LA CANASTILLA DEL BEBÉ

Buenas tardes a todos/as:

Sigo embarazada. Noticia nefasta para mi ansiedad, y de regocijo para mi lista de “to does”.

Hace un par de semanas que, ante el marcaje de mi Señora madre, tengo preparada la bolsa del hospital con las cositas de Manuela.

Supongo que todo el que tenga la suerte de tener a su madre cerca, tiene la bolsa del hospital preparada con suficiente antelación… Si alguna de Ustedes peca de despistaílla, le cedo a mi madre unos días. Le garantizo que tendrá la colada hecha y las ropitas del bebé planchadas, antes de llegar a la semana 37.

He pensado que quizás a alguien pueda serle de utilidad ver lo que yo (con la inestimable e insistente ayuda de mi madre mutada en grillo pepito), he preparado para llevar al hospital.. Y si no es el caso… Si no les resulta útil en modo alguno, al menos pongo fotitos de la ropa pequeñita de Manuela, que es una auténtica monada..

1.- Evidentemente, la bolsa: Ésta es la misma que utilicé con Raúl. Es de Tuc Tuc y la compré en una tienda de Caravaca.

La verdad es que fue una  buena compra porque nos ha dado mucho juego para viajar mientras Raúl era más pequeño. Tiene muchos compartimentos diferentes para organizar las cosas del bebé  y, además, es de un tejido que se lava con mucha facilidad:

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2.- Pañales, toallitas y cremita del culete:

En algunos hospitales facilitan los pañales.

Las toallitas y la crema son las que finalmente he terminado utilizando para Raúl porque me han convencido más.

La cremita de Welda, de caléndula, me la regaló por primera vez mi socia y amiga Julia cuando nació Raúl. Simplemente me encantó. Cómo huele, su textura y, especialmente su eficacia. A Raúl apenas se le ha irritado la piel del culete usando esta crema y si alguna vez hemos usado otra que le ha provocado irritación, al volver a utilizar ésta, se ha calmado muy rápidamente. La venden en el Corte Inglés y en algunas farmacias o parafarmacias. Por supuesto en internet, siempre.

Las toallitas, junto a las de Suavinex, son mis favoritas también.

 3.- Bodies:

De bodies no he comprado ni uno!! Son todos de Raúl. Tengo muchísimos.

Todas las mamás sabrán que recién nacidos los niños hacen muchísima caca.. Raúl hacía prácticamente con cada toma y, por el tipo de caca que es, (líquida) casi siempre terminaba saliéndose del pañal y ensuciando toda la ropita. Como en casa no teníamos secadora y era pleno invierno, tuvimos que armarnos con un arsenal muy importante de esta prenda si no queríamos dejar al peque desnudo mientras se secaban las coladas.

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Éstos son todos de H&M. La verdad es que son mis favoritos. De algodón orgánico y con apertura lateral. Son muy cómodos y bonitos.

4.- Gorros y Manoplas:

Tenía un conjunto de gorro y manoplas muy bonito que la Tita Elena regaló a Raúl para cuando nació y que iba acompañado de un pijamita precioso. Todo de Tous.

Hace unos días mi hermana me regaló otro conjuntito en color rosa. Me los llevo los dos, así estrena modelito cada día.

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5.- Pijamas: 

Llevo cuatro pijamas.

Concédanme un segundo antes de llamarme exagerada.

Llevo dos pijamas de la talla 0 y dos de la talla 1. Con Raúl me llevé la mayoría de la talla 0 y no pude ponerle ninguno. Le quedaban muy pequeños y tuvimos que salir corriendo en búsqueda de pijamas más grandes. Así que esta vez, prevengo.

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El de rayas grises es uno de los que se quedó sin estrenar con Raúl.

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6.- Ropita:

Llevo también dos conjuntos para la salida del hospital. Uno un poco más pequeño y otro más grande.

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7.- Una mantita:

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8.- El chupete:

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Con Raúl seguí los consejos de la matrona que aconsejaba no utilizarlo hasta los 15 días de nacimiento del bebé para que no pudiera confundirle y entorpecer la lactancia. Al final Raúl no cogió el chupete hasta pasados muchos meses…

En esta ocasión tampoco quiero introducirle el chupete de forma rápida. Para favorecer la lactancia (experiencia que para mí ha sido altamente gratificante, como contaba aquí) prefiero ponerlo al pecho cada vez que necesite mamar (por la razón que sea..) y, ya, más adelante, intentaré introducirlo porque, ciertamente, con Raúl nos ha venido muy bien. No obstante, es uno de esos “por si acasos”.

