Trabajar y criar en casa… Y ser una incomprendida.

Absolutamente MISUNDERSTOOD.

Resultado de imagen de conciliación trabajar desde casa

Los que de cuando en cuando se dejan caer por aquí, muy a pesar de mi descarada mala gestión de este espacio y mi flagrante falta de atención a las estrategias SEO o posicionamiento en internet, sabrán que soy abogada. Y madre, claro.

Algunos, los más fieles, sabrán incluso que tengo el despacho en Murcia  y resido, al menos por el momento, en Caravaca de la Cruz.

Lo que algunos (sobre todo algunas) intuirán, es que a veces trabajo desde casa. ¿Qué les parece?.

Si han conseguido seguir hasta aquí sin que les estalle la cabeza, vamos bien. Podemos continuar. Trabajar; lo que viene siendo prestar un servicio profesional a cambio de una retribución, generalmente económica… Y hacerlo desde casa.  Parece fácil, no? (no lo de trabajar desde casa, que de fácil nada pero que es harina de otro costal). Me refiero, sin embargo, a que parece fácil de entender.

Ay amigos! Si lo ven tan fácil es que no han trabajado desde casa.

Apuesto a que muchos de mis seres más cercanos piensan que, una vez que cierro la puerta de la habitación con mi pc y montones de expedientes, los niños a buen recaudo (ya en su cole o en la habitación contigua) , comienza la juerga para esta servidora. No se si me imaginan más comprando como una loca por internet; cotilleando el facebook de las mamás del parque o, directamente, tumbándome en la cama con el despertador puesto a las 14.00 horas, y entregándome al sueño sin pudor (un escalofrío me corre por la espalda cada vez que pienso en sueño placentero e ininterrumpido… Me recuerda al anuncio del Magnum que utilizaba el esologan “placer adulto”: Tan sugerente; tan inaccesible…)

Puede parecer exagerado; o puede incluso que lo sea, pero no les miento en absoluto si les digo que a muchos de mis allegados la flexibilidad de trabajar en casa llega a significar que “ya, si eso, después de recoger la casa, salir a correos, hacer la compra y llamar al fontanero para que revise la caldera, te puedes tomar diez minutos para comprobar el correo.”

Dar seriedad al hecho de trabajar desde casa es difícil, dificilísimo. Tan difícil que a mi me ha costado años encontrar la fórmula para alcanzar la toma de conciencia, propia y colectiva. Aún más, tan difícil que ya he asumido como irremediable que en la conciencia de mi grupo, trabajar desde casa nunca será del todo trabajar.

No es ni el momento ni el lugar para discurrir sobre el origen de esta percepción en algunos sectores o muestra social, aunque está íntimamente unido a la forma en que, en gran medida, se contempla el trabajo en nuestro país. Tienes trabajo siempre que tengas hora de entrada y salida y un jefe que lo supervise.

Les voy a poner un ejemplo:

Conversación que podría ser con mi madre, mi marido o la vecina del segundo:

  • (cualquiera) Esta semana hay que...
  • (yo) Yo mañana no puedo…
  • (cualquiera) ¿Es que vas a Murcia?
  • (yo) No
  • (cualquiera) ….. Silencio solícito, gesto de duda, falta de entendimiento.
  • (yo)… Pero tengo que trabajar… Aquí.
  • (cualquiera) Ah. Aprobación formal. Puramente complaciente. El gesto dubitativo no se ha canteado.

Tanto es así la cosa que muchas veces, aun cuando no resulta estrictamente necesario, conduzco mis 160 Km para ir al despacho. Me resulta más fácil que andar convenciendo a todo el mundo de que tengo que trabajar de todos modos; y del mismo modo.. Sin perder un minuto.

Desde hace algún tiempo creo que lo he dominado, y aunque es, más que nada, cuestión de tiempo y sistema de prueba-error, hay algunas medidas que he venido adoptando que me han ayudado a elevar  la holgazanería de quedarse en casa frente al ordenador, a la categoría de trabajo.

En primer lugar, me pongo un horario. Es vital, absolutamente imprescindible si las horas de tu día (como me pasa a mi) están absolutamente ajustadas.

En segundo lugar me visto y arreglo como si fuera a trabajar fuera. Si le dices a tu madre que estás trabajando y te encuentra a las 12:00 horas de la mañana con la bata puesta y el moño despeinado, olvídate. Has perdido todo el crédito. No sólo no pensará que estás, efectivamente, trabajando, sino que probablemente considerará que eres vaga hasta para arreglarte.

No contesto el teléfono (para cuestiones personales que no parezcan importantes) y trato de olvidarme por completo del cesto de la ropa sucia, del montón de plancha y de las pelusas de debajo de las camas. Pongo el modo indiferencia hacia las faltas del hogar y me encierro en la habitación hasta que finaliza la jornada.

Para poder hacer un trabajo a distancia exitoso, es primordial tomárselo en serio. Si no se hace de este modo, les aseguro que he tenido ocasión de experimentarlo, resulta altamente frustrante y no funcionará.

 Y, con todo, Señores y Señoras que trabajan desde casa, no dejaremos de ser unos incomprendidos .

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