Feliz Cumpleaños

A ver cómo salgo de ésta con dignidad.
A ver cómo consigo decirlo sin que todos los del Facebook me eliminéis de vuestra lista de contactos.
A ver si, después de esto, mis amigas quieren seguir quedando conmigo.

Querido hijo mío de mis entrañas:
Hace cuatro años y un embarazo que era yo una moza joven y resultona de medidas aceptables, altura media y sonrisa permanente. Tenía la piel delicada pero tersa y los pechos pequeños pero bastante bien colocados.
Por aquél entonces andaba yo fascinada por Tom Waits y estaba leyendo Octubre Octubre, de Sampredro.
En esos tiempos había sido herida por AMOR, de Haneke  y frecuentaba bares y pubs con la cotidianeidad con la que ahora vamos al parque.

img_1744

Pero llegaste.
Y cambiamos cervezas en la barra de los locales de moda, por bares de comida ignominiosa pero con piscina de bolas o aledaños parques fabricados con petróleo.
Me estás haciendo vieja, pequeño. Las arrugas se me acumulan en el contorno de los ojos y la boca, me arranco las canas aún a riesgo de que se multipliquen, y, aceptémoslo, mi barriga nunca va a volver a ser lo que era.. (Aprovecho para pedirle al Sr. Amancio que se abstenga en lo sucesivo de recuperar el maldito crpped top).

 

Mi espalda lamenta su suerte por la incapacidad de retornar a su posición original (aunque, oye, DON´T PANIC, he leído que las mujeres están más sexis cuando arquean la espalda…. Una noticia muy interesante, sí.).

Me cuesta seguir las conversaciones de las no-madres sobre las puñeteras series del Netflix y he asumido que la frase: “A ver si quedamos y nos tomamos algo”, es una fórmula de cortesía.

Pero déjame decirte, hijo, que el día de tu fiesta de Navidad en el cole, me temblaban las piernas. Estaba asustada, y lloré. Y también con el primer concierto de violín en el que participaste. En realidad, estoy empezando a sospechar que voy a tener que buscarle un hueco a este miedo barra emoción que me viene tocando las narices desde que las relaciones te las montas tu solo; sin mi intermediación

Y voy a decirte otra cosa: Se me cae la baba aunque sea la vez número 17 que interpretas el baile de Corre, salta, juega Es Navidad! y no puedo evitar venirme arriba y seguirte los pasos como cuando en mi juventud me ponían en la discoteca esa canción de Juanes.

Tenerte así tan cerca, en mi propia casa, es una gozada. Es mejor que conocer a Nick Cave (y créeme que para mí esto es mucho).
Ya no eres más un bebé.
Por el amor De Dios, quieres ser astronauta! Tienes tu propio color preferido y pones tu nombre.


Y estoy  embelesada.

Estoy embelesada porque ahora eres un niño noble y bondadoso; generoso, espontáneo, fuerte e inteligente.
Me declaro fan absoluta de tus dibujos de barcos y toboganes. Tus circuitos de trenes son una chulada, y me encanta la forma en que no guardas los secretos.

IMG_6373

Hijo de mi corazón: Has marcado nuestra vida con una profundidad extraordinaria. Y ahora me arrastras de la mano a un mundo maravilloso; de descubrimiento e inquietudes. Y no se me ocurre viaje más fascinante.
Es un privilegio sentarme frente a ti y observarte  resolver y comprender.

Hijo: Te pienso en la intimidad y me tienta la idea de abducirte un poco. Para tenerte aquí, paseando cars por las paredes toda la vida. Pero no es justo, lo sé. Porque en ese mundo de bastantes mentiras, de flagrantes injusticias y de artifiosidad insoportable, también lo vas a pasar francamente bien.

Te reirás a carcajadas; bailarás; quizás sigas tocando el violín. Y te emocionarás con una canción. Llorarás: Unas veces será liberador; otras, doloroso.

Te enamorarás. Sentirás tensión y miedo… y ojalá tengas muchos momentos de paz. Te traicionarán y tú también lo harás. Te repondrás.

Todo eso lo harás por ti mismo. Pero déjame decirte, hijo, y no quiero que te olvides, que yo  estaré aquí. Justo donde ahora, queriéndote y queriéndote.

IMG_7635

Feliz Cumpleaños, hijo mío.

Anuncios

DES-PERTENENCIA

Son días de familia. De vuelta a casa y de hogar. Son días de patria, de identidad y de gregarismo. De compañía.

Son días de infancia.

Hay, sin embargo, algo oscuro e indescifrable en perder a un padre. Como una revelación cruel y torticera; como una verdad de plomo que sólo se verbaliza con silencio. Un secreto que se hace incompresible a los demás.

Algo que se va quedando frío y compacto. Como el agua que resbala y se pierde; como el regusto de las luces que se apagan y los ecos que desaparecen. Hay una soledad originaria. Un plano que se abre y que se abre; que se expande. Un punto que se difumina, una cuerda que se parte.

Hay una añoranza rencorosa. Un dolor un poco envenenado; porque se haya ido, pero también porque te ha dejado, así, en el plano abierto y con la cuerda rota.

Hay un misterio que se calla, que se envuelve y se consagra.