8.- El regalo de la tata:

El regalo de la tata madrina es el llamado BRINGING HOME BABY BUNDLE de FRESHLY PICKED (marca americana de mocasines y zapatos).

Desde que lo descubrí en el blog de una chica que suelo leer y que, al parecer, había colaborado en su diseño, me dejó prendada. Es una preciosidad. Se trata de una canastilla que se compone de una bata para mamá; una gasa o sabanita fina para el bebé o lo que los angloparlantes llaman Swaddle y utilizan para liar a los recién nacidos de esa forma que parecen larvas (técnica que, por cierto, creo que funciona para darle bienestar y seguridad al bebé y evitar el llanto); un gorrito para el bebé, unos calcetines para mamá y unos mocasines que son realmente adorables.

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El mío es en color Blossom (cerezo), pero los hay también en gris y azul. Lo hubo también en amarillo, pero me temo que fue una edición especial y a fecha de hoy, está agotada.

No llevo nada de aseo como geles, champús y colonias.

El baño se lo hacen en el hospital con su propio utillaje y en cuanto a la colonia, tengo que reconocer que no soy muy partidaria de las colonias en los recién nacidos.

Tienen un olor fascinante; genuino y único y me parece una locura enmascararlo debajo de una colonia! Es como mezclar un buen Ribera con coca-cola, o no?

Por lo que a mi respecta, procuro no olvidarme de: Una bata, unas zapatillas de casa, la bolsa de aseo, una ropa para la salida del hospital; compresas maternales y discos de lactancia!

 

Creo que eso es todo…

 

 

 

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SÁBADOS Y ALUMBRAMIENTOS

No se pongan nerviosos que aún no he dado a luz, no… Tanto tiempo intuyendo que la pequeña se iba a adelantar  y, ahora, muy cerca de alcanzar la hora D, me paso el día esperando y la noche desesperando.

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Todo mi entorno ha perdido una porra sobre el día del alumbramiento, alentada por mi maternal convicción de que no llegaba ni a las 38 semanas. A excepción de mi hombre de los 70, al que le quedan apenas 7 horas para despedirse del mérito de descifrar la incógnita que tiene en vilo a propios y extraños.

Y no se si a Ustedes (madres que me lean) les sucede como a mí, pero cuánto más tiempo pasa, más visualizo y represento el momento del alumbramiento en mi cabeza. Tanto que en las últimas noches, me quita el sueño.

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Cierto que no será la primera vez… Pero, o bien tengo el recuerdo distorsionado del primero, o verdaderamente estaba más tranquila… Supongo que, al menos, sí que era mucho más ignorante. Estaba ilusionada por tener a mi hijo y no tenía ni papa de cómo era una contracción; ni una episiotomía; ni un desgarro; ni un postparto; ni las primeras etapas de la lactancia… Ni los jod.. entuertos.

He leído mucho sobre partos y he de decir que me causa bastante sorpresa comprobar como muchas mamás tienen un recuerdo tendencialmente negativo respecto de cómo transcurrió, o, al menos lo relatan con evidente tono de decepción.

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El parto de mi hijo Raúl fue, lo que se podría decir, intervenido (si es que yo he logrado entender bien lo que ese concepto significa); con su epidural; con su oxitocina, con su suero, con su antibiótico, con su episiotomía y desgarro incluidos… Y, aunque hubieron momentos realmente duros, guardo un buen recuerdo.

Con Raúl había estado manteniendo cierto descanso por amenaza de parto prematuro desde la semana 32.  Finalmente no llego hasta la 38+6.  Durante toda la semana antes de dar a luz, había estado sintiendo contracciones con cierta frecuencia y, durante determinados periodos, regulares y bastante continuadas.

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La mañana del día que ingresé (que fue el día 29 de Diciembre) comencé  a sentir contracciones cada 5 ó 6 minutos aproximadamente. No eran dolorosas pero sí las sentía con intensidad. Como era primeriza y los resultados del estreptococo habían sido positivos (de manera que mi absoluta fijación era llegar pronto al hospital para que pudieran administrarme el antibiótico suficiente), allí que me planté. En monitores comprobaron que, ciertamente, tenía contracciones bastante frecuentes pero no tenía nada de dilatación, así que el ginecólogo, después de asegurarse de que vivía a menos de 10 minutos del hospital, me recomendó irme a casa y volver cuando los intervalos entre las contracciones se redujeran un poco, o fueran aquéllas más dolorosas.

