We are ugly, but we have the music

Buenos días:

Esta es la primera entrada que escribo de una nueva categoría que destinaré a “Breves reflexiones momentáneas de andar por casa”.

Acostumbraba a utilizar un cuaderno en el que, de tanto en tanto, anotaba alguna idea que me rondaba la cabeza o trataba de definir las reacciones físicas, químicas y espirituales que me inspiraban estímulos externos de cualquier naturaleza.

Siempre he mantenido la convicción de que, en mi caso particular y por lo que a enamoramiento se refiere, la verdad de la buena es que no me importa el aspecto físico… O mejor dicho, no juega un papel importante en la activación de mi resorte afectivo-sexual, la adecuación del objeto de mi deseo a los cánones estéticos imperantes.

Juzguen Ustedes mismos:

Quizás pronto escriba por qué razón debería haber nacido en Francia… (Al hilo de la lengua de esta canción; Brel, como saben, era Belga).

En cualquier caso, ese resorte del que hablaba lo dispara Jacques Brel cuando escucho esta canción y, al verlo interpretarla, ya ni encuentro camino de vuelta.

No miento si digo que percibo el corazón contraerse con alguno de los versos; como por ejemplo “cavaré la tierra hasta después de muerto para cubrir tu cuerpo de oro y de luz…” o “Te hablaré de esos amantes que vieron por dos veces sus corazones arder”.

Un amigo me dijo una vez que me seduce el sufrimiento ajeno; el dolor… Quizás, en algún sentido; aunque diría más bien que en un hombre, me seduce su vulnerabilidad al amor; su capacidad de sufrir por amor.

!Vamos, que para mí no hay nada más sexy que un hombre que se lame las heridas de un desengaño! No se cómo interpretar eso… No parece una buena noticia, no?

Ya les había avisado de lo del romanticismo trasnochado y la tendencia “cortavenas”

Algo parecido me pasa con el Excelentísimo Sr. Cohen.

La profundidad de su perspectiva me cautiva. Me rindo a las asperezas de su historia.

Sospecho que no soy la única mujer del mundo con esta “tara”; así que: Hombres sobre la faz de la tierra, ya saben lo que tienen que hacer para “pillar cacho”; cuenten sus penas de amor… O mejor: CÁNTENLAS, aunque sea en palabras de Cohen.

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