, en muchos momentos siento que se nos ha ido de las manos.

Sentí exactamente eso cuando leí una publicación de una blogger-influencer-trendsetter que consistía en una foto de su hija pequeña llorando y lanzaba un mensaje del tipo: Si quieres ver lo que le pasaba a mi hija, haz clic en el perfil… Por los comentarios del post se deducía que su hija lloraba porque su padre se había ido o se alejaba… En serio, se nos ha ido de las manos. Qué os parece que más de trescientas mil personas estén en vilo con una niña que llora porque su padre se aleja?

Y el riesgo de deslumbramiento que tienen todas estas verdades a medias me parece delicado, así que me obligo a agarrarme a lo muchas veces cutre de mi día a día, aunque mi galería de instagram esté pasada por filtros.

Me convenzo de que, por más que lo parezca, nadie pasa un día en la playa sin que la arena acabe en los perfiles de las ingles de nuestro bikini; de que cuando me siento a dar el pecho a mi hija, se me forman pliegues o, llamémoslo por su nombre, michelines en la barriga; de que después de que mis dos hijos duerman con nosotros en la cama, aunque haya puesto unas preciosas y gustosas sábanas blancas, me duele el cuello; de que nadie se toma el café en la cama todos los días mientras lee un libro y tiene la pedicura perfectamente hecha, todo junto.

Y así, consciente de que no todo es mentira, pero todo no es verdad, navego por este mundo tan inmediato, novedoso y tremendamente útil, pero tramposo, embustero y demasiadas veces, frívolo.

 

PD.- Pongo una foto así, reflexiva y tal.

 

 

 

 

 

 

Los hijos o cómo poner a prueba tu matrimonio.

Querida pareja de enamorados, recién casados o no casados, que soñáis con el momento en el que tengáis que darle un nuevo uso a la habitación de la plancha:

No os equivoquéis.

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Tener hijos no es sólo que papá los cargue a hombros mientras mamá los mira y se enarmora y reenamora. Tener hijos trasciende las lágrimas de emoción en el paritorio. Va mucho más allá. Tener hijos no es dar paseos los Domingos por la mañana, ni tener fotos familiares en el hueco de la escalera.

Nos recuerdo ahora con el retoño envuelto en la toquilla de punto y lazos, maquillada  por aquéllo de empezar el postparto sintiéndote mona, y el de los 70´con los ojos ojerosos y de un lado a otro con los papeles para la inscripción en el Registro, pero con aquella sonrisa imborrable y bobalicona, y pienso:! Qué infelices!!

Tres días en casa son ya suficientes para comprobar, aterrados, que el sueño se ha transformado en pesadilla.

Quién lo probó lo sabe.

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De repente NO PUEDES DORMIR. NUNCA.

Te encuentras con los pezones agrietados (con grietas por las que sale sangre y se convierten en costra); con los puntos de la episiotomía infectados, con un bebé llorón a todas horas clavando las encías en esos pezones agrietados, y completamente exhausta.

Y tu marido también: Agotado, perdido y confuso; posiblemente más que tú porque él no se ha pasado nueve meses leyendo el foro “enfemenino” ni los 500 blogs de maternidad que tú tienes entre los favoritos. Él no sabía “qué se espera cuándo se está esperando” ni le ha quedado claro que dar el pecho es “Un regalo para toda la vida”. Así que él, aún más que tú, no entiende nada.

Durante estos primeros meses, los cambios y la vida se tornan tan brutales, bestiales que no reflexionas; no piensas ni añoras. Te centras en sobrevivir. En salir adelante. Sufres una regresión a tu ser primitivo y te contentas con comer o sentarte en el sofá el rato en que viene tu madre y te coge al bebé.

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El tiempo va pasando y el cansancio, la inseguridad y la presión se van expandiendo como una plaga en las neuronas de tu cerebro.

Él vuelve al trabajo y cuando llega por la noche se encuentra en el salón a una persona inescrutable. Con los ojos hinchados  y con la vacuidad que deja la derrota. En la cocina los platos sin fregar; la bañera llena y las toallas en el suelo; las ropas en las sillas y la lavadora sin poner.

Son casi las once de la noche y, mientras ella espera de él compasión porque no ha podido ducharse en tres días y se siente absolutamente odiosa, él se muere de hambre porque desde las 14.00 horas en que pudo racanear del plato un filete de pechuga mientras sujetaba al bebé, no ha comido nada.

