UNO DE LOS NUESTROS

DSC_0972

Ni el desquiciante Tubullar Bells de Mike Olfield poniendo música a las espantosas contorsiones de la pequeña Regan; ni el conejo blanco en el Resplandor. Ni tan siquiera “El que camina detrás de la fila” de los Chicos del Maíz. Nada.

Nada es capaz de encogerme el corazón con semejante prestreza; nada sobre la faz de la tierra es más espeluznante que la ausencia de previsión, organización o plan en una casa con dos hijos post-bebes pero pre-infantes, y, como aquél que dice, dos negocios propios.

No hay márgenes. Es una cuestión de supervivencia.

Recuerdo una noche, cerrada, en la que nos recogíamos con la prole a los pertinentes rituales nocturnos de duchas, cenas, cuentos, más cuentos, historias y canciones, cuando nos cruzamos con el andar despreocupado y ligero de uno de nuestros amigos de la especie “solterum sin hijus”.

Por sus fachas los conocerás.

Esta especie mantiene la tersura de la piel. Los ejemplares de Solterum no presentan las características hendiduras que lucen bajo nuestros ojos, en tonalidades que van del verde al negro, pasando por el violeta. Esta especie muestra, con carácter general, el rictus relajado y la sonrisa cuasi imborrable.

Están al día en materia de cine, música y locales de moda. Tienen el spotify cargado de Playlists, se permiten el lujo de quedarse absortos y de despistarse, trasnochan  por costumbre y se beben los gyn tonics sin remordimiento (sus resacas son otras, no nos engañemos… A ver quién sería el guapo si no…).

Recuerdo, con incómodo asombro como soltó, como el que da los buenos días, que estaba hablando con ciertos congéneres (de los de su especie) y que aún no sabía, a las 10.30 pm, si iban a irse al pueblo vecino a las fiestas patronales, a la playa o a Las Vegas. Parecía que no hubiera espacio para horarios, inconvenientes ni compromisos en esa conversación vía What´s app, que seguro que estaba cargada de gifts y chistes verdes. Podría haberse acordado visitar el Taj Majal, y el rictus “del Matute” no se hubiera movido…Un ápice. Qué escándalo!!

Nosotros no salimos sin un plan. Un plan con sus  variaciones. Plan b, c, d… Y cuando la operación reviste FES (fases especialmente sensibles) porque, por ejemplo, implica lugares especialmente peligrosos en términos de integridad física, o nocturnidad, y el abecedario castellano, “ñ” mediante, se nos queda corto, recurrimos al griego; del alfa a la omega: Por si se duermen en el coche, por si no se duermen, por si no se comen la comida, por si comen demasiado, por si hace frío, por si no lo hace; por si se despeñan por cualquier escalera; por si se hacen las 20.07…

A veces me las he dado de despreocupada pero, para ser franca, no me muevo con soltura en el desgobierno. Prefiero organizarme, aunque sea en líneas generales, ir sincopada y evitar la catástrofe: Si no han dormido siesta, son las 20:00 de la tarde del Domingo y el Lunes hay trabajo, cole y guarde, sencillamente NO podemos hacer un road trip hasta un precioso paraje natural 80 Km ha.  Llámenme estricta o estresada, pero si mis hijos se duermen en el coche a las 20.00 de la tarde (que lo harán) no podré volver a mentarles a Morfeo hasta pasadas las 3.00 AM y… Como que no, que al día siguiente, tampoco hay siesta…

Para los Solterum, esto es pan comido.

Eso sí, ellos tampoco experimentan la indescriptible sensación de expansión cardíaca y la profusa irrigación coronaria, cuando los cachorros te llaman mamá…

 

Anuncios

Definitivamente: Se nos ha ido de las manos.

 

DSC_0741

 

Llegué a este mundo aquélla mañana en que me coloqué frente al espejo, con una barriga extraña y distinta y un niño  que lloraba en mis brazos. Llegué cuando, después de mirarme intensamente a los ojos, me desprendí al vacío de la desrealización: Ésa que me devolvía la mirada, no parecía yo.

Todo el mundo anterior confluía en un cruce de caminos que estaba representado en mi hijo.

La transformación y el silencio alrededor me llevaron hasta aquí.

La callada cuando miraba a un lado y a otro en busca de respuestas, me aterrorizaron al principio. Después tomé aire, concluí que era cosa mía; de mi deconstrucción y reedificación personal, y de, repente un día, un papá escribía en internet que hubo momentos en los que deseó devolver a su hijo a la inexistencia.