Y al hablar del padre muerto sientes ridículo; porque antes de decirlo sonaba más importante. Y una vez fuera, todo lo demás se reconstruye. Por eso callas. Y dejas que siga siendo plomo.

Recuerdo de las historias de hospitales. Viejas conocidas traicioneras.

Recuerdo de aquello por lo que se quiere y de aquello por lo que, todavía, no se quiere. Pero sobre todo, impulso de pertenencia. A las luces y a las sombras. De unas y otras brotaron las miserias y las deidades.

En voz alta: Te echo de menos, papá.

papa

 

 

A LOS SEÑORES DEL INE

Señores del Instituto Nacional de Estadística que han iniciado los trámites para sancionarme con la cantidad de 130 Eurajos, por haberme retrasado en el envío de información solicitada; déjenme decirles algo:

Me hago cargo de la utilidad social de su labor, y también de la oportunidad de fijar plazos a los requeridos, como única forma posible de cumplir con sus objetivos y finalidades.

Háganse cargo Ustedes, no obstante, de que soy abogada (ya lo saben, porque lo ponían en el formulario) y madre. De dos niños pequeños: De tres-casi-cuatro y uno-casi-dos años, respectivamente. Y de que soy autónoma.

 Déjenme decirles que mientras Ustedes me requerían, el TSJ me emplazaba para formular demandas; que en los quince días sucesivos a recibir su notificación he tenido varios señalamientos; unas cuantas citas, reuniones que atender, comunicaciones que redactar, llamadas que devolver… Infinitos e mails que contestar.

Déjenme decirles que he estado enferma; con un virus del demonio. Y que mi hija también lo estuvo primero, y que mi hijo estuvo después.

Háganse cargo, por favor, de que mi hijo ha tenido que preparar su concierto de villancicos del Conservatorio; de que teníamos que ensayar todos, todos los días.

Quiero decirles que ha sido el cumpleaños de mi abuela. Que ha cumplido 94, y que había que celebrárselo. Porque 94 no se cumplen todos los días.

Sepan también que tengo cierta conciencia respecto de aquello en lo que quiero que los niños inviertan el tiempo. Que les puedo poner la tele cuando llego a casa para secuestrar toda actividad cerebral y, consiguientemente física, de sus masas grises y seguir trabajando, cumpliendo trámites; atendiendo requerimientos administrativos o recopilando datos, pero que no quiero.

Quiero que sepan que cada Viernes me he llevado la maleta del trabajo a casa. Y que lo detesto. Que casi no recuerdo la sensación de dejar el PC en la mesa del despacho; cerrado, apagado, y largarme. Solo con el bolso. Sin la carga; la física y la otra. Con horas por delante.

Me gustaría que supieran que cada semana mis suegros, mi madre, mi marido y yo tenemos una cumbre para organizarnos la semana. Que a veces, incluso, tenemos que pedir refuerzos a mi hermana y cuñados.  Y que seguimos una férrea disciplina. Sin fisuras. Con plan a, b y c.. Porque todos tienen compromisos, trabajos, requerimientos y burocracias a las que atender.

Quiero que sepan que no encuentro el hueco para hacer deporte; y que me duele la espalda.

Que viajo cada día más de una hora y media y, últimamente me revuelvo en el asiento frente al volante, porque así, sentada, no puedo acudir al Registro de la Propiedad ni comprar los plátanos que se han acabado en casa.

Aunque me da vergüenza, déjenme que les cuente que tengo las cortinas del salón en la colada desde hace dos meses. Y que la lámpara del baño sigue sin poner. Y que a mi hija pequeña le llevo el babi a la guardería una semana sí y otra no… Porque si entra en el cubo de la ropa sucia un Viernes, no sale de ahí hasta el Sábado siguiente.

Déjenme decirles que mi marido ha trabajado mañana y tarde, y a veces noche.

Les quiero contar que NO ME DA LA VIDA. Les quiero decir que muchos proyectos personales y otros tantos profesionales se me acumulan en la parte trasera de la agenda, donde va lo que no es PARA YA. Que es casi todo; casi todo lo que no tiene que ver conmigo.

Y, entiéndanme, Señores del INE, no pretendo victimizar mi posición; lo que quiero es que  de su parte, se hagan cargo. De la suya, y de todas las partes.

Y así las cosas, Señores del INE, ruego acepten mis disculpas. Las que también tengo que pedir a las “seños” de la guarde de mi hija por no haber llevado aún la ropa para la fiesta del Viernes; por retrasarme una semana en conseguir una pandereta para el villancico. Las mismas que tengo que pedir a mis amigas por no contestar a los What´s App.

Y les pido que no me sancionen. Que se hagan cargo de que es Navidad y tengo que pagar peaje y aduana para tres Reyes Magos con sus Pajes y sus Camellos; y que algo les tendré que poner para cenar. Me han dicho que son de buen comer.

Quizás, en sus mentes de estadistas, pueden concluir que, estadísticamente, las mamás y papás que trabajan dentro y fuera de casa, emplean una media de entre 30 y 45 días en responder a sus requerimientos… Y quizás, haciéndose cargo, puedan establecer plazos más flexibles, o generosos.

Señores del INE, si me tienen que sancionar, háganlo, pero por favor, háganse cargo de que NO ME DA LA VIDA.