Ceda quién ceda, habrá un herido.

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En esta tesitura no es nada difícil que la relación de pareja quede enquistada en el reproche: “No te imaginas el día que he llevado en el trabajo”; “Yo no me he podido sentar ni cinco minutos..”

Y vuestro buen hacer empieza medirse por las veces en que cada uno se despierta por la noche.

Cuando decidís destapar la caja de pandora, comprobáis compungidos que no sois los mismos. Y cuesta aceptarlo.

No; no somos los mismos. Probablemente nos reímos menos; somos menos despreocupados; incluso menos ágiles desde el punto de vista del ingenio. Menos cariñosos, seguro. Menos sexys, por descontado. Menos pasionales y menos modernos.

¿Cómo vamos a serlo? La vida se ha precipitado por el embudo de la responsabilidad de los niños y el trabajo. Toda tu energía, tu tiempo y, lo que es sin duda más importante, tu capacidad de concentración, está dedicada a sus necesidades; las del trabajo y las de la casa. Pagar las facturas; qué van a comer; qué se van a poner; ¿tenemos ropa limpia?; hace falta comprar fruta; hay que hacer algo con esos celos…

En algún lugar que hemos dado en llamar “más adelante” se aglutinan las conversaciones inacabadas; interrumpidas por un llanto; un conflicto o la dictadura del reloj.

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Y con la seriedad de la carrera, cómo no contemplar la posibilidad de abandonar, o de lesionarse.

Y sin embargo, por paradójico que parezca, yo creo que el reto es revelador. Transformador. Una dimensión paralela que me resultaba ajena, oculta, antes de que llegara El Leñador.

Esa nueva dimensión también se proyecta sobre la relación de pareja. Hay una complicidad; un secreto; una vivencia límite y salvaje que sólo vosotros dos conocéis. A veces hay un miedo cruel; otras un júbilo indescriptible; a veces extenuación y otras gratitud; pero en cualquier caso, sólo a los dos se os revelan de modo tan similar.

Como en todo, se avanza combatiendo; pero no contra el otro, sino junto a él. Y cuando se dispara el fuego amigo, la paciencia, la comprensión y el perdón, refuerzan las tropas.

El humor es el arma estrella: Capaz de derrotar hasta el más temido de los adversarios. Si aquél día en que te levantas por la mañana y no hay ni un solo calzoncillo para ponerle a tu hijo, en vez de montar en cólera con tu pareja porque se ha olvidado de poner la lavadora, simplemente os miráis y os echáis a reir, porque sólo vosotros dos sabéis que con la semana de trabajo, ocupaciones y obstáculos que habéis tenido que superar, es una proeza que sólo os hayáis olvidado de la lavadora, entonces la recriminación y la distancia, quedan reducidas a escombro.

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Y, por supuesto, querida pareja que os representáis vestidos en peto vaquero eligiendo el papel de la habitación, dejad de mirar películas de Hollywood*. Eso no os va a hacer ningún bien. La realidad es otra distinta… Mucho peor y mucho mejor. Mucho más real.

* Yo, que soy una devota del 7º arte, tengo por ahí algunos títulos que me parecen muy altamente recomendables y que tratan precisamente, el tema de las relaciones de pareja, pero de un modo real.  Me propongo irlos recopilando y escribir un post.

Lo que de verdad importa.

Miércoles, día 26 de Abril, 11:00 AM. Estoy en el despacho. ¿Por qué siempre me sucederá lo mismo? A finales de Marzo me congratulo de lo tranquilo que se atisba el mes de Abril y me regocijo ante la expectativa de no abrir el pc durante los cuatro fines de semana que nos brinda; con sus Sábados y sus Domingos. Tengo que adelantar trabajo que luego llegan los imprevistos y se me vuelve a liar el “zompo”, pienso…

Pero qué demonios, el relajo no me sienta bien. Al final ya tengo el zompo liado. Menudo final de mes; y los impuestos, y los plazos, y las vistas… Y las citas y reuniones. Recuerda la de las 12, me prevengo.

Suena el móvil; es un mensaje de What´s app:

La zozobra y la ansiedad por los plazos, las vistas, los impuestos, las reuniones se diluyen, se deshacen como la cera de una vela encendida. La lista de tareas y los pensamientos, la gestión del tiempo y la organización se acomodan en lugares secundarios cediendo el paso amablemente.