Me escandalicé y me intrigué a partes iguales, y conforme iba leyendo me iba acurrucando en el alivio y el consuelo de la identificación. Y así es como llegué hasta aquí. Hasta el blog. Y disfruto con la red y sus múltiples posibilidades… Con la accesibilidad a artículos y blogs que entretienen, analizan la actualidad o permiten crear espacios de reflexión y debate sobre lo humano y lo divino.

Pero, Señores y Señoras: Se nos ha ido de las manos.

Y esto es algo que venía sospechando desde hacía tiempo pero que se me reveló definitivamente como un baño de realidad corpórea cuando ví a una blogger sujetando en la mano una raíz de gengibre para contar a sus seguidores que era “uno de sus favoritos del mes”… O en su versión anglosajona, un “currently loving”.

La blogger en cuestión se llama. o se hace llamar “A trendy life”.  (Como a mí no me lee nadie, me puedo permitir las alusiones directas sin miedo a las repercusiones…)

Ya el título del blog es para echarle de comer aparte: Una vida de tendencia. Habla por sí mismo.

A trendy life vive viajando de un lugar a otro del mundo; cambiándose de ropa y compartiendo informaciones que, salvo que estuvieráis juntas desde primaria, hubieran resultado, al menos en otros tiempos, totalmente prescindibles.

A trendy life, como otras, han profesionalizado el mundo de la imagen hasta un exponente que me parece insuperable. He repasado sus publicaciones en busca de valor literario o artístico en sus post, o de algún tipo de pericia o técnica concreta, y no he encontrado más que imagen.

Que no se me malentienda. No es este alegato una crítica a “A trendy life”. Ella tiene 290 mil seguidores en Instagram.

Y lo cierto es que después de darle más de una vuelta, he llegado a la conclusión que todo este mundo, el que se nos ha ido de las manos, no es más que una nueva fórmula de tele realidad; que tan poco de realidad tiene… Es decir: En nuestras pantallas gente normal haciendo cosas normales como criar, ponerse crema de sol, viajar (esto no es tan accesible a todos; por lo menos a los niveles de las influencers que incluyen un par de visitas a Nueva York por año y veraneos en Ibiza) poner lavadoras (esto sólo algunas) e incluso sufrir; y, aunque nos quieran queramos convencer de lo realista que es todo, nuestros viajes siempre son más abruptos: En la playa a nuestro hijo le escuecen los ojos; la arena se mete en el tupper de tortilla de patatas y en las piernas tenemos puntos negros que cruelmente descubre sin piedad la claridad del sol de mediodía; cuando ponemos lavadoras se nos derrama el detergente y cuando sufrimos estamos feos; sin maquillar, y nos vestimos de cualquier manera.

Pero las marcas son inteligentes y han sabido que nosotros nos vamos a creer que es espontáneo, la vida misma; y nos lo creemos porque en parte lo es; pero sólo en parte, y ahí el engaño… Y el influencer; porque si fuera sórdido y no viniera en un envoltorio cuidado al milímetro, no osaríamos a darle al Like.

Consumo blogs. Es más, escribo un blog. En general, muchos de ellos, los considero útiles, interesantes. En muchos me gusta la literatura. La forma en que su autor habla de lo que le place; en otros me identifico y me parecen un espacio de transmisión de sabiduría popular bastante eficiente; algunos me sirven de referencia para descubrir nuevos libros o pelis, recetas de cocina o cómo maximizar el espacio de tu armario… Pero, con todo, en muchos momentos siento que se nos ha ido de las manos.

Sentí exactamente eso cuando leí una publicación de una blogger-influencer-trendsetter que consistía en una foto de su hija pequeña llorando y lanzaba un mensaje del tipo: Si quieres ver lo que le pasaba a mi hija, haz clic en el perfil… Por los comentarios del post se deducía que su hija lloraba porque su padre se había ido o se alejaba… En serio, se nos ha ido de las manos. Qué os parece que más de trescientas mil personas estén en vilo con una niña que llora porque su padre se aleja?

Y el riesgo de deslumbramiento que tienen todas estas verdades a medias me parece delicado, así que me obligo a agarrarme a lo muchas veces cutre de mi día a día, aunque mi galería de instagram esté pasada por filtros.