Me fui a casa y, en apenas dos horas, noté que había fisurado la bolsa. No “rompí aguas”, sino que iba notando pequeños escapes involuntarios de líquido amniótico con cada movimiento que hacía. Comprobé que el líquido que salía estaba transparente y me lo tomé con calma.

Al llegar al hospital corroboraron que, efectivamente, se había roto la bolsa y me ingresaron a la espera de que comenzara el parto. El ginecólogo estaba seguro de que me pondría de parto por la continuidad de las contracciones. Me pusieron el antibiótico y, no obstante, me programaron lo programaron para las 8.00 horas de la mañana siguiente, ante el improbable y finalmente acontecido hecho, de que no se desencadenara espontáneamente.

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Y no se desencadenó… De manera que a la mañana siguiente, tras una noche entera de paseos junto a mi hermana por los pasillos del hospital, emocionada, nerviosa y, desde el prisma de mi inminente alumbramiento, asombrosamente poco asustada, me metieron a la sala de dilatación, abrieron el grifo de la oxitocina y comenzó la fiesta.

Las contracciones dolorosas no se hicieron mucho de rogar…  Estaba monitorizada, con la vía de la oxitocina, el suero y el antibiótico, pero le pedí a una matrona que era un ángel del cielo, si podía moverme y no encontró ningún problema.. De hecho, la pobre se pasaba el rato acudiendo a mis aposentos a recolocar los sensores del monitor porque de tanto moverme perdían la señal. De hecho, finalmente puse el huevo en la pelota de pilates que me aliviaba bastante el dolor y allí me mantuve mientras mi querido esposo capturaba imágenes terroríficas sobre mi cara sufriente en el momento álgido de la contracción.

Acudieron un par de veces a hacerme los benditos tactos (qué cosa más maravillosa, verdad?…) y, al segundo me dijeron que podían ponerme la epidural, aunque decidí esperar un poco porque hasta ese momento, gracias a los intervalos entre contracción y contracción que eran paseos por las nubes, podía soportar el dolor. Un par de horas más tarde, cuando volvió a pasar la matrona y me propuso la epidural, pedí que me la pusieran porque la cosa pintaba lenta y el dolor se hacía ya bastante difícilmente soportable. Eran ya aproximadamente las 15:00 horas.

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He de decir que lo que hasta ese momento había estado siendo una experiencia dolorosa pero no desagradable, se convirtió en una sensación desagradable aunque menos dolorosa.

 No sé si me pusieron demasiada epidural o si, simplemente, me resultaron especialmente incómodos sus efectos secundarios. Creo que las dos cosas. Comencé a marearme, a tener mucha angustia y dejé de sentir POR COMPLETO la mitad inferior de mi cuerpo. Tenía que mantenerme con los ojos cerrados, entre la vigilia y el sueño para no encontrarme enferma.

Tanto fue así, que le pedí a la matrona que me bajaran la epidural. Lo hizo, y encontré cierto alivio.

Al cabo de un rato, empecé a notar una presión/quemezón/dolor en la parte baja de la vagina y pensé que quizás se habían pasado bajando la anestesia… Pero la matrona entró y me confirmó que era el bebé, que estaba bajando por el canal de parto… Volvió a hacer uno de esos tactos maravillosos y me dijo que había tocado el pelo de Raúl..

En poco menos de media hora me encontraba en el paritorio…. Sinceramente, éste fue el momento más duro y agónico.

Cómo finalizó la historia, ya lo saben quiénes acostumbran a leerme.. Para saber cómo continúa, tendrán que esperar un poco. Lo desvelaré en el siguiente post; para el cual espero tener una nueva historia de alumbramientos para contar!!

PD.- Las fotos son de esta mañana de Sábado preciosa, en la que he disfrutado de un precioso paseo, aún embarazada!

EMBARAZO: TERCER TRIMESTRE (FINAL COUNTDOWN)

Buenas (por decir algo) tardes a todos y a todas. Sigo embarazada, aunque no sé por cuánto tiempo. Espero que no por mucho por la salud mental de mi esposo, que anda el pobre absolutamente esforzado en comprender los vaivenes de mi estado de ánimo.