Parece mentira, con lo importante que parecía todo eso hace diez segundos.

Suelto el móvil y lo dejo sobre la mesa. Tengo dos minutos para tomar una decisión; para moverme en realidad. La decisión la he tomado ya. De forma casi involuntaria; refleja.

Cojo el bolso. Llamo a mi secretaria: Cancela la reunión. Tendré que darme prisa si quiero llegar a tiempo.

Cojo el coche. Me muerdo el labio. Tengo que darme prisa si quiero llegar. Ya me lo dijeron la semana pasada; pero lo olvidé. ¿Cómo pude olvidarlo? Tienes demasiadas cosas en la cabeza, me autodisculpo.

Suena el móvil de nuevo. Otro mensaje de What´s App: Oh no!! Ya están ahí. No voy a llegar. Meto la 6ª. Corro un poco más.

Mierda! Me lo estoy perdiendo. Me la estoy perdiendo. Y si está asustada? y si no lo comprende…? Y si le encanta? Cómo será su cara?? Mierda!! Me lo estoy perdiendo.

Estoy llegando; me quedan cinco minutos. Suplico al cielo: Que no se hayan ido todavía.

Cojo, por fin, la calle que lleva a la guardería de mi hija. Todavía se oye la dulzaina. Y el tambor. Aún están ahí.

Aparco, por decir algo.

Salgo del coche. Activo el modo rastreo y la localizo: Está contenta!! Hace palmas!!  “El Tío de la Pita y Tamboril” entonan la serafina y mi hija baila, agacha las piernas y mueve las manos haciendo círculos. balbucea algo parecido a Serafina y se ríe, con la boca muy abierta y los ojos achinados.

Me ve y de inmediato gira la cabeza hacia los músicos. Quiere mostrármelo. Quiere enseñarme lo que ha descubierto. Si yo no hubiera estado, también habría querido enseñármelo. Menos mal que estoy. Menos mal.

La cojo en brazos y baila, sigue bailando y mirándome, y mirándolos, y riéndose, y me está queriendo decir: Mira, mamá, cómo cantan, y tocan música, y me estoy divirtiendo y me gusta. Y me lo está diciendo.

Y con toda seguridad, el mes de Mayo tenga menos fines de semana, pero ha valido la pena.

El tío de la Pita es lo que de verdad importa.

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Feliz día de la Madre a todas las mamás del mundo. Todos los días, son los días de las madres; pero qué bien que haya uno en el que se acuerdan de decírnoslo!!

PD.- Las fotos son de un viaje a Amsterdam y Utrecht que hicimos en Semana Santa y del que escribiré algo por aquí.

UN AÑO DE AMOR

 

De puro amor. De amor expansivo. De amor del de verdad y no del de Oficial y Caballero.

Un año hace ya desde que llegó a nuestras vidas Manuela, sin tanto ruido como su hermano, pero con las mismas nueces. O más. Se dejó caer en nuestra familia como “el que pasaba por aquí” y descubrió solita su lugar; sin que nadie se lo mostrara. Se acomodó en él como la masa en el molde.

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Y esta niña nuestra, promete. Promete volvernos locos. De amor sí, pero de psiquiatra también.

La muy (puñetera) lista, que sabía que no era la primera ni la única, se ganó nuestra confianza durante cuatro meses, a base de noches “casi” del tirón;  tardes en la hamaca y sonrisas cándidas desde un maravillosamente interpretado conformismo.

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Y cuando ya estábamos convencidos de que habíamos sido bendecidos por Dios con una hija “buena” (léase que nos deja dormir, comer con relativa tranquilidad y de la que podemos presumir en una velada con amigos, mientras gargajea desde su cochecito)… Entonces ZASCA! Pero qué os habíais pensado? ¿Que iba a renunciar a mi quíntuple ración de teta nocturna y a mis relajantes paseos de madrugada, en brazos de papá o mamá?  . Se acabó lo de poner mis 10 kilos de cuerpo compacto en el carricoche, la trona, la hamaca, el parque y cualquier endiablado lugar en que queráis meterme que no sea sobre vuestro confortable regazo. Se acabó lo de entablar conversaciones adultas y olvidaros de que estoy aquí. Se acabó lo de pretender que me duerma sola, sin el dulce arrullo de las canciones y los balanceos de papá o mamá… De eso nada.