Me convenzo de que, por más que lo parezca, nadie pasa un día en la playa sin que la arena acabe en los perfiles de las ingles de nuestro bikini; de que cuando me siento a dar el pecho a mi hija, se me forman pliegues o, llamémoslo por su nombre, michelines en la barriga; de que después de que mis dos hijos duerman con nosotros en la cama, aunque haya puesto unas preciosas y gustosas sábanas blancas, me duele el cuello; de que nadie se toma el café en la cama todos los días mientras lee un libro y tiene la pedicura perfectamente hecha, todo junto.

Y así, consciente de que no todo es mentira, pero todo no es verdad, navego por este mundo tan inmediato, novedoso y tremendamente útil, pero tramposo, embustero y demasiadas veces, frívolo.

 

PD.- Pongo una foto así, reflexiva y tal.

 

 

 

 

 

 

Los hijos o cómo poner a prueba tu matrimonio.

Querida pareja de enamorados, recién casados o no casados, que soñáis con el momento en el que tengáis que darle un nuevo uso a la habitación de la plancha:

No os equivoquéis.

DSC_0203

Tener hijos no es sólo que papá los cargue a hombros mientras mamá los mira y se enarmora y reenamora. Tener hijos trasciende las lágrimas de emoción en el paritorio. Va mucho más allá. Tener hijos no es dar paseos los Domingos por la mañana, ni tener fotos familiares en el hueco de la escalera.

Nos recuerdo ahora con el retoño envuelto en la toquilla de punto y lazos, maquillada  por aquéllo de empezar el postparto sintiéndote mona, y el de los 70´con los ojos ojerosos y de un lado a otro con los papeles para la inscripción en el Registro, pero con aquella sonrisa imborrable y bobalicona, y pienso:! Qué infelices!!

Tres días en casa son ya suficientes para comprobar, aterrados, que el sueño se ha transformado en pesadilla.

Quién lo probó lo sabe.

DSC_0176

DSC_0159

DSC_0187

De repente NO PUEDES DORMIR. NUNCA.

Te encuentras con los pezones agrietados (con grietas por las que sale sangre y se convierten en costra); con los puntos de la episiotomía infectados, con un bebé llorón a todas horas clavando las encías en esos pezones agrietados, y completamente exhausta.

Y tu marido también: Agotado, perdido y confuso; posiblemente más que tú porque él no se ha pasado nueve meses leyendo el foro “enfemenino” ni los 500 blogs de maternidad que tú tienes entre los favoritos. Él no sabía “qué se espera cuándo se está esperando” ni le ha quedado claro que dar el pecho es “Un regalo para toda la vida”. Así que él, aún más que tú, no entiende nada.

Durante estos primeros meses, los cambios y la vida se tornan tan brutales, bestiales que no reflexionas; no piensas ni añoras. Te centras en sobrevivir. En salir adelante. Sufres una regresión a tu ser primitivo y te contentas con comer o sentarte en el sofá el rato en que viene tu madre y te coge al bebé.

DSC_0133

DSC_0198

DSC_0193

El tiempo va pasando y el cansancio, la inseguridad y la presión se van expandiendo como una plaga en las neuronas de tu cerebro.

Él vuelve al trabajo y cuando llega por la noche se encuentra en el salón a una persona inescrutable. Con los ojos hinchados  y con la vacuidad que deja la derrota. En la cocina los platos sin fregar; la bañera llena y las toallas en el suelo; las ropas en las sillas y la lavadora sin poner.

Son casi las once de la noche y, mientras ella espera de él compasión porque no ha podido ducharse en tres días y se siente absolutamente odiosa, él se muere de hambre porque desde las 14.00 horas en que pudo racanear del plato un filete de pechuga mientras sujetaba al bebé, no ha comido nada.

Ceda quién ceda, habrá un herido.

DSC_0178

DSC_0175

En esta tesitura no es nada difícil que la relación de pareja quede enquistada en el reproche: “No te imaginas el día que he llevado en el trabajo”; “Yo no me he podido sentar ni cinco minutos..”

Y vuestro buen hacer empieza medirse por las veces en que cada uno se despierta por la noche.

Cuando decidís destapar la caja de pandora, comprobáis compungidos que no sois los mismos. Y cuesta aceptarlo.

No; no somos los mismos. Probablemente nos reímos menos; somos menos despreocupados; incluso menos ágiles desde el punto de vista del ingenio. Menos cariñosos, seguro. Menos sexys, por descontado. Menos pasionales y menos modernos.

