Weekend, weekend!!

Algo está aprendiendo muy bien el Leñador. Una cosa sí le estamos transmitiendo de forma clara y eficiente… Y esa cosa no es otra que la devoción por el tiempo libre; por el leisure time que dirían los ingleses.

Tanto es así que el muy gañán sale de la guarde los viernes luciendo la sonrisa de regocijo de quien se siente, siquiera de forma provisional, lejos del peligro, y, una vez que alcanza una razonable distancia de seguridad, alza el puño y, a modo de consigna, grita: WEEKEND, WEEKEND!

Pronto empieza… (Dios, permítenos pasar de la niñez a la madurez sin atravesar la adolescencia).

Y no podía ser de otra forma. El de los 70´y yo no podemos contener la emoción de sabernos en Viernes. Y si se nos presenta uno de esos fines de semana en que ni el uno tiene bodas que amenizar o conciertos que representar; y la otra no tiene plazos que finalizar o señalamientos que preparar, entonces tocamos el cielo con la punta de los dedos.

El Leñador nos miraba asombrado trasmutar de la histeria y la desidia al gozo y al alborozo, hasta que dejó de ser espectador y decidió unirse al a la fiesta.

Los Weekends, Weekends en la familia “patare” podrían clasificarse en dos tipologías antagónicas entre sí pero igualmente satisfactorias: Por un lado los fines de semana de puro relax; que se componen de arroces y asados de las abuelas, siestas a tutti pleni, alguna cerveza con calamares y dos o tres películas del videoclub, y, por otro, los fines de semana de mochila al hombro; con sus viajes, sus siestas en el carricoche y sus tres o cuatro mudas de ropa diarias.

No sabría decir cuáles son mis favoritos ni pueden existir los unos sin los otros. Se necesitan, se complementan y se compensan.

El pasado fin de semana empezó el Viernes por la tarde. El de los 70´y yo teníamos bodorrio de unos amigos y aprovechábamos que era en Murcia para quedarnos hasta el Domingo y castigar así nuestros cuerpos devastados por una semana poco amable, con noches cortas y días eternos.

La sobremesa se me convirtió en una carrera contrarreloj para preparar maletas (un día escribiré sobre cómo preparo la maleta del Leñador. Es una ruleta rusa; si te olvidas de piezas imprescindibles, dígase chupete… PUM… Estás muerta); decidir (sí, siempre a última hora) qué iba a ponerme (ardua tarea con la barriga que luzco), dejar que el Leñador me manosee los pechos durante al menos diez minutos después de despertarse de la siesta hasta que vuelve a ser persona, darle la merienda, cambiar pañales (fueron tres), vestirme, maquillarme y conseguir en casa un orden relativo que evitase que el Domingo, cuando llegásemos con la única idea en mente de coger la cama, pareciera ésta un campo de minas.

A las siete cuando llegó el de los 70´, aunque bien hubiera pagado 200 Euros por que me llevaran a la cama, estábamos listos los dos. Lo habíamos conseguido.

El Viernes por la noche mi hermana blogger y mi cuñado accedieron a quedarse con el peque después de que no les hubiéramos dejado otra opción. Me consta, sin embargo, que ambos son felices con estas experiencias de paternidad ocasionales, breves e indoloras.

El de los 70´y yo, como si nos metiéramos en un túnel del tiempo, nos fuimos SOLOS a disfrutar de  buena compañía, buena comida y música en directo. Como diría un clásico (Cristiano Ronaldo): “staba felizs”.

La boda fue estupenda y cuando nos dirigíamos a las 4 de la mañana al lugar donde nos alojábamos, flotábamos sobre la paz de la conciencia de que no iba a estar el Leñador para despertarnos a media noche pidiendo agua, la mano de mamá o cualquier otra de sus extravagancias.

Maldito reloj biológico o como quieran llamarlo, que nos sacó de la cama antes de las 9.30 de la mañana. Y ya que estábamos, desayunábamos fuera y nos íbamos a ver a Raúl. El muy canalla sabe hacerse de añorar.

Desde ese momento hasta las 22:00 de la noche del Sábado, en que nos recogimos para acampar en “casa Moka”, el día transcurrió entre carreras, columpios, limones convertidos en pelotas, dos cambios de ropa para el Leñaodor y uno para una servidora (cuya barriga es blanco de cada alimento sólido o líquido que ingiero), risas, ideas chorras auspiciadas por mentes colapsadas y cuerpos arranados y excesos gastronómicos.

La guinda, como de costumbre, la colocó el de los 70´ en el pastel. Durante una hora lo esperamos, empeñado que estaba el pobre en coger un autobús para solucionar una incidencia, y, cuando, a la hora, llegó, ni había solucionado la incidencia ni había satisfecho su deseo de pasear en el transporte público. 45 minutos había estado esperando el infeliz y ni rastro del Rayo 14´, que al parecer andaba protestando por no se qué recorte salarial. No te preocupes, cielo, otra vez será. Cogeremos un autobús y de los más grandes.

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Primera parada del Sábado en el parque.

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La Plaza del Cardenal Belluga, que es uno de mis sitios favoritos de Murcia, y en la que mi hijo se desquitó de la frustración de vivir en un piso de 50 metros cuadrados. Bendita amplitud de espacio!!

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Haciendo amigos:

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Y trastadas con los amigos. El lenguaje de la travesura, es universal!

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Y chismes de hermanas… Que me hacen sentir de vuelta a la habitación que compartíamos en casa de nuestros padres; a cuando siempre tenía que esperar a que  se durmiera para apagar la luz.

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Ésto es lo que sucede cuando una pretende tomar una foto de familia interrumpiendo el momento de juego del Leñador. Eso es Sagrado. No hay nada más importante en el mundo  que correr y revolcarse por el suelo.

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Como él mismo diría: ze va… Y esta cara se nos queda.

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El Domingo por la mañana, con motivo del 100 aniversario de la Universidad de Murcia,se organizaba un paseo en bici por la ciudad en el que con gran entusiasmo participaron mis dos hombres.

Ver la cara de puro disfrute de mi hijo era morir de amor:

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Bueno, la del padre no se queda atrás, como fácilmente pueden comprobar.

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Tan bien se lo pasaba, que al llegar a la Meta nos brindó un baile de agradecimiento de lo más pintado:

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 IMG_7421IMG_7418Ésto se acerca bastante a un moonwalker en toda regla.

Terminamos como lo empezamos: En buena compañía.

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A noche de Miércoles, se me revela que hay opción a la esperanza.

En cualquier caso, mi marido suele decir (y es una de sus sencillas reflexiones que me sorprende y me cautiva) que estas vivencias resultan nefastas para el cuerpo pero altamente gratificantes para la cabeza.

Estoy de acuerdo.. Un poco más agotada, pero de acuerdo.

PD.- Las fotos con mejor resolución (fácilmente identificables, son por obra y gracia de mi hermana la Blogger.

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