Y, claro, ya que nos tenía absolutamente rendidos a sus pies, no podíamos más que acatar sus deseos y resignarnos a seguir durmiéndonos por las esquinas unos cuantos años más.

Y es que, créanme, esta hija mía, como diría mi padre: Si la tiras a la pared se queda enganchada.

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Manuela es mucha Manuela. Puede pasar de la determinación y el coraje más absolutos agarrando a su hermano de la camiseta para hacerse con lo que tenga entre las manos al grito de algo que podría sonar como un feroz gruñido de animal salvaje, al llanto más melodramático y escandaloso, llevándose el brazo a los ojos en una expresión de “pero qué mundo más cruel”, cuando no le permites que meta la mano en las aspas del ventilador o en la resistencia de la tostadora.

Manuela es puro carácter y, sin embargo, cuando menos te lo esperas, muta en delicioso algodón de azúcar y ofrece abrazos y caricias de una dulzura  capaz de enternecer al mismísimo Yago de Otelo, Milady de Winter o al propio Hannibal Lecter.

Nuestra Manuela, que es un poco macarra, pide agua como déspota dictadora ordenando a sus vasallos y, sin embargo, es la persona que más se congratula con nuestra compañía. Derrocha simpatía y cautiva la mirada de propios y extraños con sonrisas sinceras y bailonas, que van directamente al centro neurálgico de nuestros corazones.

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Ella, que de momento no parece muy interesada en comunicarse con el idioma de los adultos, articula y encadena grititos adorables cuando está contenta; hace pedorretas y, en general, despliega una actividad sonoro-orquestal hilarante con la que se hace entender con total claridad.

Comienza a andar sus primeros pasos con los brazos en alto y cuando suena la música, como resorte automático, se arranca a bailar con una gracia irresistible capaz de arrancarme de cuajo cualquier preocupación.

Nuestra pequeña contestataria llegó en un momento en el que parecía que no podíamos aprender nada sobre el amor; y nos ha dado una magister class. Resulta que después de la pantalla en la que “te pasas” al monstruo, todavía hay otro nivel. Uno en el que nos hemos adentrado con menos miedo que en el anterior pero que nos ha reportado sorpresas igual de indecibles; sensaciones igual o más reveladoras y transformadoras, y unas cuantas certezas absolutas que, al menos a mí, me hacen la vida más fácil; menos turbadora.

Manuela, con su boca de piñón y su culo inquieto, ha cerrado un círculo y ha liberado los lazos que dan estabilidad a nuestro hogar.

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Por no hablar de la relación que ha creado con su hermano y que sea, probablemente, lo más favorito que tengo en la vida. Más, incluso, que la tarta de Santiago. Ver a éstos dos abrazándose es mejor que una invitación personal a la gala de los Oscars.

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Pues ésta, nuestra Manuela valiente y guerrera, inteligente y cariñosa; simpática y honesta; apasionada y testaruda, cumple un año ya mismo y yo llevo todo el día con los ojos de par en par de incredulidad. Excitada de imaginar las cosas que nos quedan por vivir junto a ella, e irremediablemente melancólica por el imparable e irreversible desfile que nos brinda el calendario, hacia delante, sin contemplaciones ni concesiones.

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Sin embargo, desde aquí, y por si algún día en tu adolescencia quieres avergonzarte de tu empalagosa madre, te deseo un feliz feliz primer cumpleaños. Te quiero con todo mi corazón, Manuela.

 

TALLER DE ALQUIMIA

“Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.”

Que diría Neruda.

No es ningún secreto que me gusta el Otoño. No es ningún secreto que la melancolía es un sentimiento con el que me encuentro familiarizada.

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El Sábado la Asociación Amarena organizó un Taller de Alquimia para niños de entre 3 y 6 años, al que acudimos con Raúl.

El Taller incluía “cuentacuentos olfativos”, almuerzo y una actividad que consistía en que los niños pudieran crear su propio perfume con las flores y frutos que ellos mismos recolectaban, de la mano de la cuentacuentos Gabriela,  que se metió en el bolsillo a todos los presentes con su canturreo y su sombrero rojo.