¿Cómo vamos a serlo? La vida se ha precipitado por el embudo de la responsabilidad de los niños y el trabajo. Toda tu energía, tu tiempo y, lo que es sin duda más importante, tu capacidad de concentración, está dedicada a sus necesidades; las del trabajo y las de la casa. Pagar las facturas; qué van a comer; qué se van a poner; ¿tenemos ropa limpia?; hace falta comprar fruta; hay que hacer algo con esos celos…

En algún lugar que hemos dado en llamar “más adelante” se aglutinan las conversaciones inacabadas; interrumpidas por un llanto; un conflicto o la dictadura del reloj.

DSC_0188

Y con la seriedad de la carrera, cómo no contemplar la posibilidad de abandonar, o de lesionarse.

Y sin embargo, por paradójico que parezca, yo creo que el reto es revelador. Transformador. Una dimensión paralela que me resultaba ajena, oculta, antes de que llegara El Leñador.

Esa nueva dimensión también se proyecta sobre la relación de pareja. Hay una complicidad; un secreto; una vivencia límite y salvaje que sólo vosotros dos conocéis. A veces hay un miedo cruel; otras un júbilo indescriptible; a veces extenuación y otras gratitud; pero en cualquier caso, sólo a los dos se os revelan de modo tan similar.

Como en todo, se avanza combatiendo; pero no contra el otro, sino junto a él. Y cuando se dispara el fuego amigo, la paciencia, la comprensión y el perdón, refuerzan las tropas.

El humor es el arma estrella: Capaz de derrotar hasta el más temido de los adversarios. Si aquél día en que te levantas por la mañana y no hay ni un solo calzoncillo para ponerle a tu hijo, en vez de montar en cólera con tu pareja porque se ha olvidado de poner la lavadora, simplemente os miráis y os echáis a reir, porque sólo vosotros dos sabéis que con la semana de trabajo, ocupaciones y obstáculos que habéis tenido que superar, es una proeza que sólo os hayáis olvidado de la lavadora, entonces la recriminación y la distancia, quedan reducidas a escombro.

DSC_0199

DSC_0151

Y, por supuesto, querida pareja que os representáis vestidos en peto vaquero eligiendo el papel de la habitación, dejad de mirar películas de Hollywood*. Eso no os va a hacer ningún bien. La realidad es otra distinta… Mucho peor y mucho mejor. Mucho más real.

* Yo, que soy una devota del 7º arte, tengo por ahí algunos títulos que me parecen muy altamente recomendables y que tratan precisamente, el tema de las relaciones de pareja, pero de un modo real.  Me propongo irlos recopilando y escribir un post.

Lo que de verdad importa.

Miércoles, día 26 de Abril, 11:00 AM. Estoy en el despacho. ¿Por qué siempre me sucederá lo mismo? A finales de Marzo me congratulo de lo tranquilo que se atisba el mes de Abril y me regocijo ante la expectativa de no abrir el pc durante los cuatro fines de semana que nos brinda; con sus Sábados y sus Domingos. Tengo que adelantar trabajo que luego llegan los imprevistos y se me vuelve a liar el “zompo”, pienso…

Pero qué demonios, el relajo no me sienta bien. Al final ya tengo el zompo liado. Menudo final de mes; y los impuestos, y los plazos, y las vistas… Y las citas y reuniones. Recuerda la de las 12, me prevengo.

Suena el móvil; es un mensaje de What´s app:

La zozobra y la ansiedad por los plazos, las vistas, los impuestos, las reuniones se diluyen, se deshacen como la cera de una vela encendida. La lista de tareas y los pensamientos, la gestión del tiempo y la organización se acomodan en lugares secundarios cediendo el paso amablemente.

Parece mentira, con lo importante que parecía todo eso hace diez segundos.

Suelto el móvil y lo dejo sobre la mesa. Tengo dos minutos para tomar una decisión; para moverme en realidad. La decisión la he tomado ya. De forma casi involuntaria; refleja.

Cojo el bolso. Llamo a mi secretaria: Cancela la reunión. Tendré que darme prisa si quiero llegar a tiempo.

Cojo el coche. Me muerdo el labio. Tengo que darme prisa si quiero llegar. Ya me lo dijeron la semana pasada; pero lo olvidé. ¿Cómo pude olvidarlo? Tienes demasiadas cosas en la cabeza, me autodisculpo.

Suena el móvil de nuevo. Otro mensaje de What´s App: Oh no!! Ya están ahí. No voy a llegar. Meto la 6ª. Corro un poco más.

Mierda! Me lo estoy perdiendo. Me la estoy perdiendo. Y si está asustada? y si no lo comprende…? Y si le encanta? Cómo será su cara?? Mierda!! Me lo estoy perdiendo.