El tercer trimestre del embarazo se comporta como un amante canalla. Es lo excitante y lo tedioso al mismo tiempo. A la par, lo emocionante y lo desesperante; lo asombroso y lo incómodo… Así que, siguiendo la inercia de esta oscilante dicotomía, paso a detenerme un poco en los aspectos más relevantes de mi tránsito por esta recta final:

1.- Por lo que a aspecto físico se refiere:

¿Qué quieren que les diga? Me encuentro horrible.  Mucha gente dice que las embarazadas estamos preciosas. De hecho, mucha gente que me encuentro por la calle me dice que estoy preciosa; que estoy muy guapa.

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Sinceramente, concluiría que es amabilidad compasiva que esconde un verdadero: “Dios mío, pareces una vacaburra, pero tranquila, estás embarazada y aún podrías lucir peor…”, si no fuera porque yo misma, cuando veo a otras embarazadas (a algunas, todo sea dicho – también en la preñez la mona que se viste de seda, mona se queda-) me parece que están muy guapas.

Durante estas últimas semanas la sensación de ser poseída por un cuerpo extraño pasa a ser total: He engordado 13 kilacos; tengo los labios cortados y morcillones; me sale papada en las fotos; no me reconozco los pies (cuando alcanzo a vérmelos) y no me caben los anillos en los dedos de las manos, aunque, eso sí, tengo los pechos para protagonizar una película de la época del destape (esta es la parte que más le gusta a mi marido).

La barriga se me ha llenado de pelo y, tras un año escaso de separación, vuelve a ser ornamentada con la línea alba, mientras adquiere formas imposibles a los designios de una pequeña criatura que se mueve como algunos animalejos de documental de la 2.

En definitiva, me parece que no me parezco mucho a mí.

2.- En cuanto al estado físico:

¿Qué les voy a contar sobre agilidad, habilidades o bienestar físico?

Pues que no puedo quitarme las botas altas sin ayuda, que me cuesta trabajo cortarme las uñas de los pies y que temo el momento de caer al suelo sin puntos de apoyo cercanos para levantarme.

Mi velocidad de crucero ha disminuido en torno al 30% cuando camino, y si me paso comiendo, el diafragma queda tan absolutamente lapidado por el resto de órganos dominantes, que no puedo apenas meterme aire en los pulmones.

Ando con las piernas separadas y cuando me siento, tengo que dejar hueco a la barriga entre pierna y pierna…

Muy sexy todo, verdad??

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Estoy acusando la acidez en este embarazo, pero tengo que reconocer que mucho menos que con Raúl. con él era algo absolutamente insoportable que me obligaba  a dormir prácticamente sentada y me trae a la memoria largos paseos por el pasillo, durante las madrugadas.

Cierto es que ahora trato de no cenar mucho y también duermo con una almohada extra.

Un síntoma físico que me tiene desconcertada y que yo he atribuido al embarazo sin solicitar opinión experta, es un verdadero dolor-picor en la planta del pie. Concretamente en la parte superior de la planta. Cuando camino bastante, se desencadena como un picor incómodo que se transmite hasta los dedos y termina en dolor… A veces incluso se me duerme parte de la pierna… He pensado que puede ser por el peso que soporta, o porque el tetris muscular a que obligan las dimensiones de mi útero tiene por ahí pinzado “algo”. Si alguna de Ustedes ha tenido un síntoma similar, me harán muy feliz de saber que no soy la única.

También he tenido calambres en las plantas de los pies, igual que con Rául (sobre todo al levantarme por las mañanas); aunque he depurado mi técnica para evitarlos y he conseguido librarme de varias amenazas. Cuando los veo venir, alzo el pie haciendo el giro del tobillo hacia  arriba y ligeramente hacia el exterior. Mano de Santo.

Tengo anemia; al igual que me pasó con Raúl. Parece que un poco más, incluso. Me han prescrito tomar hierro. De hecho, me han aumentado la dosis, noticia nefasta teniendo en cuenta que el hierro me sienta como repetidas patadas en los testículos, si los tuviera.

Mi frigorífico está repleto de Kiwis y mis armarios de cereales Special K, por aquéllo del tránsito.

No consigo regular mi temperatura corporal y mi espalda se hace dolorosamente presente a todas horas del día…. Y de las noches; las cuales me paso cambiando de un costado a otro en movimientos de brusquedad tal, que ni la escena más lujuriosa…

3.- Sobre el estado emocional:

Podría dejar que este particular lo analizase mi querido esposo; pero prefiero armarme de condescendencia y hacerlo yo, o terminaría volviendo a espetarle en la cara que “los toros se ven estupendamente desde la barrera” o, aùn peor, comprando en la teletienda ese aparato que da descargas y simula el dolor de las contracciones.