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Para nosotros fue una maravillosa oportunidad de pasar un rato con Raúl a solas. Para mí, en particular, fue un momento único para disfrutar de Las Fuentes del Marqués en el Otoño. Es un paisaje al que nunca podré terminar de agradecer la belleza. Da igual cuántas veces lo hayas visto…Es, sencillamente, mágico.

Pero como una imagen vale más que las 157 palabras que llevo escritas en este momento, les dejo unas fotos.

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Por cierto.. Que en mi despensa guardo el tarro con la mezcla de mi pequeño alquimista, y allí estará durante los díez días que tiene que permanecer en oscuridad el unguento antes de filtrarlo, y quién sabe? Quizás en el cuarto trastero reposa el próximo Channel Nº 5….

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Gracias a Amarena; gracias a Gabriela y gracias a todos los que participaron e hicieron que la mañana se convirtiese en un cuento de otoño con un perfume especial!

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Hasta pronto!!

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CUENTOS PREFERIDOS, BY LEÑADOR

Bienvenidos y bienvenidas:

Al leñador le gustan los cuentos. Le encantan, de hecho… Y saben lo que les digo? Que menos mal!! Teniendo en cuenta su ascendencia genética, tenía un 50% de probabilidades de que le gustara la lectura y otro 50% de que lo más parecido a la literatura que pasara por sus manos, fuera la contraportada de las cintas de DVD del videoclub…

Por mi parte, si hubiera renegado de las historias impresas me hubiera sentido bastante frustrada, para qué les voy a engañar… Como si le diera por aficionarse al reagetton (tengo mis dudas de que se escriba así, pero para lo poco que voy a utilizar esta palabra en mi vida, tampoco me voy a molestar en buscarla…) o terminara conduciendo una moto de cross.

Cada noche en mi casa se libra una ardua negociación en torno al número de cuentos que vamos a leer… Generalmente lo hemos estandarizado en unos tres; el cuarto vendría a ser el de la negociación… El que estoy dispuesta a ceder pero no se lo hago saber.

Pero claro está que el Leñador tiene sus propios gustos en cuanto a literatura se refiere… Y como las pasiones son como son, casi cada noche terminamos leyendo los mismos.

A continuación les voy a indicar algunas de los que han sido sus lecturas preferidas desde que comenzara a interesarse por ellas y hasta la actualidad.

I.- PRIMEROS CUENTOS

1.- ¿Qué sonido es ese? Animales. De la editorial YoYo: Una apuesta segura. Como su propio nombre indica ya, un libro con los sonidos de los animales.

Al Leñador le encantaba escuchar los sonidos e imitarlos y muy pronto comenzó a memorizar los nombres de los animales.

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2.- ¿Dónde está el bebé tigre? Este cuento fue todo un Hit… La familia Tigre salía de viaje, pero el bebé tigre había desparecido; había que buscarlo por todo la casa. Además de ser un libro con sonido, tenía puertas que abrir, sábanas que levantar, buzones que destapar lo que mantenía al leñador muy pero que muy atento.

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3.- Números, de Combel: Un cuento muy sencillo con números, animales y texturas: Un elefante liso, dos caracoles en espiral… Al leñador le gustaba mucho experimentar con las texturas.

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4.- ¿Dónde vives, Caracol? De Peter Horacek: Un cuento muy sencillo, con unas ilustraciones muy bonitas que capta la atención de los pequeños.

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5.- VIOLÍN, COCODRILO Y LUNA, de Antonio Rubio y Oscar Villán, de la Editorial Kalandraka:

Podría decir que han sido sus preferidos de más pequeño. Están pensados para contarlos entonando y contienen todo lo que resulta atractivo a cortas edades: Ilustraciones muy sencillas y básicas, muy representativas; repetición, acumulación, rima…

El de LUNA lo considero un básico. Raúl nos pedía que se lo contásemos una y otra vez..

El del violín ha sido su compañero durante mucho tiempo porque le permitía imitar los sonidos de los instrumentos musicales, que son una de sus pasiones.

El de cocodrilo es muy útil para empezar a introducir los colores.

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6.- El Pollo Pepe de Nick Denchfield: Un cuento con Pop Up que resultaba muy divertido y sorprendente para los niños. Me gustó especialmente este cuento porque es de los que tienen un desarollo sencillo que permite que sean los propios niños los que lo cuenten solos.