Estoy llegando; me quedan cinco minutos. Suplico al cielo: Que no se hayan ido todavía.

Cojo, por fin, la calle que lleva a la guardería de mi hija. Todavía se oye la dulzaina. Y el tambor. Aún están ahí.

Aparco, por decir algo.

Salgo del coche. Activo el modo rastreo y la localizo: Está contenta!! Hace palmas!!  “El Tío de la Pita y Tamboril” entonan la serafina y mi hija baila, agacha las piernas y mueve las manos haciendo círculos. balbucea algo parecido a Serafina y se ríe, con la boca muy abierta y los ojos achinados.

Me ve y de inmediato gira la cabeza hacia los músicos. Quiere mostrármelo. Quiere enseñarme lo que ha descubierto. Si yo no hubiera estado, también habría querido enseñármelo. Menos mal que estoy. Menos mal.

La cojo en brazos y baila, sigue bailando y mirándome, y mirándolos, y riéndose, y me está queriendo decir: Mira, mamá, cómo cantan, y tocan música, y me estoy divirtiendo y me gusta. Y me lo está diciendo.

Y con toda seguridad, el mes de Mayo tenga menos fines de semana, pero ha valido la pena.

El tío de la Pita es lo que de verdad importa.

IMG_8696

IMG_8923

IMG_8744

IMG_8969

DSC_0144

Feliz día de la Madre a todas las mamás del mundo. Todos los días, son los días de las madres; pero qué bien que haya uno en el que se acuerdan de decírnoslo!!

PD.- Las fotos son de un viaje a Amsterdam y Utrecht que hicimos en Semana Santa y del que escribiré algo por aquí.

La La Land

la_la_land-262021831-largeA mi me gustan los musicales.

En general me gusta la combinación entre teatro y música o cine y música.

Yo no soy ninguna entendida en cine, aunque me gustaría, y reconozco que me da envida la gente capaz de hacer referencias a los clásicos cuando hablan de fotografía o montaje. A mí la fotografía y el montaje me llegan en el mismo paquete que todo lo demás. Me pasa como con las canciones; me gustan y me emocionan y me conmueven o me despiertan, y no sabría decirte si es por el arreglo de guitarra o por el compás de siete por ocho.

Vamos, que soy público general. Pueblo llano.

Como decía; me gustan los musicales. No son mi género favorito; pero recuerdo un buen número de películas que han hecho maca en mi vida en las cuales la música ha jugado el papel de lanzadera. Ha cogido la historia y la hecho llegar directamente, a propulsión,  a donde ha dolido un poco y ha dejado tara… Pequeña pero visible; o no visible pero perceptible en la versión  de mi misma “después de…”.

Me ha gustado mucho La La Land. Probablemente porque sigo siendo una romántica con pájaros en la cabeza. Probablemente.

Probablemente por eso, la fotografía rememorando los musicales americanos de los años 50 y creando un espacio onírico y de colores penetrantes sí que ha conseguido en mí ese objetivo poco disimulado de despertar la ensoñación.

La música me ha cautivado. La melodía de piano que se repite como un recurso narrativo para contar aquello que no se puede contar del todo con guión ni imagen. Mientras la escucho, yo trascribo la historia, la de la película y la mía, en emociones.

El número musical que da inicio a la película, me dispuso en un MODO ACOGIDA “ON” y, aunque me pareció un poco previsible y poco genuino, me gustó su enfoque californiano. Me divertí y me generó sentimientos juguetones y optimistas, tan poco frecuentes en la vida moderna, como necesarios.

La canción que Mía (Emma Stone) interpreta en el Casting que la va a llevar a la consecución de lo que dio un guión a su vida bajo el título de “sueño”, me conmovió;  porque hablaba de soñadores y corazones rotos y sufrientes y eso es el caldo de cultivo de los románticos como yo. Y porque Emma Stone está fea cantándolo pero lo transmite todo. Nada parece haberse dejado esta chica sin recoger, procesar y distribuir.

Los actores protagonistas (cierto que los secundarios serían más bien terciarios) me han fascinado. Emma Stone (que ya me dejó su nombre bien aprendido en BIRDMAN) me pareció simplemente EXCESLA. En cada movimiento y en cada mirada y en cada sonrisa y en cada expresión, confirma una empatía muy singular y reseñable.

Ryan Gosling no alcanza el nivel que ella marca, pero resulta convincente y hace un buen trabajo.