Me encuentro confusa. Ésto también me sucedía con Raúl. A ratos feliz, a ratos triste, a ratos estresada, a ratos rebosante. Desde luego , ansiosa. Por las noches me entra temblor de piernas. Estoy en guardia permanente. Demasiado atenta.

Reconozco que ando bastante preocupada ante la incertidumbre de cómo ordenaremos nuestras rutinas tras el alumbramiento; alinizaje, como dice mi cuañado. Aunque parezca mentira, últimamente me he aficionado de forma casi enfermiza a la organización y gestión del tiempo. A la vista de cómo se las gasta el Leñador, hemos conseguido adaptar un orden relativo de vida… Pero esto de no saber cómo le lucirá el pelo a la pequeña, me tiene desconcertada.

Me desvelo algunas noches y termino a las 4 de la mañana en el sofá; leyendo, mirando pinterest o haciendo la lista de artículos que voy a comprar en aplicaciones de inditex cuando consiga verme mínimamente deseable.

4.- Gestión del tiempo. Atención al embarazo:

En este embarazo he trabajado sustancialmente más que con el de Raúl.  Además de los factores puramente externos que han determinado este hecho, he ganado confianza y he perdido miedo. A decir verdad, estoy trabajando un poco más de lo que me hubiera gustado. Tanto que, haciendo gala de la condescendencia que me he propuesto, digamos que he sido un poco flexible con las citas médicas, la toma de los medicamentos prescritos y, en general, los cuidados médicos debidos… No me siento en absoluto orgullosa de esta laxitud; pero bastantes castigos emocionales me ha costado ya como para entonar nuevos mea culpas…

Tengo la sensación justificada de que no he tenido mucho tiempo para centrarme en la pequeña; para soñarla y representarme achuchándola. Tampoco he tenido mucho tiempo para exprimir con el Leñador. Para dedicarle los últimos días de atención exclusiva… Ni qué decir tiene que no he tenido nada de tiempo para centrarme en mí.

5.- Lo que me quita el sueño (YA). Adaptación del Leñador:

Este aspecto también me tiene ocupada. Hasta ahora Raúl ha dado algunas “sutiles” muestras de rechazo a la nueva situación, indicándonos, por ejemplo, que no teníamos que comprarle ropa a la pequeña porque: “iría desnuda” o que tampoco teníamos que habilitar la cuna porque: “dormiría en la calle”.

La verdad es que este renacuajo ha tenido el título de único y exclusivo desde su nacimiento para padres, tíos y abuelos y también es cierto que no anda corto en entendimiento de la vida adulta, por lo que entiendo que es demasiado consciente de que se verá irremediablemente avocado a compartir; y ésto, Señores y Señoras, lo miren por donde lo miren, es duro.

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En cualquier caso, soy totalmente consciente de que a la larga tener una hermana le va a reportar cosas maravillosas, así que encuentro mi consuelo.

Parece que me ha quedado todo un poco “cenizo”; pero la otra cara de la moneda se resume en que estoy emocionada.

Me parece increíble que vayamos a ser cuatro. Que vaya a reproducir de nuevo las tardes envuelta en olor de bebé; en su suavidad, en su calor. Pensar que hemos creado de nuevo, otra maravilla de la naturaleza; pasar horas observando sus dedos, su nariz, sus labios, y regocijarme en el momento en que se calma al agarrarse a mi pecho….

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Me fascina la idea de que vaya a haber otra persona que robe nuestro corazón de la misma forma que lo ha hecho Raúl. Tanto amor, tanto amor, me apasiona sólo imaginar cómo podré querer tanto, tanto otra vez, tanto más…

No me resisto a verle los muslitos al cambiarle el pañal, los mofletes al esbozar sus primeras sonrisas; su mirada clavada en mis ojos; sabiendo que son sus primeras miradas, las más atentas, las más dulces, en las que sólo me ve a mí, y me reconoce.

Me tiene fascinada el hecho de volver a vivir con Manuela las primeras veces: Primeros grajeos, primeros pasos, primeros dientes, primeras comidas…

No veo el momento de cargarla entre los brazos y enseñarle el mundo.

Me parece alucinante que vayamos a arbitrar una relación de hermanos; a ser observadores del crecimiento común… Que vayamos a divertirnos el doble cuando estemos juntos… Viéndolos crecer, jugar, experimentar; asombrarse…

Emocionada y agradecida. Esto es más de lo que jamás hubiera podido soñar.