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II.- CUENTOS ENTRE DOS Y TRES AÑOS:

1.- Chica Chicha Bum Bum de Bill Martin Jr: Un rítmico cuento sobre el abecedario. Los sonidos que se emiten y el reiterar la onomatopeya “chicka chicka bum bum” les encanta… Un libro para contar casi cantando.

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2.- La Pequeña Oruga Glotona, de Erik Carle: Un clásico!! Al Leñador le encantaba enumerar todos los comestibles que aparecen en el cuento y descubrir como la oruga pasaba de ser pequeñita a ponerse muy gorda y, después, convertirse en mariposa!!

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3.- Presiona Aquí, de Hervé Tullet: Otro clásico y una delicia de cuento. Un libro interactivo en el que el niño participa en la narración determinando el transcurrir de los acontecimientos e interviniendo en ellos. Divertido y sorprendente.

4.- La cebra Camila, de Marisa Nuñez: Durante largo tiempo este cuento fue requerido cada noche por el Leñador. Me parece un cuento precioso, con un vocabulario muy rico y variado pero también con recursos como la rima, la reiteración y la acumulación que permiten entonarlo, dándole mucho dinamismo y musicalidad.

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5.- A qué sabe la luna? De Michael Gregnieck: Aunque su lectura está recomendada a partir de 5 años, al Leñador siempre le gustó mucho este cuento. Es una preciosa moraleja sobre la amistad, la cooperación y el trabajo en equipo. El Leñador se mantiene siempre muy atento para ve qué animal viene a construir la torre que permita llegar a la luna…

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6.- MAMÁ; De Martina Ruiz Johnson: Una belleza de cuento que explica la vinculación de la mamá con su hijo desde el embarazo, parto, crianza… Con unos versos en rima realmente tiernos y con unas ilustraciones preciosas y muy poéticas… A Raúl le encanta este cuento y, la verdad, a mi también!!

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7.-¿ADIVINA CUÁNTO TE QUIERO? Clásico entre los clásicos!! Una obra preciosa muy adecuada para enseñar la expresividad del cariño, el afecto y el amor, y que si cuentas recreando los gestos de las liebres color de avellana, resultará altamente divertido para los niños!

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8.- LA PEQUEÑA LOCOMOTORA QUE SÍ PUDO, de Watty Pipper. Me parece un cuento muy pero que muy completo… No conseguíamos encontrarlo en castellano, así que finalmente nos hicimos con uno de segunda mano, una edición bastante antigua e incluso algo roto, y en español latino (creo que por todo eso le tengo especial cariño). No obstante me parece un libro perfecto para enseñar a los niños diversos conceptos desde científicos (cómo rueda un vehículo con ruedas cuando hay una pendiente o una inclinación hacia abajo), de lenguaje (el libro cuenta con un rico vocabulario y muchas enumeraciones y, además utiliza distintos tonos y expresividad para los personajes) y hasta emocionales (albergando un mensaje sobre la superación y a confianza en uno mismo).

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9.- POR CUATRO ESQUINITAS DE NADA, de Jerome Rullier: Un cuento también muy completo pues muestra nobles valores como el de aceptar las diferencias; el diálogo; la amistad… Y lo hace a través de formas geométricas en una narración que se agradece por su sencillez.

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10.- BUENAS NOCHES, LUNA; de Margaret Wise Brown: Puede ser uno de mis más favoritos. Es un cuento para dormir; escrito ni más ni menos que en 1947 y que, desde su publicación, ha sido leído por millones de niños antes de irse a la cama y es uno de los 100 libros más vendidos de la historia. El protagonista del cuento se despide de todos los objetos y personajes a su alrededor antes de irse a dormir. La rima, el tono descriptivo, la adjetivación, los colores y los planos… El cuento consigue crear un clima de relajación y el niño se concentra en recordar los detalles de la habitación. Además tiene dos partes que al Leñador le resultan sorprendentes e impactantes: La viejecita tejiendo que dice “sssch no hables” y el “Buenas noches, Nadie”.

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Me queda contarles los cuentos que ahora mismo más demanda El Leñador, pero no quiero que esta entrada me quede demasiado larga, así que lo dejaré para una segunda entrega.

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Espero que les haya sido de utilidad.

Feliz Semana!