Cierto que no bailan y cantan como Fred Astare o Ginger Rogers, pero la verdad, tampoco hace falta. Quizás por eso no le vale a la película el reconocimiento de género musical en sentido puro… Y qué? Los protagonistas bailan y cantan, y con ello consiguen enternecer, apasionar, disponer…

Yo salí del cine con ganas de bailar y cantar.

Y la historia.  La historia es el epicentro que marca el fondo y la forma de todo lo demás; y todo lo demás está al servicio de la historia. Y la historia es simplísima; de lo más simple; porque habla del amor; o enamoramiento (como quieran decirle). Chico conoce a chica, se enamoran y después hay problemas.

Pero la historia se cuenta con toda la complejidad de la realidad; de la vida y del amor (o enamoramiento) .

La película consigue transmitir que el ser humano bajo el efecto del enamoramiento es invencible (o eso se cree); absolutamente poderoso; que es un estado de alteración de la conciencia, felicidad y dulzura inigualable. Y la película lo traslada como nadie en algunas escenas que me abrumaron de bonitas: Como cuando Mía pasa con el coche por el cine en el que ha quedado con Sebastian y le cambia el humor en un instante (porque el amor actúa como anestesia de los golpes del fracaso y de la humillación);  como cuando en el cine buscan el primer contacto físico con las manos, o la del baile en el planetario (que no puede representar mejor la sensación de estar en las nubes; como en un viaje astral fuera del mundo burdo, ruidoso y soez).

Y luego está la vida, que persigue incansable a los enamorados con sus obligaciones, sus responsabilidades, su amenazas en forma de miedos (a la soledad, a la humillación, al dolor), sus exigencias, sus varapalos a base de fracasos, de facturas, de cuentas pendientes; de rencores, de pasado, de futuro… Y luego está el propio ser humano; y el desengaño, y el desencanto y el desenamoramiento. Y los colores se van oscureciendo en la paleta de rosas.

Ya no parece tan simple, y las canciones y los bailes y la luz de la luna van quedando reducidos a algunos momentos, y bajando… Llegar al punto de preguntarte en qué punto estás y cómo has podido llegar hasta ese punto. Los esfuerzos de uno y otro; los intentos de hacer tabla rasa, las terapias de pareja… Ya no parece tan simple.

Y el final. Tristísimo. Aunque no lo quiera parecer. Porque lo más tremendo de todo es que se sigue viviendo. Se mira para otro lado y a otra cosa… Que de tanto elegir a veces acertamos  y otras no y eso nunca lo sabes cuando haces la elección; a veces lo sabes después, y otras, tampoco.

Y, como casi siempre (como me pasa cuando le pregunto a google por los síntomas que padezco, que siempre me responde que tengo sida) cuando termino cualquier reflexión de tipo vital emocional, concluyo que hay que disfrutar de las cosas de la vida que nos hacen felices. Tan simple y tan no. Y las que nos hacen desgraciados, simplemente resistirlas, y levantarse luego, malherido o mutilado, pero un poco más sabio y un poco más fuerte. 

UN AÑO DE AMOR

 

De puro amor. De amor expansivo. De amor del de verdad y no del de Oficial y Caballero.

Un año hace ya desde que llegó a nuestras vidas Manuela, sin tanto ruido como su hermano, pero con las mismas nueces. O más. Se dejó caer en nuestra familia como “el que pasaba por aquí” y descubrió solita su lugar; sin que nadie se lo mostrara. Se acomodó en él como la masa en el molde.

IMG_9873

Y esta niña nuestra, promete. Promete volvernos locos. De amor sí, pero de psiquiatra también.

La muy (puñetera) lista, que sabía que no era la primera ni la única, se ganó nuestra confianza durante cuatro meses, a base de noches “casi” del tirón;  tardes en la hamaca y sonrisas cándidas desde un maravillosamente interpretado conformismo.

DSC_0192

Y cuando ya estábamos convencidos de que habíamos sido bendecidos por Dios con una hija “buena” (léase que nos deja dormir, comer con relativa tranquilidad y de la que podemos presumir en una velada con amigos, mientras gargajea desde su cochecito)… Entonces ZASCA! Pero qué os habíais pensado? ¿Que iba a renunciar a mi quíntuple ración de teta nocturna y a mis relajantes paseos de madrugada, en brazos de papá o mamá?  . Se acabó lo de poner mis 10 kilos de cuerpo compacto en el carricoche, la trona, la hamaca, el parque y cualquier endiablado lugar en que queráis meterme que no sea sobre vuestro confortable regazo. Se acabó lo de entablar conversaciones adultas y olvidaros de que estoy aquí. Se acabó lo de pretender que me duerma sola, sin el dulce arrullo de las canciones y los balanceos de papá o mamá… De eso nada.

Y, claro, ya que nos tenía absolutamente rendidos a sus pies, no podíamos más que acatar sus deseos y resignarnos a seguir durmiéndonos por las esquinas unos cuantos años más.

Y es que, créanme, esta hija mía, como diría mi padre: Si la tiras a la pared se queda enganchada.

DSC_0430

Manuela es mucha Manuela. Puede pasar de la determinación y el coraje más absolutos agarrando a su hermano de la camiseta para hacerse con lo que tenga entre las manos al grito de algo que podría sonar como un feroz gruñido de animal salvaje, al llanto más melodramático y escandaloso, llevándose el brazo a los ojos en una expresión de “pero qué mundo más cruel”, cuando no le permites que meta la mano en las aspas del ventilador o en la resistencia de la tostadora.

Manuela es puro carácter y, sin embargo, cuando menos te lo esperas, muta en delicioso algodón de azúcar y ofrece abrazos y caricias de una dulzura  capaz de enternecer al mismísimo Yago de Otelo, Milady de Winter o al propio Hannibal Lecter.

Nuestra Manuela, que es un poco macarra, pide agua como déspota dictadora ordenando a sus vasallos y, sin embargo, es la persona que más se congratula con nuestra compañía. Derrocha simpatía y cautiva la mirada de propios y extraños con sonrisas sinceras y bailonas, que van directamente al centro neurálgico de nuestros corazones.

img_1647

Ella, que de momento no parece muy interesada en comunicarse con el idioma de los adultos, articula y encadena grititos adorables cuando está contenta; hace pedorretas y, en general, despliega una actividad sonoro-orquestal hilarante con la que se hace entender con total claridad.

Comienza a andar sus primeros pasos con los brazos en alto y cuando suena la música, como resorte automático, se arranca a bailar con una gracia irresistible capaz de arrancarme de cuajo cualquier preocupación.

Nuestra pequeña contestataria llegó en un momento en el que parecía que no podíamos aprender nada sobre el amor; y nos ha dado una magister class. Resulta que después de la pantalla en la que “te pasas” al monstruo, todavía hay otro nivel. Uno en el que nos hemos adentrado con menos miedo que en el anterior pero que nos ha reportado sorpresas igual de indecibles; sensaciones igual o más reveladoras y transformadoras, y unas cuantas certezas absolutas que, al menos a mí, me hacen la vida más fácil; menos turbadora.

Manuela, con su boca de piñón y su culo inquieto, ha cerrado un círculo y ha liberado los lazos que dan estabilidad a nuestro hogar.

IMG_6523.JPG

Por no hablar de la relación que ha creado con su hermano y que sea, probablemente, lo más favorito que tengo en la vida. Más, incluso, que la tarta de Santiago. Ver a éstos dos abrazándose es mejor que una invitación personal a la gala de los Oscars.

IMG_6574.JPG

Pues ésta, nuestra Manuela valiente y guerrera, inteligente y cariñosa; simpática y honesta; apasionada y testaruda, cumple un año ya mismo y yo llevo todo el día con los ojos de par en par de incredulidad. Excitada de imaginar las cosas que nos quedan por vivir junto a ella, e irremediablemente melancólica por el imparable e irreversible desfile que nos brinda el calendario, hacia delante, sin contemplaciones ni concesiones.

_LZC8895

Sin embargo, desde aquí, y por si algún día en tu adolescencia quieres avergonzarte de tu empalagosa madre, te deseo un feliz feliz primer cumpleaños. Te quiero con todo mi corazón, Manuela.

 

Trabajar y criar en casa… Y ser una incomprendida.

Absolutamente MISUNDERSTOOD.

Resultado de imagen de conciliación trabajar desde casa

Los que de cuando en cuando se dejan caer por aquí, muy a pesar de mi descarada mala gestión de este espacio y mi flagrante falta de atención a las estrategias SEO o posicionamiento en internet, sabrán que soy abogada. Y madre, claro.

Algunos, los más fieles, sabrán incluso que tengo el despacho en Murcia  y resido, al menos por el momento, en Caravaca de la Cruz.

Lo que algunos (sobre todo algunas) intuirán, es que a veces trabajo desde casa. ¿Qué les parece?.

Si han conseguido seguir hasta aquí sin que les estalle la cabeza, vamos bien. Podemos continuar. Trabajar; lo que viene siendo prestar un servicio profesional a cambio de una retribución, generalmente económica… Y hacerlo desde casa.  Parece fácil, no? (no lo de trabajar desde casa, que de fácil nada pero que es harina de otro costal). Me refiero, sin embargo, a que parece fácil de entender.

Ay amigos! Si lo ven tan fácil es que no han trabajado desde casa.

Apuesto a que muchos de mis seres más cercanos piensan que, una vez que cierro la puerta de la habitación con mi pc y montones de expedientes, los niños a buen recaudo (ya en su cole o en la habitación contigua) , comienza la juerga para esta servidora. No se si me imaginan más comprando como una loca por internet; cotilleando el facebook de las mamás del parque o, directamente, tumbándome en la cama con el despertador puesto a las 14.00 horas, y entregándome al sueño sin pudor (un escalofrío me corre por la espalda cada vez que pienso en sueño placentero e ininterrumpido… Me recuerda al anuncio del Magnum que utilizaba el esologan “placer adulto”: Tan sugerente; tan inaccesible…)

Puede parecer exagerado; o puede incluso que lo sea, pero no les miento en absoluto si les digo que a muchos de mis allegados la flexibilidad de trabajar en casa llega a significar que “ya, si eso, después de recoger la casa, salir a correos, hacer la compra y llamar al fontanero para que revise la caldera, te puedes tomar diez minutos para comprobar el correo.”

Dar seriedad al hecho de trabajar desde casa es difícil, dificilísimo. Tan difícil que a mi me ha costado años encontrar la fórmula para alcanzar la toma de conciencia, propia y colectiva. Aún más, tan difícil que ya he asumido como irremediable que en la conciencia de mi grupo, trabajar desde casa nunca será del todo trabajar.

No es ni el momento ni el lugar para discurrir sobre el origen de esta percepción en algunos sectores o muestra social, aunque está íntimamente unido a la forma en que, en gran medida, se contempla el trabajo en nuestro país. Tienes trabajo siempre que tengas hora de entrada y salida y un jefe que lo supervise.

Les voy a poner un ejemplo:

Conversación que podría ser con mi madre, mi marido o la vecina del segundo:

  • (cualquiera) Esta semana hay que...
  • (yo) Yo mañana no puedo…
  • (cualquiera) ¿Es que vas a Murcia?
  • (yo) No
  • (cualquiera) ….. Silencio solícito, gesto de duda, falta de entendimiento.
  • (yo)… Pero tengo que trabajar… Aquí.
  • (cualquiera) Ah. Aprobación formal. Puramente complaciente. El gesto dubitativo no se ha canteado.

Tanto es así la cosa que muchas veces, aun cuando no resulta estrictamente necesario, conduzco mis 160 Km para ir al despacho. Me resulta más fácil que andar convenciendo a todo el mundo de que tengo que trabajar de todos modos; y del mismo modo.. Sin perder un minuto.

Desde hace algún tiempo creo que lo he dominado, y aunque es, más que nada, cuestión de tiempo y sistema de prueba-error, hay algunas medidas que he venido adoptando que me han ayudado a elevar  la holgazanería de quedarse en casa frente al ordenador, a la categoría de trabajo.

En primer lugar, me pongo un horario. Es vital, absolutamente imprescindible si las horas de tu día (como me pasa a mi) están absolutamente ajustadas.

En segundo lugar me visto y arreglo como si fuera a trabajar fuera. Si le dices a tu madre que estás trabajando y te encuentra a las 12:00 horas de la mañana con la bata puesta y el moño despeinado, olvídate. Has perdido todo el crédito. No sólo no pensará que estás, efectivamente, trabajando, sino que probablemente considerará que eres vaga hasta para arreglarte.

No contesto el teléfono (para cuestiones personales que no parezcan importantes) y trato de olvidarme por completo del cesto de la ropa sucia, del montón de plancha y de las pelusas de debajo de las camas. Pongo el modo indiferencia hacia las faltas del hogar y me encierro en la habitación hasta que finaliza la jornada.

Para poder hacer un trabajo a distancia exitoso, es primordial tomárselo en serio. Si no se hace de este modo, les aseguro que he tenido ocasión de experimentarlo, resulta altamente frustrante y no funcionará.

 Y, con todo, Señores y Señoras que trabajan desde casa, no dejaremos de ser unos incomprendidos .